Dólmenes de Las Loras

En los páramos que presiden las zonas altas de Las Loras se localiza uno de los mayores conjuntos dolménicos de Europa. Sus inicios datan de hace unos 6400 años (4400 aC), durante el Neolítico, y los arqueólogos confirman una utilización posterior de más de dos mil años, hasta el 2000 aC.

Los dólmenes son tumbas colectivas. El conjunto no solo lo compone la conocida cámara hecha de grandes bloques de piedra sino que a menudo el dolmen aparece rodeado y cubierto por un montón de tierra o piedras, formando una colina artificial denominada túmulo. En otros casos, el dolmen presenta un pasillo o corredor que lo conecta con el exterior y que es por donde desfilaba el cortejo funerario. Este tipo de monumentos megalíticos se distribuyen ampliamente a lo largo de la fachada atlántica de Europa, desde Escandinavia hasta Marruecos y algunas partes del Mediterraneo.

En Las Loras contamos con algunos de los mejores ejemplos de tumbas de corredor de todo el Norte Ibérico. Al contrario que en otros lugares de Europa, en nuestra zona todos los sepulcros de corredor tienen la entrada orientada hacia el amanecer del SOLSTICIO DE INVIERNO (alrededor de 122º), resaltando la importancia que para estas sociedades antiguas tenía tanto la muerte como esta fecha tan simbólica. Solo durante el solsticio de invierno y sus días inmediatos, el sol conseguía entrar por el corredor e iluminar la cámara del fondo, que el resto del año permanecía oscura.

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Foto de PXAlex con un gráfico superpuesto de la orientación de los sepulcros de corredor encontrados en la provincia de Burgos, según Gil Merino et al. (2009).

En el siguiente vídeo se puede ver cual sería ese increíble efecto: https://www.youtube.com/watch?v=xL8PrrWHXGU

DOLMEN DE LAS ARNILLAS, MORADILLO DE SEDANO

El dolmen de Las Arnillas se sitúa en el borde del páramo, dominando visualmente una amplia zona de los alrededores. Mide más de 25 metros de diámetro y fue construido hacia el 3500 aC y abandonado como sepulcro en torno al 2500 aC. En el interior de la cámara sepulcral se han hallado los restos de unos 50 individuos. En el corredor se encontró otra zona no expoliada con 13 cráneos que sugieren la idea de un culto al cráneo. Cinco de estos cráneos muestran signos de trepanaciones aunque en ningún caso se evidencian alteraciones patológicas que pudieran justificar una intervención quirúrgica. Todos sobrevivieron a la cirugía. Esto ha llevado a pensar que quizás se realizara con una finalidad mágico-religiosa (Campillo, 1983; García Ruiz, 1993).

El ajuar que presentan es en general bastante pobre. En los enterramientos más antiguos, triángulos y trapecios de sílex, más o menos microlíticos, a más de espátulas de hueso tipo San Martín-El Miradero; en los más modernos, puntas de flecha romboidales o pedunculadas con retoque plano; en la generalidad, láminas-cuchillo, hachas pulimentadas y una pléyade de cuentas de collar. Sólo en casos contados, vasijas cerámicas (Delibes y Rojo, 1992).

Sólo una parte de los miembros del grupo tuvieron derecho a enterrarse en este tipo de monumentos funerarios. Se excluyó de él de forma bastante sistemática a los niños (tal vez no merecían tales honores hasta alcanzar cierta edad) y la representación de las mujeres en la tumba es dos tercios inferior a la de los varones (Delibes, 1995).

El territorio económico por excelencia del hombre neolítico de esta zona no parece haber sido los fondos de los valles sino esa paramera adusta y pobre, ya por entonces (¿de resultas de la propia actividad humana?) despojada básicamente de una cobertera arbórea importante (Muñoz Sobrino et alii, 1996), en la que, no obstante, todavía encuentran hoy alimento suficiente los rebaños de ovicaprinos.

 

DOLMEN DE LA CABAÑA, SARGENTES DE LA LORA.

El dolmen de La Cabaña está situado en el municipio de Sargentes de Lora y en el solsticio de invierno del 2018 el Ayuntamiento ha organizado una visita guiada para ver el efecto que producen los primeros rayos del sol entrando por su corredor.

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Solsticio de invierno 2018 en el dolmen de La Cabaña, Sargentes. Fotos de Elisa Rivero.

 

ESTRUCTURA DE LOS DOLMENES DE LAS LORAS

Recientemente (Gil-Merino, Moreno, Delibes y Villalobos, 2018) se ha publicado un trabajo titulado “Luz para ver y ser vista: los efectos de la iluminación solar durante el solsticio de invierno en los dólmenes de corredor de la provincia de Burgos“, que profundiza en el significado y circunstancias culturales en las que se construyeron los sepulcros de corredor neolíticos de esta zona, combinando características astronómicas, topográficas y orográficas del terreno circundante.

Se describe el trabajo de campo realizado para observar sobre el terreno los efectos de la luz del sol naciente en varios de tales dólmenes, demostrando que las orientaciones fueron minuciosamente calculadas para propiciar que, unos pocos días en torno al comienzo del invierno, los rayos solares se adentraran por el pasillo e iluminaran el interior de los sepulcros y manifestaciones artísticas asociadas situadas en la cámara sepulcral.

 

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Modelo de dolmen de corredor orientado al orto solar del solsticio de invierno. La trayectoria del sol (círculos negros) permite comprobar cómo éste únicamente alcanzaría a iluminar el interior de la cámara al amanecer. Texto e imagen de Gil-Merino, Moreno, Delibes y Villalobos (2018).

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Plantas de los sepulcros de corredor de Las Loras. Existe una casi total coincidencia entre sus ejes de simetría (línea gris) y la proyección del sol naciente en el solsticio invernal (línea roja). Texto e imagen de Gil-Merino, Moreno, Delibes y Villalobos (2018).

 

Aunque solemos pensar que los sepulcros de corredor como este tenían todos una cámara sepulcral cubierta de grandes lajas de piedra y tierra por encima, existen numerosas variantes por toda la Europa Atlántica, incluyendo tipologías sin techo.

Parece ser que los de Las Loras, o bien tuvieron el techo de madera o bien nunca llegaron a tener la cámara cubierta, como se han documentado también en Bretaña, Escocia o Dinamarca. La Cabaña es uno de los mejor conservados de entre los más de 30 dólmenes que se hallan en la zona.

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Vídeo completo en: https://m.youtube.com/watch?v=KjJepJx6Dl8

Reconstrucción virtual en 3D del conjunto dolménico de Cubillejo de Lara a cargo de Ledo (2016).

Este dolmen tiene una estructura similar a la de los dómenes de Las Loras: Corredor parcialmente techado y cámara cubierta por una estructura vegetal.

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La foto a) corresponde al estado de conservación actual; la foto b) a su reconstrucción virtual: túmulo realizado de acuerdo a Osaba et al. (1971) y la cubierta cameral de entramado vegetal, está basada en Arias (1989), comúnmente aceptada hoy día para este tipo de estructuras.

La trepanación craneal entre pobladores neolíticos de laLora Burgalesa

 

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Horquillas de oro de Tablada del Rudrón, Las Loras.

CALCOLÍTICO – EDAD DE BRONCE (2200 AC).

Su descubridor (Campillo, 2004) las define como sortijas, pero en la literatura internacional se consideran pendientes (basket earrings) o, más probablemente, horquillas para el pelo de los jefes o élites sociales locales.

Se vinculan con otros hallazgos similares encontrados en las Islas Británicas y Centroeuropa, una muestra más de los intensos intercambios culturales que existieron durante la Edad del Bronce en toda la fachada atlántica.

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Aparecen en enterramientos junto a la cabeza de hombres de alto estatus y acompañados de vasijas campaniformes, por lo que se consideran asociadas a esta cultura originada en la desembocadura del Tajo. La expansión de la cultura del vaso campaniforme por toda Europa estuvo unida a la difusión de la metalurgia del cobre y recordemos que en el cercano pueblo de Huidobro se localiza una importantísima mina de cobre explotada desde el neolítico. https://lacantabriaburgalesa.wordpress.com/…/mina-neolitic…/

Las piezas británicas han sido datadas entre el 2500-2000 aC.

Para saber más: http://www.bizkaia.eus/…/kobie_6_vol_1y2_anejos_DOS%20SORTI…

Legaterna, ligaterna.

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Significado: Lagartija

Extensión: Al menos en la parte oeste de Merindades hasta la Pasieguería, además de Las Loras, Campoo, Montaña Palentina y otras zonas de Cantabria (Luena y Toranzo). Ligartesa se usa por la Pasieguería y Encartaciones, pero también por Iguña, Anievas y Buelna.

Fuentes: http://www.geocities.ws/localismos_valledevaldebezana/utensilios2.html
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5897643.pdf.
https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10120443

Estelas discoidales con simbología “cántabra” en Merindades y Sedano.

 

ESTELA DE DOBRO

Se trata de una estela con una decoración en círculos concéntricos que recuerdan a las cántabras de Barros o Lombera, aunque de tamaño muy inferior a estas estelas discoideas prerromanas. Tiene una altura de unos 50 centímetros y fue encontrada junto al camino viejo de Dobro a Villaescusa del Butrón, en plena paramera del sur de las Merindades, municipio de Los Altos.

Diez de Tubillexa y Merlos, en su obra “Escóbados de Abajo, Escóbados de Arriba, Huidobro, Porquera del Butrón y Villalta” (2013) la atribuyen una cronología de en torno al siglo VII, aunque podría ser posterior. 

Por todo ello, se trata de una estela singular e interesante, que además no aparece documentada en ninguna otra obra bibliográfica, catálogo o carta arqueológica que conozcamos.

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Foto e ilustración de Diez de Tubillexa y Merlos.

 

ESTELA DE VALDELATEJA

“Fragmento de estela de cabecera discoidea, trabajado en piedra caliza muy blanca. De antiguo, ha perdido el tercio superior del disco y gran parte del pie. Mide 27 cm. de altura. El disco tiene 33,50 cm. de diámetro por 18 de alto y 9 de grosor uniforme. El pie solo alcanza 9 cm. de altura y se separa de la cabeza mediante una escotadura de 17 cm. de amplitud que da paso a un apéndice lateral u orejera de forma triangular.

El anverso, provisto de un orificio reciente, lleva dos cenefas concéntricas y lisas, realizadas mediante sendas incisiones. El borde del disco se prolonga en la zona del cuello por otra incisión. El interior del campo central es ocupado por un círculo inciso que dispone de un punto en su centro y dos semicírculos laterales de similar técnica. En torno al interior de la cenefa interna se distribuyen cuatro grupos o haces de semicírculos grabados, de aspecto muy tosco y con tendencia a ser concéntricos, formados por tres o cuatro -según los casos- curvas cuyos trazos externos no llegan a ser tangentes (Fot. 13). 

El reverso, con un desconchado reciente y una hendidura transversal, porta una decoración similar, aunque quizás conformada por cuatro haces de semicírculos, al parecer constituidos solamente por tres orlas casi concéntricas (Fot. 14). El canto es liso, igual que el pie. 

En cuanto a la ornamentación, los motivos no cruciformes, más antiguos que otros cruciformes más usuales, pueden considerarse como de raigambre pagana y, sin duda, heredados de las culturas locales anteriores a la llegada del cristianismo y supervivientes en época visigótica. Su origen estaría en el mundo prerromano cántabro. Con todo, esta vinculación no garantiza una datación tan antigua, sino solamente su nexo con una determinada tradición o repertorio ornamental y, a lo sumo, una perduración de tales representaciones. Parece tener más verosimilitud su vinculación cronológica con momentos altomedievales, con anterioridad a la XII centuria.” (Campillo, 2004)

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Foto de Jacinto Campillo.

 

 

OTRAS ESTELAS DE LA PROVINCIA DE BURGOS

ESTELA DE PINEDA DE LA SIERRA

Estela procedente de la necrópolis medieval situada delante de la ermita del Cristo y actualmente empotrada en el paramento exterior del muro meridional de dicha ermita.

Fragmento de disco realizado en arenisca de color ocre y terroso, parcialmente veteado. Carece de la parte inferior de la cabecera, del pie y de una porción
del borde derecho. Se encuentra incrustado en el exterior del muro sur, encima del salmer izquierdo del arco de medio punto que da acceso a la ermita, a unos
dos metros del suelo y a metro y medio del citado arco. Mide 27 cm de alto por 31 de diámetro. La cara visible muestra una circunferencia esculpida que deja al exterior una bordura lisa. El campo central es ocupado por cuatro semicírculos grabados, cada uno dirigido a un punto cardinal, que cuelgan de la mencionada circunferencia sin que sus extremos lleguen a tocarse. De este modo forman una especie de cruz llaveriza cuyo centro está presidido por un círculo esculpido

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Foto de Jacinto Campillo.

 

Esta estela recuerda los motivos decorativos cántabros de Cubas (Martín, 2000) o incluso de ciertas estelas cántabras, salvando las distancias cronológicas, como Barros, Zurita y Lombera (Peralta, 2004). Sin embargo, ha sido datada en la primera mitad del s.XIII.

Texto y foto: Campillo, 2014. Las Estelas Medievales de Pineda de la Sierra (Burgos). Kobie Serie Antropología Cultural, 18, 187-206.

 

 

ESTELA DE VILLAMAYOR DE LOS MONTES

Más cerca de Lerma que de Burgos, en la localidad de Villamayor de los Montes, se ha encontrado esta otra estela que presenta ciertas similitudes iconográficas con la de Dobro y con las cántabras. Aparece en la obra de Campillo (2015): Las Estelas Cristianas de la Cuenca del Arlanza y la pista nos ha sido facilitada por Javier Gómez.

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Foto de Javier Gómez.

 

Etimología y evidencias toponímicas de Amaya

 

Tablilla del “Itinerario de Barro” en la que aparece por primera vez el topónimo Amaya, s.III dC. Museo Arqueológico de Oviedo. Foto de Francis Suárez.

 

ETIMOLOGÍA

Sobre el posible significado de la palabra AMAYA existe bastante información disponible tanto en trabajos académicos como en determinadas páginas de internet. Por ello en esta nueva entrada de nuestro blog pretendemos más bien aportar nuevos conocimientos y tratar de condensar el estado de la cuestión hasta el momento. Se han propuesto dos hipótesis etimológicas básicas sobre este vocablo:

La primera afirma que procede del indoeuropeo am(m)a, am, a su vez con dos significados: el más extendido es el que lo vincula con el significado actual de MAMÁ, en lenguaje infantil y familiar (no con el de madre, cuya raíz indoeuropea es diferente). Pokorny (1959) menciona vocablos con similar significado y contexto en idiomas tan dispares como el albanés, griego, islandés, alemán, osco e hindi. Según cada idioma equivaldría a MADRE, TÍA, ABUELA, NODRIZA, ENFERMERA. Con la connotación afectiva de ama como mamá se relacionarían las palabras latinas amicus (amigo), amita (tía) y amare (amar). Corominas (1961) tiene a ama como nodriza o dueña de casa… procedente del hispanolatino Amma “nodriza” que debió significar primeramente “madre que amamanta” y que se ha mantenido especialmente en el ámbito lingüístico español y portugués. Amma, según San Isidoro de Sevilla (Etimologías 12 7.42) sería un nombre dado por el vulgo al murciélago, porque según una leyenda popular, mencionada por Ovidio (Fasti 6 128) y Plinio (11 39), ofrece leche a los recién nacidos, lo que lleva a Isidoro a poner en relación amma con amare. En las lagunas de Villafáfila (Zamora) se ha encontrado una curiosa estela que dice: Amma Nova, con su igual (pareja, marido), alimentó con leche a dos señoras(amas) al mismo tiempo. Puso este epitafio. Yacen aquí. La tierra las sea leve. La dedicante porta el conocido cognomen indígena Amma, bien documentado en la zona antes señalada en las formas derivadas de Amma, Ammia  y otras, y que aquí debe interpretarse como nodriza. En conjunto, parece derivarse de una forma del balbuceo infantil presente en muchos idiomas del tronco indoeuropeo para designar a una madre o cuidadora de forma cariñosa y afectiva.

Según una segunda acepción indoeuropea, también podría hacer referencia a CAUCE, LECHO DE UN RÍO. Con esta raíz hidronímica se han propuesto etimologías para zonas como el valle de Amaía, cerca de Santiago, Galicia (Bascuas 2002).

Una segunda hipótesis etimológica postula que estamos ante un vocablo preindoeuropeo (muchos dicen simplemente “vasco”, pero cuidado con simplificar en exceso: véase nuesta entrada). Se basa en la homofonía con la palabra del dialecto vizcaíno amai, que significa CONFÍN, TÉRMINO + el sufijo -a “el, la, lo”, justificando así el hecho de estar aquélla en los confines de la Cantabria.

Esta teoría tiene ciertos elementos a su favor. No solo por el hecho de que, en efecto, Amaya fuese el límite de los cántabros con los vacceos y turmogos en época prerromana y con los visigodos en tiempos del Ducado, sino también porque el Castillo de Maya, en el Baztán navarro (llamado en euskera Amaiurko gaztelua) fue el último bastión de la independencia navarra frente al asedio castellano en 1522. Estamos ante un curioso paralelismo histórico y homofónico, con 800 años de diferencia entre uno y otro, pero sugerente en cualquier caso.

EVIDENCIAS TOPONÍMICAS

Algunos filólogos se han percatado de que esta palabra y sus derivados aparecen con relativa frecuencia en documentos e inscripciones de época romana en toda una amplia zona de Hispania centrada en el Noroeste ibérico y alejada de la zona vasca. Los antropónimos Ammaia, Ammaea, registrados en inscripciones de Lisboa y Arroyo del Puerco (Huelva), son algunos de los más claros. Am(m)aia era cabeza de los Amaeos, gentilidad indígena de Galicia, perteneciente a la tribu de los Caporos. Contienen el nombre Ammeius, documentado también en un epígrafe de Bingen (Alemania). Estrabón cita una Aimaía en la zona de Limia (Orense). Por su parte, los Amaci o Ámacos eran gentes astures. Otros nombres personales, formas variantes y derivadas de este radical, son:  Ammus , Amma, Ammina, Amminus, antropónimos celtas y celtibéricos; este último, documentado en Badajoz, lo llevó también un jefe británico. Su base es Ammus, Am(m)ius / Amia, nombres personales atestiguados en distintas regiones célticas. Ammo-n aparece en epígrafes de Coruña del Conde (Burgos), La Foux (Galia), Heidelsburg (Alemania), etc. Am(m)onĭācus, Amonius, Amonus, Ammonika, Amona (Extremadura, Toledo y Galia). El gentilicio Amminicum se documenta en Uxama (Osma) y Ammira / Amira en Salamanca y Alcántara. En la Lusitania prerromana se conocen varias estelas con las menciones a A(m)maia y Am/maia (Cáceres), Amainio (Zamora), Ama[inio y Amaius (Castelo Branco, Portugal)  y Am(m)/ai(en)ci(s) y Ammai/[e(n)]si (Portalegre, Portugal). También cerca de Portalegre se localiza la villa romana identificada como Ammaia.

Además, existe el dato objetivo de que en el preindoeuropeo hispano parece que no contaban con el sonido m, ni el protovasco ni ninguna otra lengua. La forma que tenían de solucionar este sonido era la combinación sonora -nb-. Y hay muchas evidencias al respecto (aparte de la conocida derivación del protovasco *[h]anbar en el actual hamar, “diez”). Se sabe por ejemplo que el nombre de la ciudad alemana Emmerich, cerca de la actual Düsseldorf, procede de un antiguo *Ammeriacum, y éste a su vez de la forma documentada Ambariacum, lo que la aproximaría a otros nombres con radical amb-, como el antropónimo enormemente común en ciertas zonas de Hispania de Ambatus, presente incluso hasta la llegada de los romanos.

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Mapa publicado originalmente por Joseba Abaitua.

CONCLUSIÓN

Amaya parece ser una palabra incrustada en lo más profundo del acervo lingüístico de Las Loras. Lo más probable es que se trate o bien de un topónimo indoeuropeo, con el significado de la CIUDAD MADRE o bien preindoeuropeo, traducible como la CIUDAD LIMÍTROFE. En cualquier caso, estamos ante un topónimo y antropónimo ampliamente difundido por todo el noroeste peninsular, más común hacia el oeste que hacia el este de Peña Amaya. Pertenece al ámbito lingüístico prerromano de la Hispania occidental y fue recibido en el latín de la zona y pervivido en él hasta sobrevivir en los romances que lo continúan desde entonces (de Hoz, 2010).

Señalar por lo tanto que de ningún modo estamos ante un topónimo vascuence, ni mucho menos debemos deducir que el vasco llegó a hablarse en algún momento pasado en este sitio de Las Loras, sea por semejanza con el antropónimo Amaya (inventado por Navarro Villoslada en 1879) o por cualquier otro motivo con parecido fundamento. El hecho de que solo a nuestra Peña Amaya se le vean paralelismos etimológicos vascos por parte de algunos (véase también otros topónimos cercanos como Úrbel, Muga o las propias Loras) y no se busquen estos mismos paralelismos en otros topónimos y antropónimos gallegos, leoneses, portugueses o extremeños está indicando claramente que estamos ante una mera cuestión de interés geopolítico y/o miopía intelectual.

BIBLIOGRAFÍA:

Albertos, Mª.L. (1966). La Onomástica Personal Primitiva de Hispania. Tarraconense y Bética, C.S.I.C., Salamanca.

Celtiberia.net http://www.celtiberia.net/es/conocimientos/?idp=644

De Hoz, J. (2010). Historia Lingüística de la Península Ibérica en la Antigüedad.

Galmés, A. (2000). Los Topónimos: Sus Blasones y Trofeos (La Toponimia Mítica).

Hernández, L. y Jiménez, A. (2007). Novedades epigráficas de la provincia de Zamora, Acta XII Congressus Internationalis Epigraphiae Graecae et Latinae (Barcelonae, 3-8 Septembris 2002), eds. M. Mayer – G. Baratta – A Guzmán, Barcelona, pp. 723-725 y 727,

Hernández R. y Siles, J, (2012). Nueva lectura e interpretación de una inscripción latina de Villalpando (Zamora). Studia Philologica Valentina, 14, 89-97.

Hispania epigraphica.

Pokorny, J. (1959). Indogermanisches Etymologisches Wörterbuch. Bern / München.

Urbina, D. (1994). Ataecina y Urilouco dos divinidades indígenas en Talavera de la Reina.  Minius 2-3, 42-51.

La Cantabria Burgalesa: Citas históricas

La primera mención documental que conocemos de “La Cantabria Burgalesa” para el territorio de las Merindades y las Loras aparece en la “Guía Ilustrada de la Provincia de Burgos”, editada por la Diputación Provincial en 1930. Su autor es Luciano Huidobro (1874-1958), historiador y arqueólogo burgalés, académico de la Real Academia de la Historia, vicedirector de la Institución Fernán González, presidente de la Comisión Monumentos de Burgos y Cronista de la Provincia de Burgos, entre otros méritos.

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El autor, natural de Villadiego, siguió utilizando esta misma expresión conceptual durante toda su vida, como vemos en esta cita de 1954 (Contenido diverso. Boletín de la Institución Fernán González. 4º trim. 1954, Año 33, n. 129):

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Recientemente (2014), los hermanos Fernández Manjón, han  publicado una obra titulada Las Palabras y el Contexto. El Habla de las Loras de Burgos y su Entorno. En ella ofrecen una DEFINICIÓN de lo que es La Cantabria Burgalesa:

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Otro natural de nuestra zona (Tablada del Rudrón) es el profesor de historia Jacinto Campillo. Fue coautor de la conocida “Carta Arqueológica de los Partidos Judiciales de Villarcayo y Sedano”. En este pasaje de 1995 resume magistralmente toda la HISTORIA TARDORROMANA Y VISIGODA de la Cantabria Burgalesa, olvidada por muchos otros historiadores: 21586576_1134797903317569_8776870592391534916_o

Este párrafo aparece en “Las necrópolis medievales cristianas de La Honor de Sedano (Burgos)”. Kobie, 22. (Véase también Campillo, J. (1980).

 

 

 

Etimología de Úrbel

El hidrónimo y topónimo Úrbel (o Urbel, que así se llamaba hasta 1997) es una palabra curiosa que, por su cierto “sonsonete” (como diría Caro Baroja) o sonoridad vasca sigue siendo, en pleno siglo XXI, fuente de creencias erróneas generalizadas. Errores propagados por unos pocos y aceptados por muchos otros, que no sólo afectan al conocimiento sobre el origen de la propia palabra en sí, sino también con implicaciones histórico-nacional-territoriales claras.

Aunque el supuesto origen vasco de Úrbel era ya mencionado (y rebatido) desde mucho antes (véase por ejemplo, Huidobro Serna, 1909), el investigador que se constituyó en una referencia al respecto fue el gran lingüista Antonio Tovar (1911-1985), reconocido falangista, rector de la Universidad de Salamanca y profundo conocedor de la lengua vasca, que empezó a aprender esta lengua cuando su padre ejercía de notario en Elorrio. Tovar (1955) sugiere partir del étimo *urbeltz ‘agua negra’ (ur ‘agua’ + beltz ‘negra’) para explicar la etimología de la voz Urbel. El autor compara nuestro hidrónimo con vocablos como goibel ‘cielo oscuro’, ‘nube’: obel (<*ortz-bel). “Casi seguro-escribe- debe su nombre a colonos vascos en la repoblación, si nos fijamos en que entre los pueblos de la región están Pradilla de Hoz de Arreba, dos Villabáscones en los partidos de Villarcayo y Sedano y un Basconcillos del Tozo en Villadiego”.

Lo primero que resulta llamativo en un lingüista de su talla es que no fuese capaz de apreciar la diferencia radical existente entre cualquier pueblo llamado Villabáscones, Basconcillos o similares y los pueblos con nombres genuinamente vascos, como Orrantia o Artieta en el Valle de Mena o Murita o Zaballa en el Valle de Losa. En cualquier caso, esta explicación ha sido el pilar fundamental sobre el que se han apoyado muchos otros para concluir que en la zona de Las Loras se hablaba vasco al menos desde la época de las repoblaciones medievales, cuando no directamente desde la noche de los tiempos. Ha servido incluso para elaborar teorías aún más peregrinas como que los cántabros hablaban vasco o, directamente, que los vascos se extendían en tiempos pretéritos hasta Las Loras y más allá.

Pero en contra del origen vasco de Urbel existen varios indicios de cierto peso. En primer lugar, no hay ninguna constancia de que el agua de este río sea negra en absoluto y tampoco se ha encontrado ninguna relación en este sentido con otros topónimos cercanos o leyendas de la zona. Un segundo argumento es que los hidrónimos son habitualmente las palabras que conservan mejor los sustratos lingüísticos anteriores. Por ejemplo, está perfectamente documentado que en prácticamente todo el actual País Vasco no existe ningún río con nombre íbero o euskera (Villar y Prósper, 2005), de lo que se deduce (de éste y otros argumentos lingüísticos) que ni siquiera en el País Vasco se hablaba vasco en tiempos prerromanos. Al contrario que en la Sierra de la Demanda burgalesa, aquí no está documentada la llegada de grandes contingentes vascos durante esa época, y sí que se observa, en cambio, la pervivencia de un fuerte sustrato cántabro, mayor que por ejemplo en algunas zonas de Las Merindades. En consecuencia, parece poco probable que el antiguo nombre indoeuropeo o celta del río mudara a uno vasco en la Edad Media.

Además, existe el problema de la evolución de esta palabra a lo largo de los siglos. La forma documentada más antigua del nombre no es Úrbel ni Urbel sino ULVER o Uluer. Así aparece recogido en uno de los documentos más antiguos que se conocen, un legajo del año 1121 en el que la condesa Anderquina, una noble que apela a su estirpe CÁNTABRA, dona unas propiedades al Obispado de Burgos. Este documento es citado por el Padre Flórez en el tomo XXVI de su España Sagrada (publicada en 1771) y nos parece tan interesante que reproducimos íntegramente aquí.

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ULVER ya nos ofrece todo un nuevo ámbito de explicaciones etimológicas. Algunos la derivan del hidrónimo celta Elauer, nombre antiguo del río Allier, afluente del Loira en Francia. Para otros procede de Ul- / Ultra- (más allá) y -ver / -verede (ver). El nombre de Úrbel querría decir por lo tanto “OTEADERO” o “lugar para mirar a lo lejos”. Y esta explicación sí se corresponde perfectamente con la utilidad de atalaya que podría haber tenido el cerro del castillo de Úrbel desde la antigüedad. Existe otro enclave sorprendentemente parecido al castillo de Urbel pero localizado en la comarca del Bierzo, al que llaman CASTILLO DE ULVER. Más conocido como Castillo de Cornatel, perteneció a la Orden del Temple y aparece referenciado con el nombre de Ulver desde el año 1065.

13640924_854183438045685_4241833584150717842_o.jpgEl proceso de cambio de lugar de las dos consonantes ULVER > URBEL se conoce en lingüística como METÁTESIS. Es un tipo de metaplasmo relativamente común en nuestro idioma y de él existen numerosos ejemplos en la evolución del latín al castellano actual: parabola > palabra, animalia > alimaña, integrare > entregar, etc… La metátesis sigue siendo un fenómeno bastante extendido en el español de hoy día, con ejemplos que (aún) no son admitidos por la RAE, como cocreta por croqueta, dentrífico por dentífrico o metereología por meteorología.