Celtas, celtíberos y celto-atlánticos

“La Península Ibérica es uno de los territorios célticos por excelencia, lo que confirma la información proporcionada por las fuentes literarias, con noticias sobre pueblos, como los celtíberos o los célticos, cuyos nombres no dejan lugar a dudas respecto a tal filiación, o los abundantes documentos epigráficos que ponen de manifiesto la existencia de, al menos, una lengua céltica en el territorio peninsular, el celtibérico, cuyos testimonios se concentran hacia la Meseta Oriental y el Valle Alto y Medio del Ebro, esto es, la Celtiberia y los territorios adyacentes. En este panorama, las tierras del occidente peninsular tienen un gran interés, pues no en vano las primeras referencias a los celtas —keltoi— aparecen en la obra de Herodoto, en el siglo V a.C., refiriéndose a los habitantes de las zonas más occidentales de Europa, incluyendo las tierras del suroeste de Iberia. A partir de ese momento, la presencia de pueblos de filiación céltica en el occidente de la Península Ibérica está suficientemente probada, a partir de la información proporcionada por las fuentes literarias, los documentos epigráficos en lenguas indígenas, la onomástica de diverso tipo y la Arqueología. El análisis conjunto de tales evidencias, muchas de ellas tardías, al estar referidas a los dos siglos anteriores al cambio de era, cuando no incluso a la etapa inmediatamente posterior, permiten vislumbrar un panorama enormemente complejo, en el que no siempre resulta fácil integrar tan variados elementos.” (Lorrio, 2011).

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“En el extenso territorio del occidente atlántico ibérico que se extiende entre el Tajo y el Mar Cantábrico encontramos posturas académicas encontradas, sobre todo por lo que respecta al ámbito galaico. En esta zona la investigación se plantea, básicamente, desde dos posiciones radicales, que por lo común no aceptan un debate crítico (véase, Ruiz Zapatero, 2005). Por un lado, la que sólo quiere hablar de datos arqueológicos galaicos —que en general no permiten detectar la presencia de celtas en la zona—, sin aceptar una contrastación con los datos de las fuentes clásicas, los paleolingüísticos, los religiosos y los ideológicos. Por el otro, la que construye un discurso a partir de las referencias clásicas, los datos lingüísticos, ideológicos, religiosos y aún etnográficos, que permiten identificar una fuerte presencia céltica en el Noroeste, aunque en muchos casos forman una amalgama no siempre bien estructurada, sobre todo por lo que se refiere a la interpretación de la información arqueológica, lo que dificulta el sostenimiento de un discurso histórico coherente que integre todo este tipo de evidencias; la situación sólo ayuda a situar la cuestión de la celtización del Noroeste fuera del tablero de la investigación académica, y lo que todavía resulta peor, lo deja abierto a la manipulación en manos de pseudoinvestigadores y celtómanos.” (Lorrio, 2011)

“Una premisa previa es la necesaria separación entre el desarrollo de la cultura arqueológica de La Tène y las lenguas célticas, señalada por Kristiansen (2001). En opinión de este autor (ver también James 2005), las lenguas celtas habrían aparecido con anterioridad a la cultura de La Tène, sobreviviéndola. Estaríamos, por tanto, ante dos procesos que se desarrollaron en dos áreas distintas de Europa y en dos momentos diferentes: frente al origen centroeuropeo de la cultura material tradicionalmente considerada como celta, las lenguas pertenecientes al grupo céltico se habrían originado en el sector atlántico y occidental de Europa, quizás durante el llamado Bronce Atlántico. El desarrollo de estas lenguas, como opina Cunliffe (2001, 1997), pudo haber sido paralelo al de los contactos atlánticos hasta el momento en que las lenguas célticas alcanzaron su forma distintiva en el Bronce Final, período de mayor intensidad de dichos contactos, constituyendo, así, uno de los elementos característicos del celtismo atlántico defendido por Cunliffe. Con el paso del tiempo, estos dos aspectos de lo que tradicionalmente se interpretó como la cultura celta, la lengua y la cultura material, se habrían difundido desde sus núcleos originales siguiendo una ruta inversa: la lengua de O a E y la cultura material de E a O, hasta abarcar todo el territorio centroeuropeo que tradicionalmente se ha interpretado como la cuna de los pueblos celtas.” (González y Parcero, 2007).

Mapas adaptados del (A) modelo clásico de celtización/celiberización en “mosaico” de la Península Ibérica desde el área nuclear celtibérica (Almagro-Gorbea) y (B) modelo celta lingüístico (González y Parcero, 2007).

 

BIBLIOGRAFIA
Lorrio, A.J. (2011). Los celtas en el occidente de Iberia, en Ruiz Zapatero, G. y Álvarez Sanchís, J. (eds.): Castros y Verracos. Las Gentes de la Edad del Hierro en el Occidente de Iberia, Avila, 45-101.
González, F.J.; Parcero, C. (2007): Bases para el estudio de la etnogénesis galaica. Pasado y presente de los estudios celtas, Ortigueira: 535-562.

 

 

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Las Reuniones sociales de antaño: Hilas, Veladeros e Hilanderos

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“El Filandón” de Luis Álvarez Catalá (1872)

“[En la Merindad de Valdeporres] llámase LA HILA á una reunión de gentes de todas clases, que se practica durante el tiempo crudo de invierno. Esta tiene lugar en una determinada casa, cuyo local utiliza la gente joven para bailar los domingos, y en los demás días de la semana se hila, cose y se ocupan en otros menesteres; allí se habla de todo, se murmura, se reza, se critica y se cuentan anécdotas y chascarrillos no siempre útiles y del mejor gusto, dado lo picaresco de las frases. En este género de reuniones se practica mucho lo que llaman la «parva», ó sea, á la terminación de la velada liban unas copas de aguardiente en señal de despedida, que es siempre pagado por las mujeres, aun cuando á la reunión asistan hombres. Esta costumbre, todavía en práctica, va decreciendo.

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También reuníanse las mujeres en la preparación de la hebra de ciertas plantas textiles para «la hila». El «espadar» consiste, en que con una especie de cuchilla ó espada de madera van dando golpes en la caña ó tallo del lino, para hacer saltar y desprenderse la parte leñosa de la textil, sacar la estopa, que más tarde ha de ser hilada y convertida en lienzo, que se emplea en camisas y otros usos domésticos. Esta práctica acaba de desaparecer, á virtud, sin duda, de lo trabajosa y molesta que resultaba esta pequeña industria, dado la baratura que hoy alcanzan los tejidos de algodón y la facilidad de su transporte. Las mujeres de la Merindad que nos ocupa han perdido una parte de sus ingresos con la desaparición de aquel tejido, pues que antiguamente iban á espadar, mediante estipulada retribución, á la provincia de Santander unas, á Vizcaya otras, al igual que van á sallar la tierra, así como los hombres van á segar con el dalle, dolió ó guadaña la hierba de los prados vizcaínos, y los jóvenes á Rioja, para las vendimias, y durante el invierno á otros países para elaborar aceite.”

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“Estas actividades, vinculadas con el hilado de la lana o del lino, generaban relaciones entre las mujeres ocupadas en este trabajo, dando lugar a los ‘veladeros’, denominación usada en Ahedo de Butrón. Así lo explica el pastor de Cernégula, de su libro he recogido estas palabras:

Los VELADEROS eran los sitios donde hilaban el lino y lo cardaban. Sembraban mucho lino los de Ahedo. Cuando ya lo segaban lo llevaban a Pesquera o a Tubilleja para dejarlo a remojo en el río, en el Ebro. Igual había en Ahedo cinco o seis veladeros, siempre en los mismos sitios: El del difunto Anselmo y el de Lorenzo, que eran cuñados, el del sacristán, el del cura y el de unas señoras que las llamaban las de Haro. A los veladeros iban las mujeres a hilar, tenían un palo con una horquilla, metían en un gancho el copo. Después, hilaban dando vueltas. Igual íbamos también los hombres y los mozos. Bajaban de la tenada, venías con la intención de pasar un buen rato en los veladeros.

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En Valhermosa de Valdivielso íbamos al HILANDERO, todas las mujeres a hilar, los hombres cantaban. La lana se lavaba en el arroyo, había que escarmenar, ahuecar, cuando está en vellón, para después hilarla. Se hilaba y se torcía, sino se rompe.”

A estas reuniones de invierno se las llamaba hilas o jilas en otras partes de Cantabria. En Asturias y León, seranos, calechos o filandones (declarado como BIC inmaterial en 2010), en Galicia fiandóns, fías, fiadeiros, fiadas… Palabras relacionadas con la actividad principal para la que fueron creadas: juntarse las mujeres para elaborar el hilo de lino o lana con el que después tejer prendas.

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Las mujeres atraían a los hombres y al poco terminaron siendo reuniones donde se tocaba música, se comía y se bebía algo, se contaban historias de ayer y de hoy y se socializaba la gente del pueblo, mientras cada vecino se mantenía ocupado con alguna labor de interior.

Sobre su duración y momento del año, siempre se dijo: “Los Santos las traen y el Angel las lleva”, es decir que transcurrían entre el 1 de noviembre y el 1 de marzo.

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Textos:
Costa, J. (1918). Apuntes para la Historia Jurídica del Cultivo de la Ganadería en España. Madrid, Jaime Ratés.
Temiño, M. J. (2012). Los Oficios Olvidados en el Norte de Burgos. Valladolid, La Editorial de Urueña.

Fotos de diversos filandones leoneses.

 

 

Capillas de Ánimas, Santucos y Asubiaderos

¿QUÉ SON?

Cualquier viajero que se haya movido por las carreteras de Las Merindades, Cantabria, Asturias y sitios cercanos habrá tenido la oportunidad de fijarse en unas curiosas construcciones algo alejadas de los pueblos, de tamaño diminuto, similares a un chozo de pastores en cuanto a su tamaño pero de mucha mejor factura, con piedra labrada, arco de medio punto y tejado a dos aguas, en cuyo interior suele encontrarse un crucifijo de madera con otros elementos propios de la iconografía cristiana y en ocasiones unas ofrendas en forma de velas o flores. Los mejor conservados cuentan incluso con un cepo para la recogida de limosnas. En Merindades se les llama Capillas de Ánimas o Ánimas a secas y en el resto de Cantabria Santucos con Asubiaderu (“resguardadero”).

Hoy vamos a conocer un poco más sobre el origen, significado y extensión de este tipo de construcciones.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Desde época prerromana y casi hasta nuestros días, fue común la colocación de símbolos religiosos al borde de los caminos. Estos símbolos podían indicar encrucijadas, demarcar territorios, o por el contrario como fue común en época romana se colocaban ex voto, (por un voto) o ex devotione (por devoción) que se tenía a ciertas divinidades como los Lares Viales o los Compitales. Los Lares fueron los dioses romanos que, junto con Júpiter, tuvieron una mayor aceptación en las provincias hispanorromanas y, de manera especial, en el Noroeste peninsular, en contraste con lo que sucedería en el resto del Imperio.

Uno de los mejores ejemplos que conocemos de época romana es un templete ubicado en la cabecera del puente de Alcántara, Cáceres. Está dedicado a Trajano y a los dioses romúleos. Se trata de un pequeño templo de 5,86 metros de largo, 4,10 de ancho y 6,61 de alto con dos columnas toscanas a ambos lados, de piedra de granito y techumbre a dos vertientes. Su planta es rectangular y pertenece al sencillo templo del tipo “in antis”.

El sincretismo cristiano tal vez ayudase a mantener esta devoción en caminos y encrucijadas, creencia que podría haber llegado hasta nuestros días. Hay autores como Gonçalves (1959) o Chaves (1932) que rechazan esta vinculación, no sólo porque entre unos y otros altares haya un lapso temporal de más de mil años, sino por ser muy diferentes las intenciones religiosas: protección de los cultivos y de los viajeros expuestos a los peligros y calamidades de los caminos frente a la muda petición de una oración por las ánimas de los difuntos. Sin embargo, otros como Pérez de Castro (1978) consideran que no es la continuidad del hecho concreto, ni la analogía teleológica la que determina su origen, sino la importancia, la “terca vivacidad” de los cruces de caminos en los cultos paganos y su incorporación por la Iglesia.

ORIGEN

El origen inmediato de las ánimas podemos situarlo en torno al siglo XVI, aunque no será hasta el siglo XVIII cuando se construyan con más profusión. La veneración a las ánimas experimenta un resurgimiento como consecuencia de la Contrarreforma que revitaliza su culto y fomenta su representación simbólica, reaccionando frente al protestantismo que negaba la existencia del purgatorio y por lo tanto el valor de los sufragios, tan del gusto de la iglesia católica. La finalidad de estas construcciones populares era la de ofrecer limosnas de todo tipo (flores, cera, patatas, maíz, pan, aceite…), a las ánimas que no encuentran descanso en el Purgatorio, para que alcancen la felicidad en el Cielo; una vez liberadas intercederán por quien hizo la ofrenda, y este dinero se destina a dar misas por los difuntos.

Su ubicación en las orillas de los caminos o en las encrucijadas es ideal, tanto por su vinculación al mundo sobrenatural (por ejemplo, a la aparición de la procesión de los muertos) como por ser los espacios más propicios para su acción petitoria. Las motivaciones para la creación de estos oratorios, asocian dos aspectos, un beneficio para la comunidad al mantener el recuerdo de las ánimas y contribuir a su redención, y una aportación en forma de buena acción de su fundador que le será de utilidad en el momento de rendir cuentas ante el Altísimo.

“Ánimas del Purgatorio / son las que están a tu puerta / si nos dais una limosna / tendréis la Gloria muy cierta. / ¡Ay, ay, ay! que aquí me abraso / ¡ay, ay, ay! que aquí me quemo / ten piedad de nuestras almas / que están pasando tormentos”

CARACTERISTICAS DISTINTIVAS

Conviene diferenciar este tipo de elementos patrimoniales de otros cercanos con características similares.

Galicia: En este país existen dos grandes tipos de construcciones religiosas viarias: los cruceiros y los petos de ánimas. Cruceiros hay muchos (se calcula que unos 12.000) pero pocos tienen este sentido de honrar a las almas del purgatorio. Siguiendo a Risco, “los hay en cruces de caminos, sustituyendo, quizás, antiguos altares o monumentos paganos dedicados a los Lares Viales o a las divinidades indígenas que los precedieron, los hay que son cruces “de término”, en las lindes de las feligresías o de los antiguos cotos, recordando la antigua consagración de las fronteras; los hay que marcan las estaciones del “vía crucis”, los hay que recuerdan una muerte, o hechos trágicos, como fusilamientos en tiempos de guerras civiles o otras”. Una construcción más próxima serían los petos de ánimas o esmoleiros (esmola=limosna), menos comunes pero presentes también en el paisaje rural gallego. Estos petos sí tendrían el mismo sentido que nuestras capillas de ánimas, pero su morfología es distinta, ya que la imagen suele estar en una pequeña hornacina y no existe un espacio para resguardarse de la climatología. Otro elemento de menor relevancia son los milladoiros o amilladoiros, traducible como humilladero, pero que en Galicia hace referencia exclusivamente a un montículo de piedras que a lo largo de los siglos ha ido formándose en lugares devotos.

En Asturias ya empiezan a aparecer construcciones similares a nuestras ánimas. Se trata de las Capilles de Ánimes u Oratorios de Ánimes, virtualmente idénticos a los ejemplos con los que contamos en Las Merindades y ubicados en los mismos sitios. Existen también otros varios ejemplos de arquitectura religiosa popular, entre los que destacan las cruces, llamadas comúnmente oratorios cuando están dedicadas a algún santo o virgen, pero que no suelen representar a las ánimas del Purgatorio. Hay cruces de piedra para el Vía Crucis y también Altarines del Corpus que suelen estar donde llegan procesiones, corpus y otras fiestas. También hay algún miadoiru o humiadoiru, pero no con el significado gallego de montón de piedras sino con el castellano de cruz de piedra (es decir, virtualmente idénticos a los oratorios pero llamados de otro modo). Estos humiadoiros suelen estar ubicados normalmente en el Camino Primitivo a Santiago. Humiadoiros cubiertos con techo y cuatro columnas labradas solo conocemos el de Cudillero, consagrado al Santo Cristo del Humilladero.

Cantabria cuenta con una buena oferta de elementos religiosos de este tipo. A las cruces de piedra, sean cubiertas o no, se las denomina Santucos de Ánimas cuando en la mitad inferior del fuste de la cruz, por norma general, conlleva una representación de las ánimas del Purgatorio, y Cristucos cuando tienen otros motivos que no tienen relación con las ánimas (flagelación y desenclave de Cristo, la Dolorosa,…). Por supuesto también existen las meras cruces de piedra sin decoración y ubicadas a lo largo de un Vía Crucis de una parroquia o en lugares donde han ocurrido hechos trágicos y luctuosos, con o sin literatura sobre los hechos acecidos en el lugar. Pero lo más interesante para nosotros es que toda Cantabria está repleta de santucos de ánimas que en vez de estar en una cruz expuesta a los elementos aparecen resguardados en un asubiadero, donde se protegen de los elementos al estilo de las capillas de ánimas asturianas. Estos asubiaderos con santucu se diferencian de nuestras ánimas o capillas de ánimas exclusivamente en el nombre.

Castilla: La tipología más común es la cruz de piedra, de grandes dimensiones y compuesta por un plinto de uno, dos o tres escalones, una columna con o sin base, de fusta estriada, lisa o con decoraciones alegóricas sobre la que se sitúa un capitel y rematada por la cruz propiamente dicha, a veces con escenas e imágenes grabadas. Los propósitos de estas cruces llamadas comúnmente humilladeros, son muy variados, desde el cuidado de las almas del purgatorio (las menos) hasta funciones administrativas y judiciales (en el caso de antiguas picotas o rollos jurisdiccionales reconvertidos tras la caída del Antiguo Régimen). Algunos de estos humilladeros presentan una protección arquitectónica compuesta por un techo a cuatro aguas y columnas de piedra labrada, adquiriendo una cierta monumentalidad por su tamaño y relevancia artística. También existen humilladeros con aspecto de pequeñas ermitas, pero en cualquier caso suelen ser mucho más grandes y más vistosos que los meros asubiaderos que recogemos en este mapa y que son típicos del ámbito montañés y cantábrico.

EJEMPLOS EN LA CANTABRIA BURGALESA

El presente mapa recoge todas las ubicaciones que conocemos hasta la fecha de este tipo de capillas en Las Merindades. Mapa realizado gracias a los datos facilitados por Eduardo Montañés, Andrés Correo Matas, Borja González y varios otros informantes de Facebook. ¡Gracias a todos!

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A continuación os mostramos una selección de imágenes de distintas capillas de ánimas situadas en nuestra zona.

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Entre Soncillo y Quintanaentello, Valle de Valdebezana.

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Brizuela, Merindad de Valdeporres.

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Casillas, Villarcayo.

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Hornillalastra, Merindad de Sotoscueva.

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Villasana, Valle de Mena (Foto de José Íñigo Otaola).

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Montejo, Alfoz de Bricia.

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Quintanilla, Santa Gadea del Alfoz.

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Munilla, Valle de Valdebezana.

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San Vicente de Villamezán, Valle de Valdebezana.

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Oteo de Losa, Medina de Pomar.

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Virtus, Valle de Valdebezana.

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Linares, Merindad de Sotoscueva.

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El Almiñé, Merindad de Valdivielso.

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Momediano, Medina de Pomar.

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Santa Coloma del Rudrón, Sargentes de La Lora.

Agradecimientos:
Texto gracias a varias páginas web y los comentarios de Angel Neila, Xurde Morán y Eduardo Montañés.

Bibliografía:
Sánchez Trujillano, M. T. y Gómez Martínez, J. R. (1978). «Los santucos montañeses». Narria: Estudios de artes y costumbres populares (12): 33-35.
Sánchez Trujillano, M. T. (1976). «Humilladeros de La Montaña. Los “Santucos de las Ánimas”». Publicaciones del Instituto de Etnografía y Folklore Hoyos Sainz (VIII): 259-276.

 

 

 

 

Principales tipologías de carro chillón en el Noroeste Ibérico

 

Un carro chillón es aquel que lleva las ruedas unidas a un eje. En consecuencia cuando el carro se mueve, el eje gira con las ruedas por debajo del carro, produciendo un característico y distintivo sonido parecido al de un chillido.

Por el contrario, en el carro de radios típico lo único que gira son las ruedas. Ambos tipos son muy distintos en varios otros aspectos. Aunque hay muchas variantes, puede decirse que el carro de radios suele ser arrastrado por caballerías, es una evolución posterior al chillón, y procede de la meseta. Por el contrario el carro chillón es arrastrado por vacas o bueyes, se considera más antiguo para usos agrarios (se han encontrado restos de la Edad de Bronce en Europa Occidental) y ha pervivido en la península en zonas de montaña, apartadas de influencias culturales de otros sitios.

La tipología de estos carros y de sus ruedas permite distinguir varios modelos distribuidos de forma diferente pero bien definida por toda la Montaña Cantábrica.

Caro Baroja fue el primer autor que establecio una tipología de los diferentes carros chillones del nororeste atendiendo fundamentalmente al diseño de sus ruedas. Siguiendo esa misma tipología, hemos establecido una clasificación en cinco grandes grupos que describimos a continuación.

1. Carro Tramontano: Típico de la zona de Tras-Os-Montes, Portugal. Se caracteriza por presentar dos ojos de tamaño variable pero completamente circulares, uno a cada lado del buje.

2. Carro Gallego: Típico de casi toda la zona gallegohablante y occidente del norte de Portugal. Presenta dos ojos, normalmente de mayor tamaño que en el tipo tramontano, y en forma más o menos cercana a una media luna.

3. Carro Cantábrico: Característico de buena parte de Asturias, Cantabria y zona no euskaldun del País Vasco. Su rueda, llamada “de rejas” es la que menos madera y más hierro utiliza.

4. Carro Leonés. Típico de la mitad sur de la Cordillera Cantábrica. Se caracteriza por presentar cuatro ojos de forma más o menos ovalada. Los más abundantes ejemplos actuales se conservan en la provincia de León, aunque estuvo extendida también por la Montaña Palentina y Campoo, llegando hasta el occidente de las Merindades.

5. Carro Vasco. Ruedas de madera maciza, sin ojos. Típico de la zona euskaldun del País Vasco y Navarra.

Existen muchas otras variantes locales o comarcales (ruedas enteramente hechas de hierro en Portugal y Galicia, ruedas sin ojos o con cuatro radios en Asturias, varias otras variantes en Cantabria, etc..), pero en este mapa solo se han incluido los cinco tipos más extendidos geográficamente.

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Este mapa recoge la extensión aproximada de las principales tipologías de carro chillón que han existido hasta mediados del siglo XX en el Noroeste Ibérico.

 

EL CARRO CHILLÓN EN MERINDADES

La comarca de Merindades se divide, como en tantas otras cosas etnográficas, entre una parte occidental que podría adscribirse a la tipología leonesa y una parte oriental (Valles de Mena, Losa y Tobalina) con ruedas de tipología cantábrica.

En todo el sur de la cordillera cantábrica parece haber predominado la rueda de tipo “leonés”, caracterizada por tener cuatro pequeños vanos de forma ovalada realizados en la rueda maciza. El mayor número de ejemplos vivos que existen hoy día de esta rueda se localizan en la comarca de La Cabreira leonesa (situada junto a Galicia y Zamora), aunque está bien documentada su existencia en todo León (incluida la capital), Montaña Palentina y Campoo.

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Esta pintura en la ERMITA DE SAN BERNABÉ (Merindad de Sotoscueva) datada en 1705 muestra un carro de tipología leonesa y demuestra que este tipo de rueda fue utilizada también en Merindades.

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Foto de Elías Rubio.

 

Este otro ejemplo, de Arija, es más reciente:

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Inauguración de la Cristalera de Arija en 1906. Foto de Mariano Alonso a través de Arija.org.

 

Existe un documento aún más reciente recogido en la Filmoteca Española relativo a la Fiesta del Rosario del Valle de Valdivielso de 1949 en el que aparece otro ejemplo de este tipo de carros.

 

Como comentábamos más arriba, en la mitad oriental de Merindades (valles de Mena, Montija, Losa, Tobalina…) estuvo difundido el carro con rueda de rejas, probablemente debido a la existencia de talleres en el Valle de Ayala, que difundieron estos carros por los valles cercanos. En las pinturas de Ojo Guareña también hay un par de escenas en las que aparecen carros con ruedas de este tipo.

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El Ebro entre los pueblos de Medianedo y Arroyo, Campoo. 1926. Foto de Adolfo Rapp a través de Arija.org.

Este tipo de rueda (y de carro) se mantuvo en uso hasta tiempos más recientes, ya con las ruedas adaptadas para girar independientemente del eje. Se conservan interesantes ejemplos vivos por toda la comarca, fundamentalmente por el este:

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El Berrón, Valle de Mena.

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Orrantia, Valle de Mena.

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Entrambasaguas, Valle de Mena.

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Santecilla, Valle de Mena.

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Virtus, Valle de Valdebezana.

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Villaventín, Junta de Traslaloma.

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Cubillos de Losa, Junta de Traslaloma.

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Villacián, Valle de Losa.

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Barcina del Barco, Valle de Tobalina.

Bibliografía:

Caro Baroja, J. (1943). Los Pueblos del Norte de la Península Ibérica (Análisis histórico-cultural), Madrid.
Echegaray, J. G. (1969). Aportación al estudio del carro chillón en Cantabria. Santander, V. I, Publicaciones del Instituto de Etnografía y Folklore «Hoyos Sáinz».
Mingote, J. L. (2008). Forcados y Carros. León: Diario de León.

 

 

 

 

 

 

 

 

Introducción a la Genética de Poblaciones. El marcador R1b-DF27

La genética de poblaciones humanas es una rama de la biología que intenta describir, entre muchas otras cosas, cómo ha ido evolucionando y desplazándose la población humana a lo largo de la historia. Cuando se trata de explicar nuestro pasado, este ámbito científico es de enorme interés porque nos arroja luz sobre todos aquellos aspectos de nuestro pasado que tienen una sólida base poblacional y no solo meramente cultural.

Un ejemplo clásico de producto cultural es el lenguaje. La adquisición y extensión de una lengua es un producto básicamente cultural y no todos sus hablantes tienen por qué compartir la misma herencia genética. El hecho de que un indígena de Los Yungas de Bolivia tenga como lengua materna el español no lo convierte en genéticamente similar a un habitante de la península. Lo mismo puede concluirse de cualquier lengua, incluida el vasco. Porque las lenguas son todas productos culturales.

Un segundo aspecto que conviene aclarar es que la genética de las poblaciones en absoluto conlleva connotaciones que pudieran ser tildadas o utilizadas por alguien con fines racistas, ya que a esta rama del saber no le interesa en absoluto los orígenes específicos que tiene una persona concreta a nivel genético. Le da igual si Fulanito Pérez, natural de Sevilla, tiene un origen escandinavo o no. Trabaja con grandes números. Parte de la base de que cualquier población de cualquier territorio está hoy día “muy mezclada” y en lo que se centra es en extraer conclusiones sobre el PORCENTAJE de ocurrencia de tal o cual gen específico en un gran número de personas representativas de un sitio, con la finalidad última de conocer más sobre nuestro pasado, los desplazamientos de la gente y la INFLUENCIA POBLACIONAL en la conformación de una sociedad y una cultura concretas.

Estos estudios se basan en el hecho de todos nuestros genes van sufriendo ligerísimas mutaciones con el paso del tiempo. Y ocurre que en la especie humana tenemos dos genes concretos que son muy interesantes para analizar nuestra evolución porque solo se transmiten a través de nuestros padres y madres. En concreto, los cambios que se producen a lo largo del tiempo en ciertas partes (llamadas haplogrupos) del cromosoma sexual masculino Y (ADN-Y) se utilizan para conocer cómo han ido evolucionando genéticamente nuestros antepasados masculinos, mientras que los cambios en el ADN que tenemos todos en las mitocondrias de cada célula (ADN mt) son los utilizados hoy día para conocer lo mismo en el caso de nuestros ancestros femeninos, ya que solo se transmiten por línea matrilineal. Analizando las sucesivas mutaciones de estos haplogrupos se pueden trazar mapas bastante precisos sobre cuándo, desde dónde y hacia dónde han ido desplazándose las poblaciones humanas durante la prehistoria e incluso la historia.

La genética de poblaciones es uno de los campos científicos más efervescentes de la actualidad, en el que se están produciendo avances notables cada año. Hoy día se sabe que la población ibérica masculina pertenece mayoritariamente al haplogrupo R1b. Esto nos vincula al resto de la Europa Occidental Atlántica, donde también este haplogrupo es predominante (Irlanda (81%), Gales (74%), Escocia (72,5%), España (69%), Inglaterra (67%), Bélgica (61%), Francia (58,5%), Portugal (56%), Suiza (50%), y porcentajes cercanos al 50% en Holanda (49%) y Alemania (44,5%), datos de Eupedia). Esta mutación surgió a partir del haplogrupo R en Oriente Medio durante el Paleolítico, hace casi unos 20.000 años. El R1b siguió experimentando variaciones (M269 ya en Europa oriental, L11, U106…) y al principio de la Edad de los Metales apareció la mutación S116 en el sur de Francia que dio origen posteriormente a las dos principales ramas que se han localizado hoy día en el oeste de Europa: la Celto-Atlántica (R1b-L21/M529) y la Ibérico-vasca (R1b-DF27).

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La subdivisión R1b-L21 (también llamada M529) es el haplogrupo que mejor define a los pueblos de las Islas Británicas (Irlanda (54%), Bretaña (52%), etc.). No se conoce el lugar exacto donde se originó aunque se cree que fue en algún punto de la actual Francia y hace unos 3800 años. En España presenta las más altas frecuencias en Galicia (8%), Asturias (6%) y Cantabria (6%) (Datos de Valverde 2016; N=63 – 146). Como vemos, porcentajes que están lejos de ser significativos y que alejan a los gallegos, cántabros o vascos de los habitantes de las Islas Británicas.

El haplogrupo R1b-DF27, que hemos llamado Ibérico-vasco (equivalente al galo-ibérico de Eupedia) es tal vez el más interesante para nosotros. Y esto es así porque es la subdivisión del R1b que mejor nos define. En torno a un 42% de todos los hombres de cualquier rincón ibérico llevan este marcador en sus genes. Y entre los vascos nativos el porcentaje aumenta al 74% (Solé Morata et al, 2017). En otros vecinos europeos el porcentaje es mucho menor: Francia (11%), Gran Bretaña (15%) o Irlanda (1%).

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Esta variante R1b-DF27 se originó hace sólo unos 4200 años, es decir al principio de la Edad de los Metales. Debió surgir en el noreste de la península, actual Cataluña (véase imagen). A pesar de su elevada frecuencia actual en el País Vasco, las medidas internas de diversidad y las estimaciones de la antigüedad son más bajas en los vascos que en cualquier otra población, lo que descarta esta región como punto de origen de la variante (Solé-Morata, 2017). Lo que debió ocurrir en el País Vasco es que unos pocos individuos con este marcador quedaron aislados en algún momento del pasado y no sufrieron influencias genéticas posteriores.

El R1b-DF27 siguió sufriendo mutaciones posteriores, algunas de las cuales han sido rastreadas y han permitido establecer interesantes conclusiones, como que la subdivisión Z195 se localiza en la zona vasco-ibérica pero apenas tiene presencia en el oeste peninsular, por lo que toda esta zona de Galicia, Asturias y Portugal deben estar albergando algún otro subtipo de R1b-DF27 aún no descubierto.

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Para saber más:

Solé-Morata, N. et al. (2017). Analysis of the R1b-DF27 haplogroup shows that a large fraction of Iberian Y-chromosome lineages originated recently in situ. Scientific Reports, 7, 7341. doi:10.1038/s41598-017-07710-x

Valverde, L. et al. (2016). New clues to the evolutionary history of the main European paternal lineage M269: dissection of the Y-SNP S116 in Atlantic Europe and Iberia. Eur J Hum Genet., 24(3), 437–441. doi: 10.1038/ejhg.2015.114.

www.eupedia.org

 

 

 

Breve apunte histórico sobre Valpuesta y San Zadornil

Valpuesta es un pueblo del este de las Merindades ciertamente peculiar. Por varios motivos.

1. Acoge un monasterio en el que se escribieron las primeras palabras en castellano que han llegado hasta nuestros días (s.X). En concreto “kaballos” donde hasta entonces ponía “caballi”, “molino” en vez de “mulinum”, “calçada” en vez de “calciata”, “pozal” en lugar de “puteale” y “iermanis” en vez de “fratres”.

2. En época del Reino de Asturias contó con un obispado que ejerció su influencia por buena parte de Cantabria, Merindades, Vizcaya y Álava, el segundo del reino después del de Oviedo, fundado por el rey Alfonso II de Asturias, y que pervivió desde 804 hasta 1087.

3. Tal vez por haber sido una de las sedes episcopales geminales del posterior obispado de Burgos (creado por Alfonso VI de León en 1075), se mantuvo estrechamente vinculado a esta diócesis en siglos sucesivos, perteneciendo junto con Berberana al relativamente lejano Partido de La Bureba (Diócesis de Oca), Corregimiento de Burgos y no al Partido de Castilla Vieja en Burgos al que perteneció toda la parte este de Merindades antaño bajo dominio directo de los Condestables de Castilla (San Zadornil, Villalba de Losa, Medina de Pomar, Tobalina, Frías), ni mucho menos al Partido de Castilla Vieja en Laredo, cuya capital era Villarcayo.

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Foto de Roberto Pinedo.

 

Hoy en día constituye, junto con San Zadornil, una especie de isla geográfica perteneciente a Merindades en medio del resto del valle alavés del Omecillo.

Al respecto, cabe señalar en primer lugar que toda Valdegovía fue parte de la Castilla nuclear, perteneciendo en el aspecto contributivo a la Merindad de Castilla la Vieja desde que existen registros históricos hasta el siglo sXVI, judicialmente al Corregimiento de Villarcayo hasta el s XVIII y eclesiásticamente a la Diócesis de Burgos hasta 1951.

Por ello, lo más llamativo tal vez sea por qué Valpuesta y la Jurisdicción de San Zadornil no se incorporaron a ese proceso de desgajamiento del resto de Las Merindades como hicieron el resto de vecinos del valle. No existe la menor investigación pormenorizada al respecto, aunque sospechamos que tiene que ver con la distinta titularidad de cada enclave y la poderosa mano de los Velasco (caso de San Zadornil) y el Obispado de Burgos (en el caso de Valpuesta). En concreto, San Zadornil pasó a ser Tierras del Condestable en 1312-1392 (Arribas, 2016).

Hace unos meses veíamos que este mismo factor determinó el límite administrativo actual entre Campoo-Valderredible y el oeste de las Merindades, culturalmente indistinguibles.

 

 

 

Mayuetas, marmuyetas, metras, amaitas

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Foto de Geli Llaguno.

 

Significado: Fresa silvestre (Fragaria vesca).

Ámbito: Cantabria, Oriente de Asturias, Montaña Palentina, Merindades, Encartaciones y La Rioja.Origen: Nombre antiguo y dialectal de la fresa (fresa es un galicismo). Es voz prerromana, céltica (*maioθa/*maiosta) según Corominas, con variantes en catalán, occitano y en la Italia céltica.

Fuentes:
http://centros3.pntic.mec.es/cp.cisneros/cantabria6.htm
https://es.wiktionary.org/wiki/Wikcionario:Cantabru_m

 

ATLAS LINGÜÍSTICO DE LA FRESA SILVESTRE EN EL ÁMBITO CÁNTABRO

Os presentamos un mapa en el que hemos tratado de recopilar, sintetizar y sistematizar la ingente cantidad de información que amablemente nos habéis proporcionado sobre cómo se llama a la fresa silvestre en cada sitio a través de las redes sociales. Más de 40.000 personas vieron nuestra entrada y más de 200 aportaron comentarios que nos permitieron construir el siguiente mapa.

Esperamos que sea de vuestro interés y agrado. Si observáis algún fallo, hacérnoslo saber para corregirlo. Saludos y muchas gracias a todos.

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Un dicho referido a esta planta es “Abril setas, mayo mayuetas y San Juan raspaetas (arándanos)”

Antes se solían comer cuando se cuidaban a los animales en el campo. Son tan pequeñas que comer de una en una no da para nada, así que solía cogerse una hierba alta, pincharlas por el centro y cuando se tenían muchas llevarlas a casa para los niños o comerlas uno mismo.

Hoy en día muchos lo siguen haciendo así mientras van de paseo, pasando un rato agradable además de sano y nutritivo.

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Foto de Cecilia Gutiérrez.