Dólmenes de Las Loras

En los páramos que presiden las zonas altas de Las Loras se localiza uno de los mayores conjuntos dolménicos de Europa. Sus inicios datan de hace unos 6400 años (4400 aC), durante el Neolítico, y los arqueólogos confirman una utilización posterior de más de dos mil años, hasta el 2000 aC.

Los dólmenes son tumbas colectivas. El conjunto no solo lo compone la conocida cámara hecha de grandes bloques de piedra sino que a menudo el dolmen aparece rodeado y cubierto por un montón de tierra o piedras, formando una colina artificial denominada túmulo. En otros casos, el dolmen presenta un pasillo o corredor que lo conecta con el exterior y que es por donde desfilaba el cortejo funerario. Este tipo de monumentos megalíticos se distribuyen ampliamente a lo largo de la fachada atlántica de Europa, desde Escandinavia hasta Marruecos y algunas partes del Mediterraneo.

En Las Loras contamos con algunos de los mejores ejemplos de tumbas de corredor de todo el Norte Ibérico. Al contrario que en otros lugares de Europa, en nuestra zona todos los sepulcros de corredor tienen la entrada orientada hacia el amanecer del SOLSTICIO DE INVIERNO (alrededor de 122º), resaltando la importancia que para estas sociedades antiguas tenía tanto la muerte como esta fecha tan simbólica. Solo durante el solsticio de invierno y sus días inmediatos, el sol conseguía entrar por el corredor e iluminar la cámara del fondo, que el resto del año permanecía oscura.

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Foto de PXAlex con un gráfico superpuesto de la orientación de los sepulcros de corredor encontrados en la provincia de Burgos, según Gil Merino et al. (2009).

En el siguiente vídeo se puede ver cual sería ese increíble efecto: https://www.youtube.com/watch?v=xL8PrrWHXGU

DOLMEN DE LAS ARNILLAS, MORADILLO DE SEDANO

El dolmen de Las Arnillas se sitúa en el borde del páramo, dominando visualmente una amplia zona de los alrededores. Mide más de 25 metros de diámetro y fue construido hacia el 3500 aC y abandonado como sepulcro en torno al 2500 aC. En el interior de la cámara sepulcral se han hallado los restos de unos 50 individuos. En el corredor se encontró otra zona no expoliada con 13 cráneos que sugieren la idea de un culto al cráneo. Cinco de estos cráneos muestran signos de trepanaciones aunque en ningún caso se evidencian alteraciones patológicas que pudieran justificar una intervención quirúrgica. Todos sobrevivieron a la cirugía. Esto ha llevado a pensar que quizás se realizara con una finalidad mágico-religiosa (Campillo, 1983; García Ruiz, 1993).

El ajuar que presentan es en general bastante pobre. En los enterramientos más antiguos, triángulos y trapecios de sílex, más o menos microlíticos, a más de espátulas de hueso tipo San Martín-El Miradero; en los más modernos, puntas de flecha romboidales o pedunculadas con retoque plano; en la generalidad, láminas-cuchillo, hachas pulimentadas y una pléyade de cuentas de collar. Sólo en casos contados, vasijas cerámicas (Delibes y Rojo, 1992).

Sólo una parte de los miembros del grupo tuvieron derecho a enterrarse en este tipo de monumentos funerarios. Se excluyó de él de forma bastante sistemática a los niños (tal vez no merecían tales honores hasta alcanzar cierta edad) y la representación de las mujeres en la tumba es dos tercios inferior a la de los varones (Delibes, 1995).

El territorio económico por excelencia del hombre neolítico de esta zona no parece haber sido los fondos de los valles sino esa paramera adusta y pobre, ya por entonces (¿de resultas de la propia actividad humana?) despojada básicamente de una cobertera arbórea importante (Muñoz Sobrino et alii, 1996), en la que, no obstante, todavía encuentran hoy alimento suficiente los rebaños de ovicaprinos.

 

DOLMEN DE LA CABAÑA, SARGENTES DE LA LORA.

El dolmen de La Cabaña está situado en el municipio de Sargentes de Lora y en el solsticio de invierno del 2018 el Ayuntamiento ha organizado una visita guiada para ver el efecto que producen los primeros rayos del sol entrando por su corredor.

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Solsticio de invierno 2018 en el dolmen de La Cabaña, Sargentes. Fotos de Elisa Rivero.

 

ESTRUCTURA DE LOS DOLMENES DE LAS LORAS

Recientemente (Gil-Merino, Moreno, Delibes y Villalobos, 2018) se ha publicado un trabajo titulado “Luz para ver y ser vista: los efectos de la iluminación solar durante el solsticio de invierno en los dólmenes de corredor de la provincia de Burgos“, que profundiza en el significado y circunstancias culturales en las que se construyeron los sepulcros de corredor neolíticos de esta zona, combinando características astronómicas, topográficas y orográficas del terreno circundante.

Se describe el trabajo de campo realizado para observar sobre el terreno los efectos de la luz del sol naciente en varios de tales dólmenes, demostrando que las orientaciones fueron minuciosamente calculadas para propiciar que, unos pocos días en torno al comienzo del invierno, los rayos solares se adentraran por el pasillo e iluminaran el interior de los sepulcros y manifestaciones artísticas asociadas situadas en la cámara sepulcral.

 

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Modelo de dolmen de corredor orientado al orto solar del solsticio de invierno. La trayectoria del sol (círculos negros) permite comprobar cómo éste únicamente alcanzaría a iluminar el interior de la cámara al amanecer. Texto e imagen de Gil-Merino, Moreno, Delibes y Villalobos (2018).

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Plantas de los sepulcros de corredor de Las Loras. Existe una casi total coincidencia entre sus ejes de simetría (línea gris) y la proyección del sol naciente en el solsticio invernal (línea roja). Texto e imagen de Gil-Merino, Moreno, Delibes y Villalobos (2018).

 

Aunque solemos pensar que los sepulcros de corredor como este tenían todos una cámara sepulcral cubierta de grandes lajas de piedra y tierra por encima, existen numerosas variantes por toda la Europa Atlántica, incluyendo tipologías sin techo.

Parece ser que los de Las Loras, o bien tuvieron el techo de madera o bien nunca llegaron a tener la cámara cubierta, como se han documentado también en Bretaña, Escocia o Dinamarca. La Cabaña es uno de los mejor conservados de entre los más de 30 dólmenes que se hallan en la zona.

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Vídeo completo en: https://m.youtube.com/watch?v=KjJepJx6Dl8

Reconstrucción virtual en 3D del conjunto dolménico de Cubillejo de Lara a cargo de Ledo (2016).

Este dolmen tiene una estructura similar a la de los dómenes de Las Loras: Corredor parcialmente techado y cámara cubierta por una estructura vegetal.

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La foto a) corresponde al estado de conservación actual; la foto b) a su reconstrucción virtual: túmulo realizado de acuerdo a Osaba et al. (1971) y la cubierta cameral de entramado vegetal, está basada en Arias (1989), comúnmente aceptada hoy día para este tipo de estructuras.

La trepanación craneal entre pobladores neolíticos de laLora Burgalesa

 

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Celtas, celtíberos y celto-atlánticos

“La Península Ibérica es uno de los territorios célticos por excelencia, lo que confirma la información proporcionada por las fuentes literarias, con noticias sobre pueblos, como los celtíberos o los célticos, cuyos nombres no dejan lugar a dudas respecto a tal filiación, o los abundantes documentos epigráficos que ponen de manifiesto la existencia de, al menos, una lengua céltica en el territorio peninsular, el celtibérico, cuyos testimonios se concentran hacia la Meseta Oriental y el Valle Alto y Medio del Ebro, esto es, la Celtiberia y los territorios adyacentes. En este panorama, las tierras del occidente peninsular tienen un gran interés, pues no en vano las primeras referencias a los celtas —keltoi— aparecen en la obra de Herodoto, en el siglo V a.C., refiriéndose a los habitantes de las zonas más occidentales de Europa, incluyendo las tierras del suroeste de Iberia. A partir de ese momento, la presencia de pueblos de filiación céltica en el occidente de la Península Ibérica está suficientemente probada, a partir de la información proporcionada por las fuentes literarias, los documentos epigráficos en lenguas indígenas, la onomástica de diverso tipo y la Arqueología. El análisis conjunto de tales evidencias, muchas de ellas tardías, al estar referidas a los dos siglos anteriores al cambio de era, cuando no incluso a la etapa inmediatamente posterior, permiten vislumbrar un panorama enormemente complejo, en el que no siempre resulta fácil integrar tan variados elementos.” (Lorrio, 2011).

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“En el extenso territorio del occidente atlántico ibérico que se extiende entre el Tajo y el Mar Cantábrico encontramos posturas académicas encontradas, sobre todo por lo que respecta al ámbito galaico. En esta zona la investigación se plantea, básicamente, desde dos posiciones radicales, que por lo común no aceptan un debate crítico (véase, Ruiz Zapatero, 2005). Por un lado, la que sólo quiere hablar de datos arqueológicos galaicos —que en general no permiten detectar la presencia de celtas en la zona—, sin aceptar una contrastación con los datos de las fuentes clásicas, los paleolingüísticos, los religiosos y los ideológicos. Por el otro, la que construye un discurso a partir de las referencias clásicas, los datos lingüísticos, ideológicos, religiosos y aún etnográficos, que permiten identificar una fuerte presencia céltica en el Noroeste, aunque en muchos casos forman una amalgama no siempre bien estructurada, sobre todo por lo que se refiere a la interpretación de la información arqueológica, lo que dificulta el sostenimiento de un discurso histórico coherente que integre todo este tipo de evidencias; la situación sólo ayuda a situar la cuestión de la celtización del Noroeste fuera del tablero de la investigación académica, y lo que todavía resulta peor, lo deja abierto a la manipulación en manos de pseudoinvestigadores y celtómanos.” (Lorrio, 2011)

“Una premisa previa es la necesaria separación entre el desarrollo de la cultura arqueológica de La Tène y las lenguas célticas, señalada por Kristiansen (2001). En opinión de este autor (ver también James 2005), las lenguas celtas habrían aparecido con anterioridad a la cultura de La Tène, sobreviviéndola. Estaríamos, por tanto, ante dos procesos que se desarrollaron en dos áreas distintas de Europa y en dos momentos diferentes: frente al origen centroeuropeo de la cultura material tradicionalmente considerada como celta, las lenguas pertenecientes al grupo céltico se habrían originado en el sector atlántico y occidental de Europa, quizás durante el llamado Bronce Atlántico. El desarrollo de estas lenguas, como opina Cunliffe (2001, 1997), pudo haber sido paralelo al de los contactos atlánticos hasta el momento en que las lenguas célticas alcanzaron su forma distintiva en el Bronce Final, período de mayor intensidad de dichos contactos, constituyendo, así, uno de los elementos característicos del celtismo atlántico defendido por Cunliffe. Con el paso del tiempo, estos dos aspectos de lo que tradicionalmente se interpretó como la cultura celta, la lengua y la cultura material, se habrían difundido desde sus núcleos originales siguiendo una ruta inversa: la lengua de O a E y la cultura material de E a O, hasta abarcar todo el territorio centroeuropeo que tradicionalmente se ha interpretado como la cuna de los pueblos celtas.” (González y Parcero, 2007).

Mapas adaptados del (A) modelo clásico de celtización/celiberización en “mosaico” de la Península Ibérica desde el área nuclear celtibérica (Almagro-Gorbea) y (B) modelo celta lingüístico (González y Parcero, 2007).

 

BIBLIOGRAFIA
Lorrio, A.J. (2011). Los celtas en el occidente de Iberia, en Ruiz Zapatero, G. y Álvarez Sanchís, J. (eds.): Castros y Verracos. Las Gentes de la Edad del Hierro en el Occidente de Iberia, Avila, 45-101.
González, F.J.; Parcero, C. (2007): Bases para el estudio de la etnogénesis galaica. Pasado y presente de los estudios celtas, Ortigueira: 535-562.

 

 

Origen bereber de los pasiegos

Los Pasiegos constituyen uno de los grupos humanos más aislados y peculiares que existen en la Península Ibérica.

A sus peculiaridades culturales, reconocidas desde hace siglos, se le ha sumado en los últimos años algunos estudios científicos sobre genética de poblaciones que están mostrando que también conservan claras y distintivas peculiaridades genéticas.

 

¿LOS PASIEGOS TIENEN SANGRE BEREBER?

Sí, los datos que se derivan de los últimos estudios sobre genética de poblaciones así lo confirman. Uno de los rasgos más llamativos de los pasiegos es la alta presencia del haplogrupo E1b1b1b (E-M81). Este marcador genético, originado en el Magreb y en tiempos relativamente recientes (200 aC; Solé-Morata, 2017), se transmite solo de padres a hijos varones y presenta sus más altas frecuencias planetarias entre la población rural y montañosa del Norte de África (Marruecos 67,4%) conocida como bereberes (imazighen en su lengua). Entre los pasiegos varones, el porcentaje de aparición de genes norteafricanos es del 24%, el más alto de Europa. Mayor que el del resto de Cantabria (17%) y significativamente mayor que el de sus vecinos asturianos y vascos (2% en cada caso) (Maca-Meyer et al., 2003).

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La pregunta que cabe hacerse ante estos datos es

 

¿CUÁNDO LLEGARON LOS BEREBERES A CANTABRIA EN GENERAL Y A LA PASIEGUERÍA EN PARTICULAR?

Sobre este tema existió hasta hace poco años un cierto debate polarizado entre los que pensaban que se produjo en tiempos medievales (Bosch et al. 2001, Pereira et al., 2000) y aquellos que pensaban que procedía de tiempos prehistóricos (Gómez Casado et al., 2000, González et al., 2003). El trabajo de Maca-Meyer se inclinaba por la segunda hipótesis dado que 1) el marcador E-M81 se encuentra también extendido en el resto de Cantabria y 2) no aparecen otros marcadores de Oriente Medio en la muestra pasiega (al contrario que en la norteafricana actual). Sin embargo, cabria contraargumentar que estos datos tal vez se deban a mezclas poblacionales posteriores. Además, estudios más recientes (Adams et al., 2008; Bycroft et al., 2018) apuntan a que la influencia genética norteafricana en la península entró en España de la mano de la invasión musulmana del 711. Y, como acabamos de comentar, el reciente trabajo de Solé-Morata (2017) ha datado esta mutación genética en tiempos históricos y en el Magreb. Así que según pasa el tiempo va quedando cada vez más claro que todo lo que tenemos los habitantes del noroeste de España de “sangre mora” (que es más de lo que comúnmente se ha pensado hasta el momento) procede de tiempos históricos.

 

LA HISTORIOGRAFÍA ME HA DICHO OTRA COSA HASTA AHORA ¿DE VERDAD HUBO BEREBERES EN LA ESPAÑA MÁS “CRISTIANA” DESDE EL PRINCIPIO?

Recientemente, Bycroft et al. (2018) han publicado un interesante trabajo que corrobora otro anterior de Adams et al. (2008) y en el que muestran que el mayor porcentaje genético de ancestros de origen norteafricano en España sigue un patrón no tanto sur-norte (más genes norteafricanos en el sur de España que en el norte) sino oeste-este: Más población española con ancestros norteafricanos en el oeste de la península ibérica. De hecho el máximo de población española con genes norteafricanos se localiza actualmente en Galicia, una zona que curiosamente nunca estuvo bajo control musulmán.

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Por desgracia, ninguno de estos dos trabajos ha recogido muestras específicas pasiegas (y apenas cántabras), pero permiten constatar otro dato relevante y es que los bereberes no solo se instalaron en las zonas más islamizadas de Al Andalus durante la Edad Media sino que muchos se trasladaron a vivir en los confines más norteños de la península en los primeros años de la invasión capitaneada por unos pocos árabes .

Trabajos como los de Fernández Conde (2009) recogen como una realidad constatada la presencia de bereberes en las distintas latitudes del reino asturleonés desde las primeras décadas del siglo VIII al socaire de la invasión islámica. Sabemos además que se asentaron preferentemente en zonas rurales y montañosas (como también constata Franco Moreno, 2005), siguiendo su tradicional estilo de vida ganadero y autárquico (y que aún puede trazarse genéticamente en el Magreb actual; Bekada et al., 2013), sin llegar a constituir formaciones sociales amplias y bien estructuradas, por lo que estaban expuestos a una asimilación fácil y rápida por parte de la población autóctona que en aquellos tiempos se encontraba construyendo una articulación política y organización social dentro de los esquemas cada vez más rígidos de la feudalidad.

 

¿PERO ESTOS BEREBERES ERAN MUSULMANES?

Me alegro de que me hagas esa pregunta. El ejército de Tariq estuvo compuesto, casi en su totalidad, por grupos de bereberes norteafricanos en una fase de arabización todavía muy superficial (Fernández Conde, 2009). Pertenecían en su gran mayoría al grupo de los al- Butr, un conjunto de tribus norteafricanas incluidas dentro de la provincia hispana de Mauritania Tingitana (Hispania Transfretana) pero que se resistieron fuertemente a la romanización, tanto romana como bizantina y que seguía manteniendo numerosas prácticas paganas cuando empezaron a entrar en contacto con la religión musulmana, escasamente 100 años antes de que entraran en la península (Franco Moreno, 2005). De hecho, hoy día se considera que la posterior arabización e islamización del Magreb fue fundamentalmente un proceso de aculturación de las poblaciones indígenas bereberes, que además quedaron relegadas a entornos rurales (comprobado genéticamente por Bekada et al., 2013). Por lo tanto, conviene tener muy presente que los bereberes que migraron a España en el 711 eran gentes “muy suyas” y con escasa permeabilidad a influencias culturales de todo tipo, incluido el Islam.

Tanto es así que las fuentes árabes de la época nos hablan de frecuentes ejemplos de apostasía (renuncia a la fe islámica) por parte de los bereberes. El historiador andalusí Abenjaldún (1332-1406) narraba que en los primeros 70 años bajo el islam los beréberes cometieron apostasía una docena de veces: “La población de estas comarcas se compone de bereberes, pueblo organizado en tribus, las cuales cada una es animada por un fuerte sentimiento de asabiya (sentimiento de solidaridad tribal o clánica) pero sin resultado alguno, optando por repetidas insurrecciones y de apostasía; a cada momento se levantan en armas, sin dejarse contener por los rigurosos castigos que les infringían las tropas árabes” (Franco Moreno, 2005; Ilife, 2013).

Como resultado de todo esto, resulta fácil imaginar que algunos grupos aislados de bereberes pudieron adaptarse a su nuevo entorno social en las montañas del norte de España con relativa facilidad, pero más por concordancia cultural con los modos de vivir y de ver el mundo que se encontraron al llegar en el resto del paisanaje local que por renegación de una fe musulmana que realmente nunca llegaron a profesar con vehemencia.

 

UNA GENTE INTERESANTE ¿PODRÍAS CONTARME ALGO MÁS SOBRE ESTE PUEBLO?

Los bereberes constituyen un pueblo ciertamente singular a nivel cultural. El antropólogo Rafa Quintía los definía hace pocos años con el siguiente acertijo: “Cómo se llama un pueblo que come empanadas, frisuelos y hace aguardiente. Que baila ritmos de baile al son de gaitas y panderos. Que enterró a sus muertos en dólmenes y túmulos. Que llenó montes y roquedos de petroglifos. Que celebra el carnaval corriendo con cencerros, haciendo guerras de harina y disfrazándose con pelucas. Que usa como decoración hexapétalas, círculos concéntricos y trisqueles. Que cree en seres míticos que guardan tesoros encantados bajo tierra y que solo con un libro mágico y determinadas palabras secretas se pueden desencantar. Que habla de almas en pena que salen por la noche a andar por los caminos. Que al arco iris le pone nombre de mujer. Que usa amuletos en forma de mano contra el mal de ojo. Que tenían una lengua propia que fue proscrita en los colegios y las Administraciones. Que fueron llamados por los romanos bárbaros y de los que se decía que vivían en las montañas y eran grandes guerreros. Quiénes serán???”

 

Incluso (oh, sorpresa) hay testimonios de que comían cerdo. Parece ser que el consumo de este animal, prohibido por las religiones musulmana y judía, fue también bastante común entre algunos grupos bereberes marroquíes hasta épocas recientes (Simoons, 1994). Considerados herejes en las crónicas de la época, hay constancia de que en el emirato bereber de Barghawata (744) se consumía cerdo con naturalidad y los Gumara del Rif en el s X permitían comer la carne de cerdos hembra y verracos (Glick, 2007).

Detalles que sumados a sus fuertes tendencias democráticas y de igualdad, así como al rol fundamental que juega la mujer en la sociedad bereber (que entronca con el famoso matriarcado de los cántabros), permite singularizarlos respecto al resto de los musulmanes del Magreb y, mucho más, respecto a los de la Península Arábiga.

 

BIBLIOGRAFÍA

Adams, S. M. et al. (2008). The genetic legacy of religious diversity and intolerance: paternal lineages of Christians, Jews, and Muslims in the Iberian Peninsula. American Journal of Human Genetics, 83(6), 725-36.

Bekada A, et al. (2013) Introducing the Algerian Mitochondrial DNA and Y-Chromosome Profiles into the North African Landscape. PLoS ONE 8(2): e56775.

Bycroft C. et al. (2018). Patterns of genetic differentiation and the footprints of historical migrations in the Iberian Peninsula. BioRxiv (pre-pub. DOI:10.1101/250191

Fernandez Conde, F.J. (2009) Los mozárabes en el reino de León. Siglos VIII-XI. Studia historica. Historia medieval, 27, 53-69

Franco Moreno, B. (2005). Distribución y asentamientos de tribus bereberes (Imazighen) en el territorio emeritense en época emiral (S. VIII-X). Rev. Arqueología y Territorio Medieval, 12-1, 39-50.

Maca-Meyer, N. et al. (2003). Y Chromosome and Mitochondrial DNA characterization of Pasiegos, a human isolate from Cantabria (Spain). Annals of Human Genetics, 67,329–339.

Solé-Morata et al (2017). Whole Y-chromosome sequences reveal an extremely recent origin of the most common North African paternal lineage E-M183 (M81). Scientific Reports, 7, Article number: 15941.

Castro de El Cuerno de Bezana o Pico Nava, Arnedo, Valle de Valdebezana

 

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Estamos ante un castro cántabro (Bohigas, 1978; Fraile, 2004; Peralta, 2000) en forma de espolón calcáreo de superficie ligeramente flexionada conocido por el nombre de “Pico Nava” o “Cuerno de Bezana”. Tanto su situación como su emplazamiento son inmejorables. El dominio visual desde el enclave es amplísimo, dominándose perfectamente la llanura de La Virga (ocupada actualmente por el Embalse del Ebro), la Sierra del Escudo, Cerro de La Maza y Mesa del Dulla, Bricia, Monte Hijedo, etc. Está rodeado de cantiles rocosos salvo en el sector oriental que lo conecta con el resto del Monte Carrales y que se encuentra defendido por un lienzo de muralla de doble paramento de grandes sillares toscamente trabajados que engloban un núcleo relleno de cascajo. Su superficie no llega a 1 Ha., lo que podría estar indicando que estamos ante 1) un recinto de pequeño tamaño, supeditado a castros mayores como los cercanos de Cerro de la Maza o Bricia o, menos probable, 2) la acrópolis de un castro de mayores dimensiones que continuaría hacia el sureste hasta la actual subestación eléctrica o más allá. Faltan prospecciones en profundidad en toda la zona, que además ha sido profundamente alterada con la instalación del Parque Eólico de Montejo en 2006, de 16 aerogeneradores.

A principios del pasado siglo se practicaron varios pozos para la extracción de mineral de hierro, de los cuales quedan señales visibles en forma de pozos semicubiertos por la vegetación. A pesar de que los afloramientos rocosos son predominantes, se han podido recoger algunos fragmentos de cerámica nada significativos, elaborados a mano, de color negruzco y rojizo y con abundancia de desgrasantes micáceos.

En la ladera SW se localizan algunas cuevas (“El Portalón”, “Cueva de los Moros”), con probable hábitat prehistórico, si bien los vestigios arqueológicos de superficie son inexistentes. Como en tantos otros sitios de la comarca, aparecen asociados a este enclave “los moros” y “las moras”, seres mitológicos ancestrales de Las Merindades y de todo el Noroeste Ibérico (nada que ver con los musulmanes). También se localizan en esta ladera los eremitorios rupestres de “Tía Isidora” y “Cueva Horno”, que resaltan la continuidad habitacional de esta peña y su papel destacado para los habitantes de los alrededores.

Parece ser que en época medieval continuó siendo un hito territorial para la zona. Aparece mencionado en el deslinde contenido en el Fuero de Cervatos, año 999: “et usque ad Cornu de Vezana”. Tanto Arnedo como Villamediana pertenecían en la época del Becerro de las Behetrías (1352) al Alfoz de Hoz de Arreba, integrado en la Merindad de Castilla Vieja pero rodeados de la Merindad de Campoo por casi todos sus lados, formando uno de esos “límites antinaturales” de los que hablan los arqueólogos del paisaje y que a menudo resultan muy sugerentes para explicar determinados hechos pasados (¿un antiguo territorio castral diferenciado?). En el Censo de los Millones de 1591 aparece constituyendo el límite oeste del Arciprestazgo de Arreba (1591), junto con los tres pueblos que lo rodean: Arnedo, Villamediana de San Román y Quintanilla de San Román (San Román del Cuerno). En 1930 la mayor parte del ayuntamiento de Hoz de Arreba se integró en el ayuntamiento de Valdebezana.

Por último, mencionar que topónimos como Arnedo, San Román, Bezana remiten a una zona muy concreta de Cantabria comprendida entre Torrelavega y Santander, en los alrededores de Soto de la Marina.

Bibliografía:
Bohigas, R., Campillo, J., Churruca, J.A. (1984) Carta arqueológica de la provincia de Burgos. Partidos judiciales de Sedano y Villarcayo, Kobie, 24, 7-92.

 

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Introducción a la Genética de Poblaciones. El marcador R1b-DF27

La genética de poblaciones humanas es una rama de la biología que intenta describir, entre muchas otras cosas, cómo ha ido evolucionando y desplazándose la población humana a lo largo de la historia. Cuando se trata de explicar nuestro pasado, este ámbito científico es de enorme interés porque nos arroja luz sobre todos aquellos aspectos de nuestro pasado que tienen una sólida base poblacional y no solo meramente cultural.

Un ejemplo clásico de producto cultural es el lenguaje. La adquisición y extensión de una lengua es un producto básicamente cultural y no todos sus hablantes tienen por qué compartir la misma herencia genética. El hecho de que un indígena de Los Yungas de Bolivia tenga como lengua materna el español no lo convierte en genéticamente similar a un habitante de la península. Lo mismo puede concluirse de cualquier lengua, incluida el vasco. Porque las lenguas son todas productos culturales.

Un segundo aspecto que conviene aclarar es que la genética de las poblaciones en absoluto conlleva connotaciones que pudieran ser tildadas o utilizadas por alguien con fines racistas, ya que a esta rama del saber no le interesa en absoluto los orígenes específicos que tiene una persona concreta a nivel genético. Le da igual si Fulanito Pérez, natural de Sevilla, tiene un origen escandinavo o no. Trabaja con grandes números. Parte de la base de que cualquier población de cualquier territorio está hoy día “muy mezclada” y en lo que se centra es en extraer conclusiones sobre el PORCENTAJE de ocurrencia de tal o cual gen específico en un gran número de personas representativas de un sitio, con la finalidad última de conocer más sobre nuestro pasado, los desplazamientos de la gente y la INFLUENCIA POBLACIONAL en la conformación de una sociedad y una cultura concretas.

Estos estudios se basan en el hecho de todos nuestros genes van sufriendo ligerísimas mutaciones con el paso del tiempo. Y ocurre que en la especie humana tenemos dos genes concretos que son muy interesantes para analizar nuestra evolución porque solo se transmiten a través de nuestros padres y madres. En concreto, los cambios que se producen a lo largo del tiempo en ciertas partes (llamadas haplogrupos) del cromosoma sexual masculino Y (ADN-Y) se utilizan para conocer cómo han ido evolucionando genéticamente nuestros antepasados masculinos, mientras que los cambios en el ADN que tenemos todos en las mitocondrias de cada célula (ADN mt) son los utilizados hoy día para conocer lo mismo en el caso de nuestros ancestros femeninos, ya que solo se transmiten por línea matrilineal. Analizando las sucesivas mutaciones de estos haplogrupos se pueden trazar mapas bastante precisos sobre cuándo, desde dónde y hacia dónde han ido desplazándose las poblaciones humanas durante la prehistoria e incluso la historia.

La genética de poblaciones es uno de los campos científicos más efervescentes de la actualidad, en el que se están produciendo avances notables cada año. Hoy día se sabe que la población ibérica masculina pertenece mayoritariamente al haplogrupo R1b. Esto nos vincula al resto de la Europa Occidental Atlántica, donde también este haplogrupo es predominante (Irlanda (81%), Gales (74%), Escocia (72,5%), España (69%), Inglaterra (67%), Bélgica (61%), Francia (58,5%), Portugal (56%), Suiza (50%), y porcentajes cercanos al 50% en Holanda (49%) y Alemania (44,5%), datos de Eupedia). Esta mutación surgió a partir del haplogrupo R en Oriente Medio durante el Paleolítico, hace casi unos 20.000 años. El R1b siguió experimentando variaciones (M269 ya en Europa oriental, L11, U106…) y al principio de la Edad de los Metales apareció la mutación S116 en el sur de Francia que dio origen posteriormente a las dos principales ramas que se han localizado hoy día en el oeste de Europa: la Celto-Atlántica (R1b-L21/M529) y la Ibérico-vasca (R1b-DF27).

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La subdivisión R1b-L21 (también llamada M529) es el haplogrupo que mejor define a los pueblos de las Islas Británicas (Irlanda (54%), Bretaña (52%), etc.). No se conoce el lugar exacto donde se originó aunque se cree que fue en algún punto de la actual Francia y hace unos 3800 años. En España presenta las más altas frecuencias en Galicia (8%), Asturias (6%) y Cantabria (6%) (Datos de Valverde 2016; N=63 – 146). Como vemos, porcentajes que están lejos de ser significativos y que alejan a los gallegos, cántabros o vascos de los habitantes de las Islas Británicas.

El haplogrupo R1b-DF27, que hemos llamado Ibérico-vasco (equivalente al galo-ibérico de Eupedia) es tal vez el más interesante para nosotros. Y esto es así porque es la subdivisión del R1b que mejor nos define. En torno a un 42% de todos los hombres de cualquier rincón ibérico llevan este marcador en sus genes. Y entre los vascos nativos el porcentaje aumenta al 74% (Solé Morata et al, 2017). En otros vecinos europeos el porcentaje es mucho menor: Francia (11%), Gran Bretaña (15%) o Irlanda (1%).

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Esta variante R1b-DF27 se originó hace sólo unos 4200 años, es decir al principio de la Edad de los Metales. Debió surgir en el noreste de la península, actual Cataluña (véase imagen). A pesar de su elevada frecuencia actual en el País Vasco, las medidas internas de diversidad y las estimaciones de la antigüedad son más bajas en los vascos que en cualquier otra población, lo que descarta esta región como punto de origen de la variante (Solé-Morata, 2017). Lo que debió ocurrir en el País Vasco es que unos pocos individuos con este marcador quedaron aislados en algún momento del pasado y no sufrieron influencias genéticas posteriores.

El R1b-DF27 siguió sufriendo mutaciones posteriores, algunas de las cuales han sido rastreadas y han permitido establecer interesantes conclusiones, como que la subdivisión Z195 se localiza en la zona vasco-ibérica pero apenas tiene presencia en el oeste peninsular, por lo que toda esta zona de Galicia, Asturias y Portugal deben estar albergando algún otro subtipo de R1b-DF27 aún no descubierto.

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Para saber más:

Solé-Morata, N. et al. (2017). Analysis of the R1b-DF27 haplogroup shows that a large fraction of Iberian Y-chromosome lineages originated recently in situ. Scientific Reports, 7, 7341. doi:10.1038/s41598-017-07710-x

Valverde, L. et al. (2016). New clues to the evolutionary history of the main European paternal lineage M269: dissection of the Y-SNP S116 in Atlantic Europe and Iberia. Eur J Hum Genet., 24(3), 437–441. doi: 10.1038/ejhg.2015.114.

www.eupedia.org

 

 

 

Horquillas de oro de Tablada del Rudrón, Las Loras.

CALCOLÍTICO – EDAD DE BRONCE (2200 AC).

Su descubridor (Campillo, 2004) las define como sortijas, pero en la literatura internacional se consideran pendientes (basket earrings) o, más probablemente, horquillas para el pelo de los jefes o élites sociales locales.

Se vinculan con otros hallazgos similares encontrados en las Islas Británicas y Centroeuropa, una muestra más de los intensos intercambios culturales que existieron durante la Edad del Bronce en toda la fachada atlántica.

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Aparecen en enterramientos junto a la cabeza de hombres de alto estatus y acompañados de vasijas campaniformes, por lo que se consideran asociadas a esta cultura originada en la desembocadura del Tajo. La expansión de la cultura del vaso campaniforme por toda Europa estuvo unida a la difusión de la metalurgia del cobre y recordemos que en el cercano pueblo de Huidobro se localiza una importantísima mina de cobre explotada desde el neolítico. https://lacantabriaburgalesa.wordpress.com/…/mina-neolitic…/

Las piezas británicas han sido datadas entre el 2500-2000 aC.

Para saber más: http://www.bizkaia.eus/…/kobie_6_vol_1y2_anejos_DOS%20SORTI…

Necrópolis de San Juan de la Hoz, Cillaperlata. Posible pervivencia de ritos funerarios paganos en plena Edad Media.

En Merindades contamos con un gran número de necrópolis excavadas en roca y cuya datación exacta sigue planteando en la actualidad serias dificultades, derivadas de que en la mayor parte de ellas solo han llegado hasta nuestros días la talla en la roca. Por ello resultan especialmente interesantes analizar los escasos ejemplos que han sido excavados arqueológicamente y en los que se han encontrado las sepulturas intactas.

La necrópolis altomedieval de San Juan de La Hoz en Cillaperlata es uno de estos casos. Situada al lado del antiguo monasterio paleocristiano de San Juan de la Hoz, precursor del de Oña, está compuesta por 82 tumbas excavadas en la roca. Durante los años 1979-1986 se realizaron excavaciones arqueológicas en 74, recuperándose un total de 67 individuos: 37 hombres, 22 mujeres, 5 niños y 3 indeterminados. Fueron datados por las directoras del yacimiento como correspondientes a un amplio período histórico comprendido entre la segunda mitad del siglo VIII y el siglo XI, que coincide con los años que transcurren entre la fundación histórica del monasterio en el 790 (se han encontrado restos visigodos por lo que su origen es casi seguro que es anterior) y su subordinación al cercano monasterio de Oña fundado en el 1011.

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Parte de la necrópolis en la actualidad (Foto de Entusviajes).

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Momento de las excavaciones (fotos a través de la Asociación de Estudios Onienses).

 

Llama la atención el escaso número de individuos infantiles encontrados y la especial prevalencia de enfermedades artrósicas, caries y, en menor medida, callos de fractura (fracturas óseas no tratadas correctamente) en huesos de la clavícula y costillas. Se trata de una población homogénea, sedimentaria y estable, cuya economía fundamental era la agrícola y en la que no se observan signos indicativos de catástrofe natural o artificial (epidemias, hambre, guerras, etc.) (Martinez, Nieto, Díez y Ulla, 1992).

Tal vez más interesante que el análisis paleopatológico sea el análisis de los ritos funerarios que pueden deducirse de los numerosos restos encontrados, que nos acercan al mundo de las creencias en esa zona tan especial que rodea al castellum tardorromano y visigodo de Tedeja (Trespaderne).

ORIENTACIÓN DE LAS TUMBAS

Lo primero que llama la atención es la orientación de las tumbas. Todas ellas están orientadas con la cabeza hacia el oeste y los pies hacia el este, siguiendo un patrón común al resto de necrópolis altomedievales de la zona. Esta orientación puede deberse a una pervivencia del culto solar en relación con la muerte, ya que la puesta del sol señalaría la región de los muertos. Pero también puede ser un rito eminentemente cristiano al situar la cabeza mirando hacia Jerusalén, hacia la luz de la verdadera vida.

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Plano y orientación de las tumbas.

 

Sin embargo, las tumbas no se sitúan en un eje oeste-este perfecto, sino más bien siguiendo un patrón NO-SE, lo que proporciona datos acerca de la época del año en que fueron construidas. En efecto, dado que el sol únicamente se oculta por el oeste exacto en los equinoccios y que durante el resto del año se desplaza más hacia el norte o hacia el sur de este punto cardinal, los arqueólogos llegaron a la conclusión de que este tipo de tumbas excavadas en piedra fueron hechas evitando los meses de más calor y de mayor frío, concretamente entre febrero-junio y agosto-noviembre (Andrio, Loyola, Martínez y Moreda, 1992).

LIBACIONES Y MONEDAS

Otros datos sumamente interesantes son que en varias de las losas de cubierta halladas se encontraron pequeños orificios circulares a la altura de la cabecera destinados a la antigua costumbre romana (pagana) de hacer libaciones al difunto. Además, en las tumbas situadas en el interior del templo románico superpuesto al visigodo, se encontraron monedas colocadas en las manos de los difuntos, siguiendo también un ritual o costumbre pagana.

Cuando se habla de paganismo en este yacimiento debemos asociarlo no con creencias prerromanas sino con los rituales funerarios romanos anteriores al cristianismo. El ritual funerario característico de los pueblos prerromanos de la zona (cántabros y autrigones) fue la incineración. En la antigua Roma coexistieron los dos principales ritos funerarios: la inhumación y la incineración, aunque con el ascenso del cristianismo la inhumación fue adquiriendo una mayor importancia y todo apunta a que hacia el siglo II dC la incineración deja de utilizarse en todos los rincones del imperio.

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Algunos ejemplos de estelas oikomorfas burebanas, con la puerta de Hades que podría haber servido de canal para las libaciones realizadas como homenaje al difunto.

 

Las libaciones consisten en ofrecer bebidas de diverso tipo a los dioses o a los difuntos. Fue una costumbre común en las religiones griega y romana. Procopio, mártir de Palestina, fue uno de los primeros cristianos en oponerse públicamente a esta costumbre y fue por ello decapitado en el 303 dC. En el 390, el emperador Teodosio (nacido en la Gallaecia) prohibió expresamente las libaciones aunque este rito siguió estando vigente en las religiones judía y musulmana con pruebas arqueológicas de que en plena Edad Media se seguían realizando libaciones a los difuntos enterrados en necrópolis hispanas de la época. Nada hace sospechar que la necrópolis de San Juan de la Hoz acogiese a miembros de estos dos colectivos por lo que solo caben dos explicaciones alternativas: 1. O la necrópolis es más antigua de lo que afirman sus excavadoras, o 2. Cillaperlata conservaba en el siglo VIII una población aislada de personas que seguían aferradas a creencias y tradiciones de hace siglos, de cuando la zona estuvo fuertemente romanizada como parte del discutido “limes interno” o línea fortificada romana que discurría al menos desde Mave (Montaña Pelentina) hasta Buradón (Conchas de Haro) y que servía para vigilar a los cántabros del norte y tener aseguradas las zonas más romanizadas del Alto Ebro.

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Pátera romana de Otañes, Castro Urdiales. La escena de la izquierda muestra a una persona mayor realizando libaciones sobre un ara.

 

La aparición de cuerpos con una moneda en la mano es otro elemento a destacar y cuyo sentido e interpretación resultan más complejos. En la antigüedad griega y romana era costumbre colocar una moneda en la boca o en los ojos del difunto para pagar al barquero Caronte en su viaje al reino de los muertos. Esta tradición es mencionada por los autores latinos del siglo I dC y se expandió en esas fechas por todo el Imperio. A partir del siglo II dC se documentan monedas en la mano de los difuntos (González Villaescusa, 2001), tal vez con el significado de amuletos o talismanes (Arévalo, 2012), para traer buena fortuna desde el más allá a los que quedan aquí. Se trata, no obstante, de un rito que apenas está constatado en la Alta Edad Media y que se retoma a partir de los siglos XII y XIII (Canto, Caballero y Rodríguez, 2015) llegando incluso hasta nuestros días (Pedrosa, 2002).

Ambas parecen ser por tanto, en nuestro caso, costumbres paganas que muestran que la cristianización de toda esta zona fue un proceso lento y difícil, coexistiendo durante siglos con determinadas prácticas ancestrales firmemente arraigadas entre sus habitantes. Los enterramientos muestran esta dualidad entre creencias cristianas (inhumación y orientación de las tumbas) y paganas romanas (libaciones y monedas en las manos de los difuntos).

CONCLUSIONES

Todos estos hallazgos, analizados conjuntamente, dibujan un panorama ciertamente peculiar, en el que una pequeña zona de Merindades (Cillaperlata y tal vez otros lugares cercanos como Mijangos, Tartalés de Cilla) vivía en pleno siglo VIII aferrada a costumbres de época tardorromana, al menos desde un punto de vista ceremonial. Esto no significa que el resto de la comarca disfrutase de un mayor “desarrollo” teológico. Hay constatación de que en el siglo VI pervivían extensas bolsas de paganismo en toda la zona occidental de Merindades, a tenor de la labor evangelizadora de San Millán en la zona. La diferencia fundamental es que mientras el paganismo de otras zonas de Merindades entroncaba con los antiguos ritos y tradiciones cántabras, esta zona alrededor del Castillo de Tedeja se nos muestra anclada en un sistema de creencias y costumbres paganas romanas que hacía cinco siglos que había desaparecido de muchos otros lugares de Hispania que también estuvieron fuertemente romanizados, como La Bureba, Calahorra o León.

Más Información:
Andrio, J., Loyola, E., Martínez, J. y Moreda, J. (1992): Excavación Arqueológica en el Monasterio de San Juan de la Hoz de Cillaperlata. Nuclenor y Junta de Castilla y León.
Martínez, J.; Nieto, J.L., Díez, P. y Ulla, M. (1992). Introducción al estudio antropológico y paleopatológico de la necrópolis de San Juan de la Hoz (Cillaperlata, Burgos). Munibe (Antropologia-Arkeologia), Suplemento 8, Donostia-San Sebastián.