Santa María de Mijangos ¿La Otra Capital del Ducado de Cantabria?

El yacimiento de Mijangos (Merindad de Cuesta Urria) se compone de estructuras y espacios bien diferenciados. En primer lugar está la iglesia, que destaca por su tamaño, importancia histórica y monumentalidad, en segundo lugar el amplio espacio sepultural que la circunda y que tiene tres niveles de enterramientos superpuestos, en tercer lugar un amplio espacio poblacional, todavía sin excavar.

La existencia de la Iglesia de Santa María de Mijangos era conocida por un epígrafe procedente de esta localidad, que permite situar la consagración del templo hacia el año 589 de nuestra era.

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Pero, a partir de los resultados de las excavaciones arqueológicas, sabemos que hubo tres fases o momentos de construcción y utilización. Por tanto, Mijangos debe entenderse como un elemento nacido a finales del Bajoimperio, desarrollado en el agitado contexto que viven estos pueblos del norte durante la etapa visigoda y adaptado a las posteriores transformaciones que dan lugar al nacimiento de la Alta Edad Media (siglos V-X).

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Recreación de la iglesia visigoda de Santa María de Mijangos en el Centro de Interpretación Arqueológica de Trespaderne. Foto de CEDER Merindades

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Imagen de Aratikos Arqueólogos.

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Imagen de Aratikos Arqueólogos.

 

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Se encuentra ubicado muy próximo a otros elementos de esa misma época como la fortaleza de Tedeja, el monasterio de San Juan de la Hoz de Cillaperlata y la iglesia de Santa María de los Reyes Godos, lo que da fe de la importancia que tuvo esta zona en época visigoda, tal vez actuando como principal punta de lanza del control visigodo contra cántabros, ruccones, suevos y vascones.

Descripción del templo de Aratikos Arqueólogos.

Más información: http://www.aratikos.com/…/2001_-_Puesta_en_valor_de_la_Igle…

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Tabuérniga, Conchas de Haro, Alava

Despoblado del municipio de Labástida, Rioja Alavesa.

Topónimo con una sonoridad “familiar” y situado en el entorno de Buradón (Conchas de Haro), muy cerca de pueblos como Orzales o Cellorigo que remiten a la misma zona de Cantabria. También al lado de Berganzo, Mijancas, Tobera y otros topónimos con similitudes en la zona de Tedeja, Trespaderne.

Se encuentra en lo que antaño pudo ser el sistema de defensas visigodas de Mave-Amaya-Siero-Tedeja-Buradón que marcaban (supuestamente) el límite sur del Ducado de Cantabria.

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Fotos de Javier Urrutia y de Kikomendi. En la primera foto y tras los montes, puede apreciarse Haro y toda la llanada del Ebro.

Más información: http://revistas.uned.es/index.…/…/article/download/3544/3401

Organización territorial del espacio cantábrico en época visigoda según Juan José García González

Juan José García González es natural de Novales, Cantabria. Licenciado por la Universidad de Valladolid y doctor por la Autónoma de Madrid. Profesor Titular de la Universidad de Burgos desde 1985 hasta 1998 y Catedrático de Historia Medieval desde 1999. Ha sido secretario y director del Colegio Universitario Integrado, decano de la Facultad de Filosofía y Letras y vicerrector de la Comisión Gestora que creó la Universidad de Burgos entre 1994 y 1997.

Sus trabajos de investigación se han centrado en la Historia de Burgos, Historia de Castilla, Historia de la Iglesia e Historia Social y Económica, temas sobre los que ha publicado innumerables artículos y monografías, así como participado en diversas obras.

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Fuente: García González, J.J. (2013). El avance de la cristiandad del centro-norte peninsular hasta la línea del Duero: Aspectos político-militares e institucionales. En VV.AA.: Biblioteca. Estudio e Investigación, 28, pp. 129-218. Ayuntamiento de Aranda de Duero.

Para saber más: https://lacantabriaburgalesa.wordpress.com/2016/02/28/el-ducado-de-cantabria-581-768-dc/

Los Ruccones y “Ruconia”

Los rucones (también conocidos como runcones, roccones y ruccones) fueron un pueblo mencionado sólo en época visigoda, de origen y ubicación geográfica enigmática. Diferentes autores los han ubicado en sitios tan dispares como Extremadura, León, Orense, Asturias, el valle del Ebro o los Pirineos. Besga Marroquín (1983), tras analizar y descartar todas estas posibles ubicaciones, considera que estamos ante una entidad tribal de los cántabros y ubicados en una zona montañosa periférica entre los cántabros (cismontanos) y los astures. Fernandez de Mata (1997), tras analizar específicamente a este pueblo llega a la misma conclusión.

Los reyes de la época que mantuvieron guerras o escaramuzas contra los rucones fueron al menos dos: Miro, rey suevo (en el 572 dC) y Sisebuto, rey visigodo (hacia el 616 dC), guerra dirigida personalmente por su dux y futuro sucesor como rey Suintila.

Crónica de Juan de Bíclaro: “Año Sexto del Emperador Justino y cuarto del Rey Leovigildo [572]: Miro Suevorum rex bellum contra Runcones movet (Miro, rey de los suevos, mueve guerra a los runcones)”.
Historia Gothorum de S. Isidoro de Sevilla: “Sisebutus rg. an. VIII° […]. Astures et Ruccones in montibus reuellantes humiliabit et suis per omnia benibolus fuit (Sisebuto, año 8 de reinado […]. A los astures y ruccones, rodeados en las montañas escarpadas por todas partes, los sometió)”.

García y Fernández (1999) postulan que la Cantabria prerromana sufrió a la llegada de los romanos un proceso de progresiva diferenciación entre la parte cismontana y la trasmontana, de tal modo que los cronistas suevos y, mucho más aún, los visigodos se toparon con serias dificultades para denotar con términos adecuados y precisos la realidad de un escenario que se había fraccionado en dos segmentos culturalmente diferenciados.

Al más meridional le denominaron Cantabria a secas. Ese fue el segmento que conquistó Leovigildo el año 574: la Cantabria cismontana o Cantabria propiamente dicha. Pero la caracterización cultural y aun la precisa ubicación geográfica del segmento marítimo de Cantabria planteó un grave problema nominal, tanto al ser atacado en el 572 por el monarca suevo —que, dueño de Galicia y Asturias, reclamaba el dominio del litoral cántabro para completar la Gallaecia creada por Diocleciano—, como al ser conquistado por Sisebuto por mar el año 613. Para poder situar el espacio agredido por el rey Miro, el Biclarense tuvo que acuñar una expresión nueva, denotativa, ciertamente, del ambiente arriscado del litoral, pero diferente de Cantabria, voz que acababa de utilizar líneas antes para circunscribir el escenario sometido por Leovigildo tras denotar a los pervasores. Bajo estos y otros matices, adquirió carta de naturaleza histórica el etnónimo ruccones.

De manera muy significativa, el territorio que aquí hemos denominado RUCONIA (y que varios siglos después sería conocido como ASTURIAS DE SANTILLANA), es obviado en la crónica repobladora de Alfonso I que, de las Primorias y Liébana salta a Trasmiera, lo que puede ser un indicio de que toda esta zona no necesitó ser repoblada ni reorganizada poblacionalmente.

La conocida cita dice textualmente: “Cron. Alf. III, Ovetense, p. 36: Eo tempore populantur Primorias, Lebana, Transmera, Supporta, Carranza, Bardulies quae nunc appelatur Castella, et pars maritima Gallaeciae. Alaba nanque Bizcai, Alaone et Urdunia a suis incolis reperiuntur semper esse possessae, sicut Pampilona, Degius est, atque Berroza. (En aquel tiempo fueron pobladas Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, Bardulia, que ahora es llamada Castilla y la parte marítima de Galicia. Alava, Vizcaya, Ayala, Orduña, Pamplona, Deio y Berrueza no se repoblaron, siempre fueron poseídas por sus habitantes)”.

De este modo, Ruconia queda configurada como el principal núcleo de resistencia tribal cántabra tras la pérdida de Amaya en el 574. Una resistencia que fue combativa al menos durante 40 años más, ya en plena vigencia del ducado visigodo de Cantabria.

Frente a la amenaza de estos rucones es cuando adquiere verdadero sentido la ubicación y el posicionamiento de la fortaleza visigoda de Tedeja (Trespaderne), claramente orientada hacia el noroeste de las Merindades.

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El Ducado de Cantabria. 581-768 dC

El ducado de Cantabria o provincia de Cantabria fue una región administrativa o militar del reino visigodo de Toledo, surgida como consecuencia de la anexión de las tierras de las actuales Cantabria, Montaña Palentina, Merindades, y zonas próximas (a este y oeste) por parte del rey Leovigildo en su campaña de 574. Toda la zona cantábrica había pertenecido hasta entonces a la órbita sueva con mayor o menor intensidad según la propia dinámica interna del reino. En 572, el rey suevo Miro atacó a los insurrectos astures y cántabros (ruccones) en tierras que en otros tiempos habían pertenecido a la provincia Gallaecia y se afianzó en la zona, lo que motivó una respuesta contra los suevos ese mismo año por parte de Leovigildo, que fue la antesala de la desaparición definitiva del reino suevo de la Gallaecia en el 585.

Mientras tanto, por el este del Ducado de Cantabria se estaba experimentando (probablemente desde la batalla de Voillé en el 507 que constató la supremacía de los francos sobre los visigodos) una penetración de vascones aquitanos en Hispania que cristalizó en el ducado también fronterizo pero merovingio de Vasconia en el 602, con unas características en principio similares a las del Ducado de Cantabria (ejercer un mejor dominio militar sobre la zona, recaudación de impuestos y administración de la justicia), pero controlado en última instancia desde el reino franco. Dicho ducado llegaba hasta la llanada alavesa y Pamplona. De hecho, el propio Ducado de Cantabria no fue provincia visigoda durante un tiempo impreciso (desde poco después de su teórica conquista por Leovigildo hasta el 612 con Sisebuto) y su dux Francio rindió tributo a los reyes francos y no a los visigodos.

Entre 711 y 712, Táriq ibn Ziyad conquistó con su ejército Amaya, la capital del ducado de Cantabria. El dux Pedro de Cantabria se refugia entonces tras la cordillera. Allí combina sus fuerzas con las de Pelayo para combatir a los invasores musulmanes, a los que derrotan en la batalla de Covadonga. El hijo de Pedro de Cantabria, Alfonso I el Católico y varios nietos suyos fueron elegidos reyes de Asturias por la nobleza asturiana. A partir de entonces, el ducado de Cantabria pasa a estar integrado ya en este nuevo ente territorial llamado Asturias. Fue cedido por Alfonso I a su hermano Fruela una vez consiguió el trono de Asturias, por lo que el ducado pervivió como división territorial hasta el 768 (fecha de la muerte de Fruela), cuando fue dividido en condados.

Los límites hipotéticos del ducado de Cantabria siguen sin estar del todo claros hoy en día. Varios han sido los historiadores que han propuesto una delimitación de este territorio, con mejores o peores bases científicas, tales como Martínez Diez, González Echegaray, García González o Pereda de la Reguera.

Os presentamos, en absoluta primicia, el mapa que hemos elaborado los administradores de esta página sobre los límites del antiguo Ducado de Cantabria y que esperamos que sea de vuestro agrado.

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Peña Amaya, Las Loras

Capital del ducado o “provincia militar” de Cantabria en época visigoda (581-714).

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Foto de Javier Maisterra

Las divisiones administrativas visigodas del reino se agrupaban en dos tipos (Torres López, 1980). Por un lado se encontraban las provincias del tipo “ducado”, coincidentes con las antiguas provincias romanas y a cuyo frente se colocaba a un dux (nombrado de entre los grandes magnates) que tenía atribuciones militares y de administración de justicia.

En general, se mantuvieron las provincias existentes en la época romana: Tarraconense, Cartaginense, Bética, Lusitania, y Gallaecia, a las que se añadió una provincia al sur de las Galias y en la zona norte de los Pirineos: Narbonense o Septimania. Los conflictos bélicos con los pueblos del norte debieron justificar una frontera militar alrededor de la cual surgiría una nueva provincia o territorio militar en Cantabria. Otras marcas fronterizas de este tipo debieron ser las de Aurariola, e Hispalis, limitando con los bizantinos establecidos en el sur de la península (García Antón, 1985). Los francos hicieron algo similar en su territorio, creando por ejemplo el ducado de Wasconia en Aquitania en el 602.

Por otro lado estaban las provincias del tipo “condados” procedentes de los territoria o terrenos circundantes a las ciudades, que integraban varias fincas rústicas que con el tiempo se independizan de las mismas y a cuyo frente estaba un ‘comes territorii’ o ‘comes civitatis’. Eran por tanto territorios integrados en las provincias-ducados, compuestos por latifundios de la Corona o los particulares.

 

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