Cerámica del bronce final en Merindades

En las cuevas de Ojo Guareña (Sotoscueva; siempre hay algo de cualquier época ancestral en Ojo Guareña), Munilla y Hoz de Arreba (Valdebezana), Covanera (Tubilla del Agua) y posiblemente también en Castriciones, Pérex, Quincoces de Yuso, etc. (Valle de Losa) se han encontrado cerámicas decoradas con técnicas excisas y llamadas «de Boquique» que se adscriben al Bronce Final, en torno a 1200 antes de C., en el período cultural conocido como Cogotas I. Son posteriores a las de tipo campaniforme.

En aquella época, toda la vida espiritual de nuestros antepasados parece que giraba en torno a las cuevas. Las numerosas cavidades de Merindades no solo eran el hábitat predominante en la comarca, sino que además servían como lugares de culto mágico-religioso y recintos funerarios, como se ha constatado en Espinosa de los Monteros, y el valle de Losa (Villatomil, Baró, Relloso, Teza, San Llorente, Múrita, etc..).

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Foto de unas extraordinarias ollas completas de tipo Boquique encontradas en Dueñas, Palencia.

 

Casa pasiega de invierno

Se caracteriza por su forma alargada que la hace parecer más una nave ganadera que una casa para personas. Y es que se trata de una vivienda donde el protagonista principal es el ganado vacuno. El piso de abajo se destina exclusivamente a guardar al ganado. En el piso superior, mirando normalmente al este, se abre un balcón corrido que se utiliza como secadero. A continuación suele haber un par de habitaciones con ventanas al balcón, detrás la cocina con un lar hecho sobre el piso de madera y que es el único medio de calentar la casa junto con el calor que despiden los animales de debajo. Los dos tercios traseros del piso superior se destinan a pajar y granero.

Este tipo de casa (y en consecuencia, el estilo de vida pasiego) se extiende por una zona bastante más extensa de lo que tendemos a pensar habitualmente, llegando a cruzar hacia el sur la carretera entre Reinosa y Bilbao desde el Alto de la Varga en Sotoscueva hasta Bercedo en la Merindad de Montija.

Esta casa concreta está entre Espinosa de los Monteros y Loma de Montija.

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Mantequilla pasiega

Los quesos y la mantequilla pasiegos fueron productos que gozaron de gran prestigio en toda España desde tiempos inmemoriales por su sabor y alto contenido en principios grasos. Su fama se documenta al menos desde el siglo XVI, presentándose algunos de sus productores como proveedores de la Casa Real.

En esta zona pasiega (Espinosa de los Monteros, Tres Villas y zonas aledañas), el mocizu (leche entera) se ponía a natar en ollas de barro que tenían en su parte inferior un orificio tapado con una espita. Después de permanecer las ollas en el nataderu durante un tiempo, bastaba abrir la espita para que saliese el mozaizu (la leche desnatada) quedando dentro del recipiente la nata.

Una vez preparada la nata se procedía a su batido mediante un instrumento adecuado (un odre de piel de cabra) y se zurría (golpeaba) contra la rodilla y el muslo hasta que se hacían los granos de mantequilla. Durante la operación se separaban los trebejos o maceaos (suero de la leche), quedando la mantequilla destrebejada. Este batido era una operación realizada por las mujeres de la familia.

A continuación se amasaba la mantequilla vertiéndola en un plato de loza donde se golpeaba, amasaba y comprimía. Luego se hacía un rollo dándole la forma de pan. Finalmente se la adornaba con unos dibujos característicos hechos con cucharas preparadas para este fin, obteniéndose la forma tradicional de la mantequilla pasiega que era con la que se presentaba al mercado.

Texto de José Eloy Gómez. Foto de La Jarradilla.

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Extensión geográfica de los pasiegos en Merindades

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Mapa de Elías Rubio, 2004.

Código de colores para el mapa pequeño: Las Tres Villas Pasiegas (en rojo oscuro), el resto de la comarca pasiega en Cantabria (color salmón), los Cuatro Ríos Pasiegos de Espinosa de los Monteros (verde oscuro) y el resto de municipios de Merindades donde existen restos de vida pasiega: Valdebezana, Valdeporres, Sotoscueva y Montija (verde claro).

Escaño con caponera: Las cenas de Nochebuena de antes.

Un elemento común de las cocinas antiguas de Las Merindades era la caponera. Se trataba de un espacio situado por debajo del escaño y que tenía la siguiente función, tal y como aparece descrita en este documento del ABC de 1957:

«No deja de tener interés la biografía de un capón cebado. Llegado el octubre se escogen en el gallinero los gallos de mejor casta y estampa, los que una vez castrados se llevan al amor de la lumbre a la cocina aldeana. Allí, debajo del «ESCAÑO -el alargado banco de respaldo renegrido por el humo-, hay un departamento enrejado al que se llama CAPONERA, y que es el lugar donde los capones, a lo largo del trimestre que media entre octubre y Navidad, son sometidos a un régimen de engorde paciente y meticuloso. El capón, encerrado y en reposo, es alimentado con bolos de harina de maíz empapados en leche, nueces e incluso castañas cocidas.»

 

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Museo Etnográfico Cuatro Ríos Pasiegos, Espinosa de los Monteros. Foto de Enrique E.

 

En este sitio, el más cálido y confortable de la casa, los pollos castrados recibían la mejor alimentación y cuidados posibles, aumentando mucho de tamaño hasta llegar a los 5-6 kilos. En Navidad les llegaba su particular sanmartín.

Gastronómicamente hablando, al castrar el gallo se conseguía que no quemase la grasa que va acumulando, así que al no tener que hacer ejercicio físico se lograba que esa grasa se infiltrara en la carne, por lo que una vez cocinada se notaba mucho más tierna y sabrosa que la de un gallo normal.

Las caponeras eran comunes en muchas casas de la mitad oriental de las Merindades.

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Museo Etnográfico de Briones, La Rioja. Foto de Viguera.

 

 

El afinador de campanos

Habilidad antiguamente común por zonas con ganado suelto por el monte, derivado del hecho de que los campanus venían “sin preparar” de fábrica. Entonces con la ayuda de un martillo se le iba dando una serie de golpes suaves y certeros hasta conseguir que sonase de una manera particular. “Vas dándole a un lado y al otro y ves donde mejora y donde empeora el sonido. Entonces quitas donde empeora y das donde mejora”.

Robustiano, el último campaneru de Lunada, Espinosa de los Monteros, comentaba a Elías Rubio «El sonido de los campanus no es el que yo quiera, sino el que quieran los pasiegos… los cencerros los compraba yo por ahí, por las ferias, y lo que hacía era cambiarles el sonido o las voces, porque aquí al sonido de los cencerros se los llama voces». «No es lo mismo preparar un campano para las vacas que pacen por el monte que para las que iban a mudar. Antes, a las vacas que iban a mudar se les ponían los mejores y más grandes campanos y el sonido tenía que ser también especial».

En la Aldea del Portillo del Busto (Oña), el suegro de Juan Molinuevo también hacia esto: les cambiaba el sonido a los cencerros dándoles unos golpecitos según como quisiera que sonasen.

Foto de Javier Caso.

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Romería de Nuestra Señora de Las Nieves

Las Machorras, 4-6 de agosto de 2015.

La Romería de Nuestra Señora de las Nieves es una festividad de marcado carácter pasiego, al igual que Las Machorras (Espinosa de los Monteros), lugar que todos los años acoge esta festividad. La principal actividad de los pasiegos es la del ganado vacuno, donde se encuentra el germen de la fiesta muy relacionado con la trashumancia estacional.

La fiesta arranca a primera hora de la mañana cuando los danzantes salen a la entrada del pueblo para recibir a los visitantes. El grupo está formado por ocho danzantes, ocho muchachos del pueblo dirigidos por el mayoral, que es el mayor y quien dirige al resto. Además, hay otro personaje, el rabadán que es el niño más pequeño y que lleva en sus manos un ramito de flores secas. Su misión es la de azotar al bobo, un personaje grotesco que simboliza al lobo y cuya misión es la de pedir limosna a todos los que acuden, de no pagar el tributo no les permitirá la entrada. Todas las figuras guardan su simbología pasiega. Así, los danzantes representan a las ovejas, el mayoral al pastor, el bobo al lobo y el rabadán al perro del rebaño.

Sobre las diez se oficia una misa para los danzantes que después volverán a la entrada del pueblo. Al mediodía todos los asistentes acudirán hasta la iglesia en procesión, para después dirigirse a la plaza del pueblo donde los danzantes echarán versos jocosos y sarcásticos relacionados los aconteceres del pueblo.

La celebración se completa con el plantón del haya a las puertas del pueblo el día anterior con las fiestas chiquitas, y, al día siguiente, donde una carrera de burros y las competiciones del juego del tejo, declarado deporte autóctono rural, ponen el punto final a estos festejos.

Texto de Turismo de Burgos y foto de Oscar Puigdevall.

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