Origen bereber de los pasiegos

Los Pasiegos constituyen uno de los grupos humanos más aislados y peculiares que existen en la Península Ibérica.

A sus peculiaridades culturales, reconocidas desde hace siglos, se le ha sumado en los últimos años algunos estudios científicos sobre genética de poblaciones que están mostrando que también conservan claras y distintivas peculiaridades genéticas.

 

¿LOS PASIEGOS TIENEN SANGRE BEREBER?

Sí, los datos que se derivan de los últimos estudios sobre genética de poblaciones así lo confirman. Uno de los rasgos más llamativos de los pasiegos es la alta presencia del haplogrupo E1b1b1b (E-M81). Este marcador genético, originado en el Magreb y en tiempos relativamente recientes (200 aC; Solé-Morata, 2017), se transmite solo de padres a hijos varones y presenta sus más altas frecuencias planetarias entre la población rural y montañosa del Norte de África (Marruecos 67,4%) conocida como bereberes (imazighen en su lengua). Entre los pasiegos varones, el porcentaje de aparición de genes norteafricanos es del 24%, el más alto de Europa. Mayor que el del resto de Cantabria (17%) y significativamente mayor que el de sus vecinos asturianos y vascos (2% en cada caso) (Maca-Meyer et al., 2003).

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La pregunta que cabe hacerse ante estos datos es

 

¿CUÁNDO LLEGARON LOS BEREBERES A CANTABRIA EN GENERAL Y A LA PASIEGUERÍA EN PARTICULAR?

Sobre este tema existió hasta hace poco años un cierto debate polarizado entre los que pensaban que se produjo en tiempos medievales (Bosch et al. 2001, Pereira et al., 2000) y aquellos que pensaban que procedía de tiempos prehistóricos (Gómez Casado et al., 2000, González et al., 2003). El trabajo de Maca-Meyer se inclinaba por la segunda hipótesis dado que 1) el marcador E-M81 se encuentra también extendido en el resto de Cantabria y 2) no aparecen otros marcadores de Oriente Medio en la muestra pasiega (al contrario que en la norteafricana actual). Sin embargo, cabria contraargumentar que estos datos tal vez se deban a mezclas poblacionales posteriores. Además, estudios más recientes (Adams et al., 2008; Bycroft et al., 2018) apuntan a que la influencia genética norteafricana en la península entró en España de la mano de la invasión musulmana del 711. Y, como acabamos de comentar, el reciente trabajo de Solé-Morata (2017) ha datado esta mutación genética en tiempos históricos y en el Magreb. Así que según pasa el tiempo va quedando cada vez más claro que todo lo que tenemos los habitantes del noroeste de España de “sangre mora” (que es más de lo que comúnmente se ha pensado hasta el momento) procede de tiempos históricos.

 

LA HISTORIOGRAFÍA ME HA DICHO OTRA COSA HASTA AHORA ¿DE VERDAD HUBO BEREBERES EN LA ESPAÑA MÁS “CRISTIANA” DESDE EL PRINCIPIO?

Recientemente, Bycroft et al. (2018) han publicado un interesante trabajo que corrobora otro anterior de Adams et al. (2008) y en el que muestran que el mayor porcentaje genético de ancestros de origen norteafricano en España sigue un patrón no tanto sur-norte (más genes norteafricanos en el sur de España que en el norte) sino oeste-este: Más población española con ancestros norteafricanos en el oeste de la península ibérica. De hecho el máximo de población española con genes norteafricanos se localiza actualmente en Galicia, una zona que curiosamente nunca estuvo bajo control musulmán.

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Por desgracia, ninguno de estos dos trabajos ha recogido muestras específicas pasiegas (y apenas cántabras), pero permiten constatar otro dato relevante y es que los bereberes no solo se instalaron en las zonas más islamizadas de Al Andalus durante la Edad Media sino que muchos se trasladaron a vivir en los confines más norteños de la península en los primeros años de la invasión capitaneada por unos pocos árabes .

Trabajos como los de Fernández Conde (2009) recogen como una realidad constatada la presencia de bereberes en las distintas latitudes del reino asturleonés desde las primeras décadas del siglo VIII al socaire de la invasión islámica. Sabemos además que se asentaron preferentemente en zonas rurales y montañosas (como también constata Franco Moreno, 2005), siguiendo su tradicional estilo de vida ganadero y autárquico (y que aún puede trazarse genéticamente en el Magreb actual; Bekada et al., 2013), sin llegar a constituir formaciones sociales amplias y bien estructuradas, por lo que estaban expuestos a una asimilación fácil y rápida por parte de la población autóctona que en aquellos tiempos se encontraba construyendo una articulación política y organización social dentro de los esquemas cada vez más rígidos de la feudalidad.

 

¿PERO ESTOS BEREBERES ERAN MUSULMANES?

Me alegro de que me hagas esa pregunta. El ejército de Tariq estuvo compuesto, casi en su totalidad, por grupos de bereberes norteafricanos en una fase de arabización todavía muy superficial (Fernández Conde, 2009). Pertenecían en su gran mayoría al grupo de los al- Butr, un conjunto de tribus norteafricanas incluidas dentro de la provincia hispana de Mauritania Tingitana (Hispania Transfretana) pero que se resistieron fuertemente a la romanización, tanto romana como bizantina y que seguía manteniendo numerosas prácticas paganas cuando empezaron a entrar en contacto con la religión musulmana, escasamente 100 años antes de que entraran en la península (Franco Moreno, 2005). De hecho, hoy día se considera que la posterior arabización e islamización del Magreb fue fundamentalmente un proceso de aculturación de las poblaciones indígenas bereberes, que además quedaron relegadas a entornos rurales (comprobado genéticamente por Bekada et al., 2013). Por lo tanto, conviene tener muy presente que los bereberes que migraron a España en el 711 eran gentes “muy suyas” y con escasa permeabilidad a influencias culturales de todo tipo, incluido el Islam.

Tanto es así que las fuentes árabes de la época nos hablan de frecuentes ejemplos de apostasía (renuncia a la fe islámica) por parte de los bereberes. El historiador andalusí Abenjaldún (1332-1406) narraba que en los primeros 70 años bajo el islam los beréberes cometieron apostasía una docena de veces: “La población de estas comarcas se compone de bereberes, pueblo organizado en tribus, las cuales cada una es animada por un fuerte sentimiento de asabiya (sentimiento de solidaridad tribal o clánica) pero sin resultado alguno, optando por repetidas insurrecciones y de apostasía; a cada momento se levantan en armas, sin dejarse contener por los rigurosos castigos que les infringían las tropas árabes” (Franco Moreno, 2005; Ilife, 2013).

Como resultado de todo esto, resulta fácil imaginar que algunos grupos aislados de bereberes pudieron adaptarse a su nuevo entorno social en las montañas del norte de España con relativa facilidad, pero más por concordancia cultural con los modos de vivir y de ver el mundo que se encontraron al llegar en el resto del paisanaje local que por renegación de una fe musulmana que realmente nunca llegaron a profesar con vehemencia.

 

UNA GENTE INTERESANTE ¿PODRÍAS CONTARME ALGO MÁS SOBRE ESTE PUEBLO?

Los bereberes constituyen un pueblo ciertamente singular a nivel cultural. El antropólogo Rafa Quintía los definía hace pocos años con el siguiente acertijo: “Cómo se llama un pueblo que come empanadas, frisuelos y hace aguardiente. Que baila ritmos de baile al son de gaitas y panderos. Que enterró a sus muertos en dólmenes y túmulos. Que llenó montes y roquedos de petroglifos. Que celebra el carnaval corriendo con cencerros, haciendo guerras de harina y disfrazándose con pelucas. Que usa como decoración hexapétalas, círculos concéntricos y trisqueles. Que cree en seres míticos que guardan tesoros encantados bajo tierra y que solo con un libro mágico y determinadas palabras secretas se pueden desencantar. Que habla de almas en pena que salen por la noche a andar por los caminos. Que al arco iris le pone nombre de mujer. Que usa amuletos en forma de mano contra el mal de ojo. Que tenían una lengua propia que fue proscrita en los colegios y las Administraciones. Que fueron llamados por los romanos bárbaros y de los que se decía que vivían en las montañas y eran grandes guerreros. Quiénes serán???”

 

Incluso (oh, sorpresa) hay testimonios de que comían cerdo. Parece ser que el consumo de este animal, prohibido por las religiones musulmana y judía, fue también bastante común entre algunos grupos bereberes marroquíes hasta épocas recientes (Simoons, 1994). Considerados herejes en las crónicas de la época, hay constancia de que en el emirato bereber de Barghawata (744) se consumía cerdo con naturalidad y los Gumara del Rif en el s X permitían comer la carne de cerdos hembra y verracos (Glick, 2007).

Detalles que sumados a sus fuertes tendencias democráticas y de igualdad, así como al rol fundamental que juega la mujer en la sociedad bereber (que entronca con el famoso matriarcado de los cántabros), permite singularizarlos respecto al resto de los musulmanes del Magreb y, mucho más, respecto a los de la Península Arábiga.

 

BIBLIOGRAFÍA

Adams, S. M. et al. (2008). The genetic legacy of religious diversity and intolerance: paternal lineages of Christians, Jews, and Muslims in the Iberian Peninsula. American Journal of Human Genetics, 83(6), 725-36.

Bekada A, et al. (2013) Introducing the Algerian Mitochondrial DNA and Y-Chromosome Profiles into the North African Landscape. PLoS ONE 8(2): e56775.

Bycroft C. et al. (2018). Patterns of genetic differentiation and the footprints of historical migrations in the Iberian Peninsula. BioRxiv (pre-pub. DOI:10.1101/250191

Fernandez Conde, F.J. (2009) Los mozárabes en el reino de León. Siglos VIII-XI. Studia historica. Historia medieval, 27, 53-69

Franco Moreno, B. (2005). Distribución y asentamientos de tribus bereberes (Imazighen) en el territorio emeritense en época emiral (S. VIII-X). Rev. Arqueología y Territorio Medieval, 12-1, 39-50.

Maca-Meyer, N. et al. (2003). Y Chromosome and Mitochondrial DNA characterization of Pasiegos, a human isolate from Cantabria (Spain). Annals of Human Genetics, 67,329–339.

Solé-Morata et al (2017). Whole Y-chromosome sequences reveal an extremely recent origin of the most common North African paternal lineage E-M183 (M81). Scientific Reports, 7, Article number: 15941.

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Nuestras palabras: tornos, tornu, torno

TORNU. Curva muy cerrada en una senda, o en un camino para que no “entornaran” los carros.

Definición de Palabras de Liébana.

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Puerto de los Tornos entre Laredo y Merindades (Foto de Imanol Mármol).

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Desfiladero de los Tornos, entre Tudanca y Cidad de Ebro (Foto de #elebroescondido).

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Altu el Tornu de Llanes, Asturias (Foto de FlyGus).

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Los Tornos de Liordes, Liébana (Foto de José A. Ramos).

Bizcas, zurdas, gachas. ¿Cómo se llaman las vacas según sus cuernos?

 

Esta vaca de Munilla, Valdebezana, anda la pobri con un cuernu revirau pa’baju. ¿Será bizca, zurda o gacha?

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Vaca bizca.

 

Tras opiniones de varios sabedores cualificados y sesudas deliberaciones hemos llegado a la conclusión (más o menos unánime) de que se trata de una vaca bizca.

La definición de estos y otros términos nos la da el montañés Miguel Angel Rodríguez:

  • ZURDA es cuando los cuernos tienen forma diferente desde nacimiento.
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Vaca zurda.

  • BOJA, BOJONA o ESBOJA es cuando ha partido un cuerno o cuando perdió la funda.
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Vaca esboja.

  • GACHA es cuando ambos cuernos tienen nacimiento hacia abajo aunque luego puedan subir.
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Vaca gacha.

  • ESTORNEJA es cuando trabajan los cuernos mucho y vuelven las puntas a delante.
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Vaca estorneja.

  • CORZAS cuando vuelven las puntas hacia atrás (muy típico en las suizas).
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Vacas corzas.

  • GUINCHAS cuando vuelven las puntas hacia adentro.
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Vaca guincha.

  • CORVAS o RECORVAS cuando después de abrir e ir adelante suben verticales.
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Vaca corva.

  • GACHICORVA cuando al abrir e ir adelante también bajan y luego suben en vertical.
  • PALETA cuando crecen abiertos a los lados sin ir adelante.
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Vaca paleta.

 

 

 

 

Castro de El Cuerno de Bezana o Pico Nava, Arnedo, Valle de Valdebezana

 

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Estamos ante un castro cántabro (Bohigas, 1978; Fraile, 2004; Peralta, 2000) en forma de espolón calcáreo de superficie ligeramente flexionada conocido por el nombre de “Pico Nava” o “Cuerno de Bezana”. Tanto su situación como su emplazamiento son inmejorables. El dominio visual desde el enclave es amplísimo, dominándose perfectamente la llanura de La Virga (ocupada actualmente por el Embalse del Ebro), la Sierra del Escudo, Cerro de La Maza y Mesa del Dulla, Bricia, Monte Hijedo, etc. Está rodeado de cantiles rocosos salvo en el sector oriental que lo conecta con el resto del Monte Carrales y que se encuentra defendido por un lienzo de muralla de doble paramento de grandes sillares toscamente trabajados que engloban un núcleo relleno de cascajo. Su superficie no llega a 1 Ha., lo que podría estar indicando que estamos ante 1) un recinto de pequeño tamaño, supeditado a castros mayores como los cercanos de Cerro de la Maza o Bricia o, menos probable, 2) la acrópolis de un castro de mayores dimensiones que continuaría hacia el sureste hasta la actual subestación eléctrica o más allá. Faltan prospecciones en profundidad en toda la zona, que además ha sido profundamente alterada con la instalación del Parque Eólico de Montejo en 2006, de 16 aerogeneradores.

A principios del pasado siglo se practicaron varios pozos para la extracción de mineral de hierro, de los cuales quedan señales visibles en forma de pozos semicubiertos por la vegetación. A pesar de que los afloramientos rocosos son predominantes, se han podido recoger algunos fragmentos de cerámica nada significativos, elaborados a mano, de color negruzco y rojizo y con abundancia de desgrasantes micáceos.

En la ladera SW se localizan algunas cuevas (“El Portalón”, “Cueva de los Moros”), con probable hábitat prehistórico, si bien los vestigios arqueológicos de superficie son inexistentes. Como en tantos otros sitios de la comarca, aparecen asociados a este enclave “los moros” y “las moras”, seres mitológicos ancestrales de Las Merindades y de todo el Noroeste Ibérico (nada que ver con los musulmanes). También se localizan en esta ladera los eremitorios rupestres de “Tía Isidora” y “Cueva Horno”, que resaltan la continuidad habitacional de esta peña y su papel destacado para los habitantes de los alrededores.

Parece ser que en época medieval continuó siendo un hito territorial para la zona. Aparece mencionado en el deslinde contenido en el Fuero de Cervatos, año 999: “et usque ad Cornu de Vezana”. Tanto Arnedo como Villamediana pertenecían en la época del Becerro de las Behetrías (1352) al Alfoz de Hoz de Arreba, integrado en la Merindad de Castilla Vieja pero rodeados de la Merindad de Campoo por casi todos sus lados, formando uno de esos “límites antinaturales” de los que hablan los arqueólogos del paisaje y que a menudo resultan muy sugerentes para explicar determinados hechos pasados (¿un antiguo territorio castral diferenciado?). En el Censo de los Millones de 1591 aparece constituyendo el límite oeste del Arciprestazgo de Arreba (1591), junto con los tres pueblos que lo rodean: Arnedo, Villamediana de San Román y Quintanilla de San Román (San Román del Cuerno). En 1930 la mayor parte del ayuntamiento de Hoz de Arreba se integró en el ayuntamiento de Valdebezana.

Por último, mencionar que topónimos como Arnedo, San Román, Bezana remiten a una zona muy concreta de Cantabria comprendida entre Torrelavega y Santander, en los alrededores de Soto de la Marina.

Bibliografía:
Bohigas, R., Campillo, J., Churruca, J.A. (1984) Carta arqueológica de la provincia de Burgos. Partidos judiciales de Sedano y Villarcayo, Kobie, 24, 7-92.

 

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Las Reuniones sociales de antaño: Hilas, Veladeros e Hilanderos

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“El Filandón” de Luis Álvarez Catalá (1872)

“[En la Merindad de Valdeporres] llámase LA HILA á una reunión de gentes de todas clases, que se practica durante el tiempo crudo de invierno. Esta tiene lugar en una determinada casa, cuyo local utiliza la gente joven para bailar los domingos, y en los demás días de la semana se hila, cose y se ocupan en otros menesteres; allí se habla de todo, se murmura, se reza, se critica y se cuentan anécdotas y chascarrillos no siempre útiles y del mejor gusto, dado lo picaresco de las frases. En este género de reuniones se practica mucho lo que llaman la «parva», ó sea, á la terminación de la velada liban unas copas de aguardiente en señal de despedida, que es siempre pagado por las mujeres, aun cuando á la reunión asistan hombres. Esta costumbre, todavía en práctica, va decreciendo.

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También reuníanse las mujeres en la preparación de la hebra de ciertas plantas textiles para «la hila». El «espadar» consiste, en que con una especie de cuchilla ó espada de madera van dando golpes en la caña ó tallo del lino, para hacer saltar y desprenderse la parte leñosa de la textil, sacar la estopa, que más tarde ha de ser hilada y convertida en lienzo, que se emplea en camisas y otros usos domésticos. Esta práctica acaba de desaparecer, á virtud, sin duda, de lo trabajosa y molesta que resultaba esta pequeña industria, dado la baratura que hoy alcanzan los tejidos de algodón y la facilidad de su transporte. Las mujeres de la Merindad que nos ocupa han perdido una parte de sus ingresos con la desaparición de aquel tejido, pues que antiguamente iban á espadar, mediante estipulada retribución, á la provincia de Santander unas, á Vizcaya otras, al igual que van á sallar la tierra, así como los hombres van á segar con el dalle, dolió ó guadaña la hierba de los prados vizcaínos, y los jóvenes á Rioja, para las vendimias, y durante el invierno á otros países para elaborar aceite.”

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“Estas actividades, vinculadas con el hilado de la lana o del lino, generaban relaciones entre las mujeres ocupadas en este trabajo, dando lugar a los ‘veladeros’, denominación usada en Ahedo de Butrón. Así lo explica el pastor de Cernégula, de su libro he recogido estas palabras:

Los VELADEROS eran los sitios donde hilaban el lino y lo cardaban. Sembraban mucho lino los de Ahedo. Cuando ya lo segaban lo llevaban a Pesquera o a Tubilleja para dejarlo a remojo en el río, en el Ebro. Igual había en Ahedo cinco o seis veladeros, siempre en los mismos sitios: El del difunto Anselmo y el de Lorenzo, que eran cuñados, el del sacristán, el del cura y el de unas señoras que las llamaban las de Haro. A los veladeros iban las mujeres a hilar, tenían un palo con una horquilla, metían en un gancho el copo. Después, hilaban dando vueltas. Igual íbamos también los hombres y los mozos. Bajaban de la tenada, venías con la intención de pasar un buen rato en los veladeros.

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En Valhermosa de Valdivielso íbamos al HILANDERO, todas las mujeres a hilar, los hombres cantaban. La lana se lavaba en el arroyo, había que escarmenar, ahuecar, cuando está en vellón, para después hilarla. Se hilaba y se torcía, sino se rompe.”

A estas reuniones de invierno se las llamaba hilas o jilas en otras partes de Cantabria. En Asturias y León, seranos, calechos o filandones (declarado como BIC inmaterial en 2010), en Galicia fiandóns, fías, fiadeiros, fiadas… Palabras relacionadas con la actividad principal para la que fueron creadas: juntarse las mujeres para elaborar el hilo de lino o lana con el que después tejer prendas.

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Las mujeres atraían a los hombres y al poco terminaron siendo reuniones donde se tocaba música, se comía y se bebía algo, se contaban historias de ayer y de hoy y se socializaba la gente del pueblo, mientras cada vecino se mantenía ocupado con alguna labor de interior.

Sobre su duración y momento del año, siempre se dijo: “Los Santos las traen y el Angel las lleva”, es decir que transcurrían entre el 1 de noviembre y el 1 de marzo.

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Textos:
Costa, J. (1918). Apuntes para la Historia Jurídica del Cultivo de la Ganadería en España. Madrid, Jaime Ratés.
Temiño, M. J. (2012). Los Oficios Olvidados en el Norte de Burgos. Valladolid, La Editorial de Urueña.

Fotos de diversos filandones leoneses.

 

 

Capillas de Ánimas, Santucos y Asubiaderos

¿QUÉ SON?

Cualquier viajero que se haya movido por las carreteras de Las Merindades, Cantabria, Asturias y sitios cercanos habrá tenido la oportunidad de fijarse en unas curiosas construcciones algo alejadas de los pueblos, de tamaño diminuto, similares a un chozo de pastores en cuanto a su tamaño pero de mucha mejor factura, con piedra labrada, arco de medio punto y tejado a dos aguas, en cuyo interior suele encontrarse un crucifijo de madera con otros elementos propios de la iconografía cristiana y en ocasiones unas ofrendas en forma de velas o flores. Los mejor conservados cuentan incluso con un cepo para la recogida de limosnas. En Merindades se les llama Capillas de Ánimas o Ánimas a secas y en el resto de Cantabria Santucos con Asubiaderu (“resguardadero”).

Hoy vamos a conocer un poco más sobre el origen, significado y extensión de este tipo de construcciones.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Desde época prerromana y casi hasta nuestros días, fue común la colocación de símbolos religiosos al borde de los caminos. Estos símbolos podían indicar encrucijadas, demarcar territorios, o por el contrario como fue común en época romana se colocaban ex voto, (por un voto) o ex devotione (por devoción) que se tenía a ciertas divinidades como los Lares Viales o los Compitales. Los Lares fueron los dioses romanos que, junto con Júpiter, tuvieron una mayor aceptación en las provincias hispanorromanas y, de manera especial, en el Noroeste peninsular, en contraste con lo que sucedería en el resto del Imperio.

Uno de los mejores ejemplos que conocemos de época romana es un templete ubicado en la cabecera del puente de Alcántara, Cáceres. Está dedicado a Trajano y a los dioses romúleos. Se trata de un pequeño templo de 5,86 metros de largo, 4,10 de ancho y 6,61 de alto con dos columnas toscanas a ambos lados, de piedra de granito y techumbre a dos vertientes. Su planta es rectangular y pertenece al sencillo templo del tipo “in antis”.

El sincretismo cristiano tal vez ayudase a mantener esta devoción en caminos y encrucijadas, creencia que podría haber llegado hasta nuestros días. Hay autores como Gonçalves (1959) o Chaves (1932) que rechazan esta vinculación, no sólo porque entre unos y otros altares haya un lapso temporal de más de mil años, sino por ser muy diferentes las intenciones religiosas: protección de los cultivos y de los viajeros expuestos a los peligros y calamidades de los caminos frente a la muda petición de una oración por las ánimas de los difuntos. Sin embargo, otros como Pérez de Castro (1978) consideran que no es la continuidad del hecho concreto, ni la analogía teleológica la que determina su origen, sino la importancia, la “terca vivacidad” de los cruces de caminos en los cultos paganos y su incorporación por la Iglesia.

ORIGEN

El origen inmediato de las ánimas podemos situarlo en torno al siglo XVI, aunque no será hasta el siglo XVIII cuando se construyan con más profusión. La veneración a las ánimas experimenta un resurgimiento como consecuencia de la Contrarreforma que revitaliza su culto y fomenta su representación simbólica, reaccionando frente al protestantismo que negaba la existencia del purgatorio y por lo tanto el valor de los sufragios, tan del gusto de la iglesia católica. La finalidad de estas construcciones populares era la de ofrecer limosnas de todo tipo (flores, cera, patatas, maíz, pan, aceite…), a las ánimas que no encuentran descanso en el Purgatorio, para que alcancen la felicidad en el Cielo; una vez liberadas intercederán por quien hizo la ofrenda, y este dinero se destina a dar misas por los difuntos.

Su ubicación en las orillas de los caminos o en las encrucijadas es ideal, tanto por su vinculación al mundo sobrenatural (por ejemplo, a la aparición de la procesión de los muertos) como por ser los espacios más propicios para su acción petitoria. Las motivaciones para la creación de estos oratorios, asocian dos aspectos, un beneficio para la comunidad al mantener el recuerdo de las ánimas y contribuir a su redención, y una aportación en forma de buena acción de su fundador que le será de utilidad en el momento de rendir cuentas ante el Altísimo.

“Ánimas del Purgatorio / son las que están a tu puerta / si nos dais una limosna / tendréis la Gloria muy cierta. / ¡Ay, ay, ay! que aquí me abraso / ¡ay, ay, ay! que aquí me quemo / ten piedad de nuestras almas / que están pasando tormentos”

CARACTERISTICAS DISTINTIVAS

Conviene diferenciar este tipo de elementos patrimoniales de otros cercanos con características similares.

Galicia: En este país existen dos grandes tipos de construcciones religiosas viarias: los cruceiros y los petos de ánimas. Cruceiros hay muchos (se calcula que unos 12.000) pero pocos tienen este sentido de honrar a las almas del purgatorio. Siguiendo a Risco, “los hay en cruces de caminos, sustituyendo, quizás, antiguos altares o monumentos paganos dedicados a los Lares Viales o a las divinidades indígenas que los precedieron, los hay que son cruces “de término”, en las lindes de las feligresías o de los antiguos cotos, recordando la antigua consagración de las fronteras; los hay que marcan las estaciones del “vía crucis”, los hay que recuerdan una muerte, o hechos trágicos, como fusilamientos en tiempos de guerras civiles o otras”. Una construcción más próxima serían los petos de ánimas o esmoleiros (esmola=limosna), menos comunes pero presentes también en el paisaje rural gallego. Estos petos sí tendrían el mismo sentido que nuestras capillas de ánimas, pero su morfología es distinta, ya que la imagen suele estar en una pequeña hornacina y no existe un espacio para resguardarse de la climatología. Otro elemento de menor relevancia son los milladoiros o amilladoiros, traducible como humilladero, pero que en Galicia hace referencia exclusivamente a un montículo de piedras que a lo largo de los siglos ha ido formándose en lugares devotos.

En Asturias ya empiezan a aparecer construcciones similares a nuestras ánimas. Se trata de las Capilles de Ánimes u Oratorios de Ánimes, virtualmente idénticos a los ejemplos con los que contamos en Las Merindades y ubicados en los mismos sitios. Existen también otros varios ejemplos de arquitectura religiosa popular, entre los que destacan las cruces, llamadas comúnmente oratorios cuando están dedicadas a algún santo o virgen, pero que no suelen representar a las ánimas del Purgatorio. Hay cruces de piedra para el Vía Crucis y también Altarines del Corpus que suelen estar donde llegan procesiones, corpus y otras fiestas. También hay algún miadoiru o humiadoiru, pero no con el significado gallego de montón de piedras sino con el castellano de cruz de piedra (es decir, virtualmente idénticos a los oratorios pero llamados de otro modo). Estos humiadoiros suelen estar ubicados normalmente en el Camino Primitivo a Santiago. Humiadoiros cubiertos con techo y cuatro columnas labradas solo conocemos el de Cudillero, consagrado al Santo Cristo del Humilladero.

Cantabria cuenta con una buena oferta de elementos religiosos de este tipo. A las cruces de piedra, sean cubiertas o no, se las denomina Santucos de Ánimas cuando en la mitad inferior del fuste de la cruz, por norma general, conlleva una representación de las ánimas del Purgatorio, y Cristucos cuando tienen otros motivos que no tienen relación con las ánimas (flagelación y desenclave de Cristo, la Dolorosa,…). Por supuesto también existen las meras cruces de piedra sin decoración y ubicadas a lo largo de un Vía Crucis de una parroquia o en lugares donde han ocurrido hechos trágicos y luctuosos, con o sin literatura sobre los hechos acecidos en el lugar. Pero lo más interesante para nosotros es que toda Cantabria está repleta de santucos de ánimas que en vez de estar en una cruz expuesta a los elementos aparecen resguardados en un asubiadero, donde se protegen de los elementos al estilo de las capillas de ánimas asturianas. Estos asubiaderos con santucu se diferencian de nuestras ánimas o capillas de ánimas exclusivamente en el nombre.

Castilla: La tipología más común es la cruz de piedra, de grandes dimensiones y compuesta por un plinto de uno, dos o tres escalones, una columna con o sin base, de fusta estriada, lisa o con decoraciones alegóricas sobre la que se sitúa un capitel y rematada por la cruz propiamente dicha, a veces con escenas e imágenes grabadas. Los propósitos de estas cruces llamadas comúnmente humilladeros, son muy variados, desde el cuidado de las almas del purgatorio (las menos) hasta funciones administrativas y judiciales (en el caso de antiguas picotas o rollos jurisdiccionales reconvertidos tras la caída del Antiguo Régimen). Algunos de estos humilladeros presentan una protección arquitectónica compuesta por un techo a cuatro aguas y columnas de piedra labrada, adquiriendo una cierta monumentalidad por su tamaño y relevancia artística. También existen humilladeros con aspecto de pequeñas ermitas, pero en cualquier caso suelen ser mucho más grandes y más vistosos que los meros asubiaderos que recogemos en este mapa y que son típicos del ámbito montañés y cantábrico.

EJEMPLOS EN LA CANTABRIA BURGALESA

El presente mapa recoge todas las ubicaciones que conocemos hasta la fecha de este tipo de capillas en Las Merindades. Mapa realizado gracias a los datos facilitados por Eduardo Montañés, Andrés Correo Matas, Borja González y varios otros informantes de Facebook. ¡Gracias a todos!

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A continuación os mostramos una selección de imágenes de distintas capillas de ánimas situadas en nuestra zona.

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Entre Soncillo y Quintanaentello, Valle de Valdebezana.

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Brizuela, Merindad de Valdeporres.

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Casillas, Villarcayo.

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Hornillalastra, Merindad de Sotoscueva.

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Villasana, Valle de Mena (Foto de José Íñigo Otaola).

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Montejo, Alfoz de Bricia.

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Quintanilla, Santa Gadea del Alfoz.

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Munilla, Valle de Valdebezana.

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San Vicente de Villamezán, Valle de Valdebezana.

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Oteo de Losa, Medina de Pomar.

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Virtus, Valle de Valdebezana.

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Linares, Merindad de Sotoscueva.

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El Almiñé, Merindad de Valdivielso.

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Momediano, Medina de Pomar.

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Santa Coloma del Rudrón, Sargentes de La Lora.

Agradecimientos:
Texto gracias a varias páginas web y los comentarios de Angel Neila, Xurde Morán y Eduardo Montañés.

Bibliografía:
Sánchez Trujillano, M. T. y Gómez Martínez, J. R. (1978). «Los santucos montañeses». Narria: Estudios de artes y costumbres populares (12): 33-35.
Sánchez Trujillano, M. T. (1976). «Humilladeros de La Montaña. Los “Santucos de las Ánimas”». Publicaciones del Instituto de Etnografía y Folklore Hoyos Sainz (VIII): 259-276.

 

 

 

 

Variedades autóctonas de maíz o borona

Hubo un tiempo no muy lejano en el que en Las Merindades se plantaba mucho maíz (tal vez llamado borona por Mena). Miñano y Madoz en sus diccionarios del s XIX nos dan fe de esto, al mencionar que casi en cada pueblo de la comarca se plantaba maíz en aquellos años. Este cultivo fue perdiéndose en nuestra zona hasta llegar a ser hoy día prácticamente inexistente.

En cualquier caso, siempre es bonito ver cómo unos pocos intentan conservar las variedades “autóctonas” y evitar que todo termine siendo un monocultivo del típico híbrido amarillo que podemos encontrar en cualquier sitio.

Fotos de Eva Luna recogiendo diferentes variedades tradicionales de La Montaña.

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