Dólmenes de Las Loras

En los páramos que presiden las zonas altas de Las Loras se localiza uno de los mayores conjuntos dolménicos de Europa. Sus inicios datan de hace unos 6400 años (4400 aC), durante el Neolítico, y los arqueólogos confirman una utilización posterior de más de dos mil años, hasta el 2000 aC.

Los dólmenes son tumbas colectivas. El conjunto no solo lo compone la conocida cámara hecha de grandes bloques de piedra sino que a menudo el dolmen aparece rodeado y cubierto por un montón de tierra o piedras, formando una colina artificial denominada túmulo. En otros casos, el dolmen presenta un pasillo o corredor que lo conecta con el exterior y que es por donde desfilaba el cortejo funerario. Este tipo de monumentos megalíticos se distribuyen ampliamente a lo largo de la fachada atlántica de Europa, desde Escandinavia hasta Marruecos y algunas partes del Mediterraneo.

En Las Loras contamos con algunos de los mejores ejemplos de tumbas de corredor de todo el Norte Ibérico. Al contrario que en otros lugares de Europa, en nuestra zona todos los sepulcros de corredor tienen la entrada orientada hacia el amanecer del SOLSTICIO DE INVIERNO (alrededor de 122º), resaltando la importancia que para estas sociedades antiguas tenía tanto la muerte como esta fecha tan simbólica. Solo durante el solsticio de invierno y sus días inmediatos, el sol conseguía entrar por el corredor e iluminar la cámara del fondo, que el resto del año permanecía oscura.

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Foto de PXAlex con un gráfico superpuesto de la orientación de los sepulcros de corredor encontrados en la provincia de Burgos, según Gil Merino et al. (2009).

En el siguiente vídeo se puede ver cual sería ese increíble efecto: https://www.youtube.com/watch?v=xL8PrrWHXGU

DOLMEN DE LAS ARNILLAS, MORADILLO DE SEDANO

El dolmen de Las Arnillas se sitúa en el borde del páramo, dominando visualmente una amplia zona de los alrededores. Mide más de 25 metros de diámetro y fue construido hacia el 3500 aC y abandonado como sepulcro en torno al 2500 aC. En el interior de la cámara sepulcral se han hallado los restos de unos 50 individuos. En el corredor se encontró otra zona no expoliada con 13 cráneos que sugieren la idea de un culto al cráneo. Cinco de estos cráneos muestran signos de trepanaciones aunque en ningún caso se evidencian alteraciones patológicas que pudieran justificar una intervención quirúrgica. Todos sobrevivieron a la cirugía. Esto ha llevado a pensar que quizás se realizara con una finalidad mágico-religiosa (Campillo, 1983; García Ruiz, 1993).

El ajuar que presentan es en general bastante pobre. En los enterramientos más antiguos, triángulos y trapecios de sílex, más o menos microlíticos, a más de espátulas de hueso tipo San Martín-El Miradero; en los más modernos, puntas de flecha romboidales o pedunculadas con retoque plano; en la generalidad, láminas-cuchillo, hachas pulimentadas y una pléyade de cuentas de collar. Sólo en casos contados, vasijas cerámicas (Delibes y Rojo, 1992).

Sólo una parte de los miembros del grupo tuvieron derecho a enterrarse en este tipo de monumentos funerarios. Se excluyó de él de forma bastante sistemática a los niños (tal vez no merecían tales honores hasta alcanzar cierta edad) y la representación de las mujeres en la tumba es dos tercios inferior a la de los varones (Delibes, 1995).

El territorio económico por excelencia del hombre neolítico de esta zona no parece haber sido los fondos de los valles sino esa paramera adusta y pobre, ya por entonces (¿de resultas de la propia actividad humana?) despojada básicamente de una cobertera arbórea importante (Muñoz Sobrino et alii, 1996), en la que, no obstante, todavía encuentran hoy alimento suficiente los rebaños de ovicaprinos.

 

DOLMEN DE LA CABAÑA, SARGENTES DE LA LORA.

El dolmen de La Cabaña está situado en el municipio de Sargentes de Lora y en el solsticio de invierno del 2018 el Ayuntamiento ha organizado una visita guiada para ver el efecto que producen los primeros rayos del sol entrando por su corredor.

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Solsticio de invierno 2018 en el dolmen de La Cabaña, Sargentes. Fotos de Elisa Rivero.

 

ESTRUCTURA DE LOS DOLMENES DE LAS LORAS

Recientemente (Gil-Merino, Moreno, Delibes y Villalobos, 2018) se ha publicado un trabajo titulado “Luz para ver y ser vista: los efectos de la iluminación solar durante el solsticio de invierno en los dólmenes de corredor de la provincia de Burgos“, que profundiza en el significado y circunstancias culturales en las que se construyeron los sepulcros de corredor neolíticos de esta zona, combinando características astronómicas, topográficas y orográficas del terreno circundante.

Se describe el trabajo de campo realizado para observar sobre el terreno los efectos de la luz del sol naciente en varios de tales dólmenes, demostrando que las orientaciones fueron minuciosamente calculadas para propiciar que, unos pocos días en torno al comienzo del invierno, los rayos solares se adentraran por el pasillo e iluminaran el interior de los sepulcros y manifestaciones artísticas asociadas situadas en la cámara sepulcral.

 

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Modelo de dolmen de corredor orientado al orto solar del solsticio de invierno. La trayectoria del sol (círculos negros) permite comprobar cómo éste únicamente alcanzaría a iluminar el interior de la cámara al amanecer. Texto e imagen de Gil-Merino, Moreno, Delibes y Villalobos (2018).

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Plantas de los sepulcros de corredor de Las Loras. Existe una casi total coincidencia entre sus ejes de simetría (línea gris) y la proyección del sol naciente en el solsticio invernal (línea roja). Texto e imagen de Gil-Merino, Moreno, Delibes y Villalobos (2018).

 

Aunque solemos pensar que los sepulcros de corredor como este tenían todos una cámara sepulcral cubierta de grandes lajas de piedra y tierra por encima, existen numerosas variantes por toda la Europa Atlántica, incluyendo tipologías sin techo.

Parece ser que los de Las Loras, o bien tuvieron el techo de madera o bien nunca llegaron a tener la cámara cubierta, como se han documentado también en Bretaña, Escocia o Dinamarca. La Cabaña es uno de los mejor conservados de entre los más de 30 dólmenes que se hallan en la zona.

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Vídeo completo en: https://m.youtube.com/watch?v=KjJepJx6Dl8

Reconstrucción virtual en 3D del conjunto dolménico de Cubillejo de Lara a cargo de Ledo (2016).

Este dolmen tiene una estructura similar a la de los dómenes de Las Loras: Corredor parcialmente techado y cámara cubierta por una estructura vegetal.

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La foto a) corresponde al estado de conservación actual; la foto b) a su reconstrucción virtual: túmulo realizado de acuerdo a Osaba et al. (1971) y la cubierta cameral de entramado vegetal, está basada en Arias (1989), comúnmente aceptada hoy día para este tipo de estructuras.

La trepanación craneal entre pobladores neolíticos de laLora Burgalesa

 

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Horquillas de oro de Tablada del Rudrón, Las Loras.

CALCOLÍTICO – EDAD DE BRONCE (2200 AC).

Su descubridor (Campillo, 2004) las define como sortijas, pero en la literatura internacional se consideran pendientes (basket earrings) o, más probablemente, horquillas para el pelo de los jefes o élites sociales locales.

Se vinculan con otros hallazgos similares encontrados en las Islas Británicas y Centroeuropa, una muestra más de los intensos intercambios culturales que existieron durante la Edad del Bronce en toda la fachada atlántica.

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Aparecen en enterramientos junto a la cabeza de hombres de alto estatus y acompañados de vasijas campaniformes, por lo que se consideran asociadas a esta cultura originada en la desembocadura del Tajo. La expansión de la cultura del vaso campaniforme por toda Europa estuvo unida a la difusión de la metalurgia del cobre y recordemos que en el cercano pueblo de Huidobro se localiza una importantísima mina de cobre explotada desde el neolítico. https://lacantabriaburgalesa.wordpress.com/…/mina-neolitic…/

Las piezas británicas han sido datadas entre el 2500-2000 aC.

Para saber más: http://www.bizkaia.eus/…/kobie_6_vol_1y2_anejos_DOS%20SORTI…

Ojo Guareña y sus conexiones con el mundo tartésico en la Edad de Bronce

 

PENDIENTE DE BRONCE. 850 aC

Esta excepcional pieza de bronce fue encontrada por el Grupo Espeleológico Edelweiss en la Sima de Villallana, que forma parte del complejo kárstico de Ojo Guareña (Merindad de Sotoscueva).

Se trata de un pendiente de doble aro e hilo plano enrollado parcialmente sobre uno de ellos. Tipológicamente puede adscribirse a la Edad del Bronce final y ha sido datada en el 850 aC gracias a una muestra de madera quemada localizada junto al mismo.

Los paralelismos tipológicos más cercanos los encontramos en los pendientes de estilo nezem fenicio encontrados en la zona de Cadiz, lo que podría ser un indicador más de que Merindades formó parte de los circuitos comerciales marítimos del Bronce, que se extendieron por toda la fachada atlántica europea en esta época. Las hachas de talón o el ídolo de tipo Peña Tu encontrados en Ojo Guareña serían otros indicios de este tipo.

 

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Foto de Miguel Angel Martín/Edelweiss.

 

BROCHE DE CINTURON TARTÉSICO. 550 aC

Los broches de cinturón peninsulares de la Edad de Hierro I constituyen un ámbito del conocimiento ciertamente interesante. Los investigadores distinguen dos grandes tipos: Broches tartésicos y broches célticos, que nosotros preferimos designar como de escotaduras laterales (López Ambite, 2008).

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Broche tartésico de Los Canterones, Estepa, Sevilla.

Los BROCHES TARTÉSICOS se caracterizan por ser placas rectangulares provistas de una serie de regletas o varillas dobladas en sus extremos en el caso de la pieza activa o macho y el mismo número de orificios en el caso de la pieza hembra. Suelen unirse al cuero mediante el mismo sistema de varillas dobladas en sus extremos.

 

 

 

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Broche en escotaduras de El Acebuchal, Sevilla.

Los BROCHES DE ESCOTADURAS laterales consisten en placas de bronce de forma triangular o trapezoidal, con una abertura semicircular a cada lado y garfios de longitud variable. Suelen unirse al cuero mediante remaches. En esta época aún no existía la hebilla.

Los broches de escotaduras laterales fueron considerados por Delechette como ibéricos de origen helénico (1913), origen oriental posteriormente desechado por casi toda la investigación hasta hace pocos años. Este cambio en la procedencia del origen se debió a los trabajos de Bosch Gimpera, quien propuso un origen hasllstáttico para los mismos (1921), planteamiento continuado por Cuadrado (1961). Según él, habrían pasado al Languedoc a principios del siglo VI aC y, desde allí, a mediados de ese siglo, a la Península Ibérica. Schüle (1969) propuso una clasificación más completa, en la que además, adelantó la cronología propuesta por Cuadrado para el tipo Acebuchal. Para este investigador los broches peninsulares dependerían del Hallstatt C y no del HaD, como pretendía Cuadrado, siendo los broches nord-alpinos de este período tardío de procedencia hispana.

En los últimos años están apareciendo evidencias arqueológicas que hacen suponer que el origen de la cultura celta estuvo en el suroeste de la península ibérica (Tartessos y la desembocadura del Tajo), expandiéndose después hacia Centroeuropa, y no al revés, como se ha supuesto desde la historiografía clásica. Por ello, sorprende que sea un autor tan temprano y además germánico, el que nos venga a mostrar a los hispanos una evidencia arqueológica en este sentido.

A pesar de que ya existía este conocimiento, diez años después Cerdeño (1978) publica una exhaustiva clasificación ampliamente utilizada posteriormente y en la que seguía denominando a los broches de escotaduras como “broches célticos” por considerar su origen centroeuropeo. Además de seguir perpetuando esta errónea denominación, su clasificación es muy compleja y poco operativa al impedir comprender la evolución tipológica de los broches y distinguir los detalles que eran significativos de los que no lo eran.

Por fin, en los años 80 termina por reaparecer en nuestro país la hipótesis que vincula los broches de escotaduras con los del Próximo Oriente. Los de El Acebuchal serían el origen del resto de broches de escotaduras. Para Parzinger y Sanz (1986), este tipo de broches aparecieron en la Anatolia frigia en el último cuarto del siglo VIII aC, desde donde se expandirían hasta Jonia a mediados del siglo VII y de allí habrían sido traídos hasta la península ibérica por comerciantes jonios o fenicios, donde se aceptaron y transformaron, por lo que no existiría la hasta entonces reiterada influencia hallstática en la génesis de los mismos.

El broche de cinturón que nos ocupa fue encontrado en la Vía Seca, una de las galerías del complejo de Ojo Guareña. Ruiz Vélez publica en 2009 el único trabajo específicamente dedicado a esta pieza, en el que 20 años después de la publicación del artículo de Parzinger y Sanz, sigue postulando incomprensiblemente que la pieza se parece a los modelos hallsttáticos. Además es el primero que denomina al sujeto que lo portaba como “príncipe”, al estilo de las llamadas “tumbas principescas” de la zona de Heuneburg. Tal vez venga de aquí el hecho de que cuando uno visita Ojo Guareña, sigan llamando insistentemente a esta persona como el “príncipe celta”.

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Foto de Miguel Angel Martín/Grupo Edelweiss

Lo que podemos afirmar sobre este broche a día de hoy es que se trata de una pieza cuyos referentes más cercanos están en los broches tartésicos del Guadalquivir de los siglos VII-VI aC. En el ejemplar que mostramos de El Acebuchal (Sevilla), de tipo con escotaduras, se observan los enganches serpentiformes comunes en broches de cinturón de este período. La otra fotografía corresponde a un ejemplar de tipo tartésico procedente de Estepa, Sevilla y en el que se puede apreciar los orificios donde se engancha la pieza macho del broche. En el caso de Ojo Guareña, esta pieza presenta una nervadura central, a cuyos lados se distribuyen, simétricamente, cinco filas de triángulos opuestos por los vértices, cuatro de ellos calados. Los modelos más antiguos de este tipo de cinturón se remontan al siglo VIII aC, aunque tiene unos elementos evolutivamente más modernos que aconsejan datarlo en el siglo VI (Ruiz Vélez, 2009).

Se trata de productos de importación resultado de intercambios comerciales que acaban en manos de las élites dominantes de la zona. Recordemos que estamos en una época en la que la búsqueda de metales por parte de griegos y fenicios fue la gran impulsora de la exploración de nuevas tierras y el contacto cultural con otras gentes. Próxima a Ojo Guareña tenemos la presumiblemente importante mina de cobre prehistórica de Huidobro.

Para saber más:

López Ambite, F. (2008). Broches de cinturón. En M. Almagro-Gorbea (Dir.): La Necrópolis de Medellín. Real Academia de la Historia. 513-518.

Ruiz Vélez, I. (2009). La cueva de Ojo Guareña (Burgos). El “príncipe” que se perdió y murió en ella. Sautuola, 15, 261-274.

Torres Ortiz, M. (2002). Tartessos. Real Academia de la Historia.

 

Torques de Sargentes, Las Loras

Una torques (del latín ‘torqueo’, torcer, debido a su forma torcida) es un collar rígido y redondo, que está abierto en la parte anterior, como una herradura circular. Típicamente las dos puntas de la torques presentaban ornamentos esculpidos con esferas, cubos o formas zoomórficas y, con menor frecuencia, figuras humanas. Las torques estaban hechas de cuerdas de metal entrelazado, normalmente oro, bronce o cobre, y en muy pocos casos plata.

Los torques eran usados por varios pueblos de la Edad de Bronce, desde 1000 a. C., hasta alrededor del año 300, incluidos los gálatas, varias tribus germánicas de Escitia y los persas. Sin embargo, es ampliamente conocido como un collar típicamente céltico, de la época de La Tène, llevado sobre todo por bretones, galos, celtíberos y galaicos.

A poco más de 3 Km. al NW de la localidad de Sargentes se encuentran las ruinas de un despoblado conocido con el nombre de «Vil latría». Hace algunos años, y de forma fortuita, se descubrió un torques excepcional de bronce, fuera de todo contexto arqueológico, a no ser que quiera vincularse a unas presuntas estructuras tumulares próximas.

La pieza perfectamente conservada está decorada en su cara externa a base de haces de incisiones oblicuas en sentido contrapuesto y yuxtapuestas, que dejan entre sí espacios triangulares lisos. Las extremidades se rematan en apéndices redondeados, absolutamente desprovistos de decoración. Su cronologización dentro de la Edad del Bronce parece muy probable, si bien los datos son insuficientes.

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Foto del Museo de Burgos.

Cerámica del bronce final en Merindades

En las cuevas de Ojo Guareña (Sotoscueva; siempre hay algo de cualquier época ancestral en Ojo Guareña), Munilla y Hoz de Arreba (Valdebezana), Covanera (Tubilla del Agua) y posiblemente también en Castriciones, Pérex, Quincoces de Yuso, etc. (Valle de Losa) se han encontrado cerámicas decoradas con técnicas excisas y llamadas “de Boquique” que se adscriben al Bronce Final, en torno a 1200 antes de C., en el período cultural conocido como Cogotas I. Son posteriores a las de tipo campaniforme.

En aquella época, toda la vida espiritual de nuestros antepasados parece que giraba en torno a las cuevas. Las numerosas cavidades de Merindades no solo eran el hábitat predominante en la comarca, sino que además servían como lugares de culto mágico-religioso y recintos funerarios, como se ha constatado en Espinosa de los Monteros, y el valle de Losa (Villatomil, Baró, Relloso, Teza, San Llorente, Múrita, etc..).

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Foto de unas extraordinarias ollas completas de tipo Boquique encontradas en Dueñas, Palencia.

 

Hachas de bronce de Pico Cuerno, Sotoscueva.

Se trata de un depósito de la Edad de Bronce encontrado en 1948 en un abrigo natural del Pico Cuerno, al lado de la ermita de San Bernabé y compuesto por siete piezas, seis completas y el fragmento de otra. De tres de ellas no ha vuelto a saberse nada y solo se tienen localizadas cuatro, que son las que se exponen en el Museo de Burgos, junto a otra pieza de origen desconocido.

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Los tres ejemplares completos son de la tipología de dos anillas, según la clasificación de Díez-Andreu (1988), extendidas por una amplia zona del oeste de Europa y el cuadrante noroccidental de la península ibérica. En España se han encontrado también hachas sin anillas y con una única anilla, con una correspondencia cronológica entre los tres tipos: las hachas sin anillas son las más antiguas (Bronce Medio) y las de dos anillas son las más modernas (Bronce Final y principios de la Edad de Hierro). Todos los tipos se vinculan a la cultura del Bronce Atlántico.

Una de ellas es un hacha de hoja plana, del tipo llamado “hacha de dos anillas sin talón” (tipo 2.1. según Díez-Andreu). Es un grupo muy poco numeroso y concentrado en el norte de las provincias de Burgos y Palencia, con paralelismos en la isla de Cerdeña. Se le supone una funcionalidad básica como martillo. Respecto a su cronología, no existe coincidencia entre los autores. Delibes de Castro plantea que esta pieza no es una derivación de las hachas más simples, sino de constituye una regresión desde los modelos de talón con dos asas. No nos hallaríamos, según este criterio, ante talones en gestación sino ante talones atenuados, degenerados, cuya cronología habría necesariamente de referirse a un momento bastante avanzado del Bronce Final, muy lejos siempre de los primeros compases de esta etapa.

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Distribución de las hachas de “dos anillas sin talón (tipo 2.1. según Díez-Andreu).

 

Las otras dos son del tipo denominado por Díez-Andreu “hachas de dos anillas con varios nervios y sin cono”. Es también un grupo muy poco numeroso, pero al contrario que la anterior, su ámbito geográfico se sitúa en la posterior provincia de la Gallaecia. Harrison, Craddock y Hugues (1981) fechan un hacha de este tipo entre el 1000 y el 700 aC. Dataciones similares son las más plausibles para todo este conjunto de Sotoscueva.

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Distribución de las hachas de “dos anillas con varios nervios y sin cono” (tipo 2.8, según Díez-Arnau).

 

Estas hachas de bronce surgieron fruto de los contactos marítimos intensos que se establecieron en esta época entre zonas tan alejadas como Cerdeña y Dinamarca. Desde fines del Bronce Medio, dieron muestras en las tierras atlánticas del continente de una notable variedad morfológica y ornamental motivada por el surgimiento de un elevado número de talleres regionales. La concentración de piezas de tipología 2.1. en el Norte de Burgos (Sotoscueva, Valdelateja, Quintana de Bureba, Padilla de Abajo, Renedo de la Escalera) y Palencia (Dehesa de Romanos) y su dispersión parece perfilar en opinión de Ruiz-Gálvez (1990) y Delibes de Castro los límites de un territorio de cierta homogeneidad cultural en el que la mucho más esporádica dispersión de otros objetos metálicos (calderos, armas, ganchos…), obedece a su mayor circulación y cosmopolitismo en tanto elementos de prestigio. Parecería razonable plantear entonces el valor de estas hachas como referente de etnicidad de unas comunidades locales, acaso aglutinadas en torno a la explotación de los veneros cupríferos de Huidobro (Delibes de Castro, 1994).

Autores como Peralta Labrador (2000), sitúan los inicios de la etnogénesis cántabra precisamente en este período del Bronce Final (siglo XII aC) y el tránsito al Hierro I.

Más información:

http://riubu.ubu.es/…/10…/1971/1/0211-8998_n209_p239-277.pdf

https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2689726.pdf

 

 

 

 

Hachas de talón de Sotoscueva

Hachas de talón y dos anillas, de bronce, encontradas en Pico Cuerno, Merindad de Sotoscueva. Comunes y exclusivas del ámbito atlántico ibérico. Datadas en torno al 900 aC.

En este enlace puede verse cómo iría encajada esta pieza de bronce en el mango de madera y la utilidad de las anillas: http://www.lore-and-saga.co.uk/html/bronze_palstave.html

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