Castro de Quintanalacuesta, Cuesta Urria: ¿Un castro autrigón?

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Panorámica hacia Villarcayo desde el castro.

 

Bohigas, Campillo y Churruca (1984) dicen lo siguiente sobre este enclave: “En el término llamado los Castillos hay un castro ocupado durante la Primera y Segunda Edad del Hierro. Está emplazado sobre dos cerros de las estribaciones de la sierra de la Tesla. El recinto se limita por el oeste con los escarpes acantilados de ambos cerros en cresta, mientras es en la pendiente oriental donde se encuentran los indicios del poblado. En la zona más elevada de ambos cerros se hallan sendas terrazas formadas por un alomamiento del terreno, que quizás corresponda a una línea de amurallamiento. A los pies de ambas pendientes debía estar asentado el poblado, organizado en tres niveles de terrazas, concéntricas con respecto a cada una de las crestas de los dos cerros.

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Vistas de la terraza principal. Foto de Jesús Pablo Domínguez.

 

La separación de los niveles de terrazas entre sí se debía solucionar a base de muros que en algún punto debían tener más de tres metros de altura. Los taludes producidos por su derrumbe presentan más de nueve metros de anchura en casi todos los puntos, apreciándose en puntos aislados montones de piedras no recubiertos por la vegetación. Un caso particularmente interesante de separación es el que aparece en el nivel de terrazas más elevado de la cresta norte, formada por una alineación de losas hincadas de gran tamaño, que se sigue durante más de doscientos metros.

17309710_1410872068985863_674297853199624664_nEn superficie se recogen algunos fragmentos de cerámica a mano, entre ellos uno con decoración incisa con un motivo de bandas compartimentadas por trazos perpendiculares. Además aparecen cantos rodados de arenisca, algún núcleo de sílex y fragmentos de adobe.

17309705_1410877655651971_9070820585660318422_nEn este recinto se practicaron en el pasado excavaciones de sondeo que proporcionaron algún denario de Turiaso, una fíbula de arco y un colgante de bronce, así como una punta de lanza de hierro, adobes, una cuerna de ciervo trabajada y molinos de mano. Igualmente fueron hallados restos de vasos cerámicos, capítulo dentro del que hay que señalar el reciente descubrimiento de fragmentos de cerámica pintada celtibérica en el solar de este castro por parte de J. A. Churruca”.

 

Este castro es sumamente extraño y diferente a los del resto de la Cantabria Burgalesa por varios motivos:

1. Por su ubicación. Se trata de un castro desde el que se domina toda la llanada de Villarcayo-Medina pero que aparenta estar semiescondido, desde donde “se ve sin ser visto”. Diferente a los castros cántabros que conocemos, a los que les gusta dejar claro un “yo estoy aquí” para todo aquel que pasa por su entorno.

2. Se trata además de un castro que no está ubicado en la cima del monte sino en media ladera. Más cerca de la llanada agrícola que de las cumbres de detrás que lo separan de la Bureba. Para adaptarse a la pendiente cuenta con un sistema de terrazas que también es poco común.

3. Sus murallas son de escasa entidad, apenas perceptibles hoy día e indistinguibles de las propias terrazas. Podrían haber estado hechas de adobe, al estilo de los castros autrigones como el de Soto de Bureba, herederos de la cultura meseteña de Soto de Medinilla.

Teniendo en cuenta todos estos aspectos, podríamos estar ante un pequeño castro autrigón dependiente de alguno de los grandes oppida ubicados en la Bureba, tal vez Salionca (Poza de la Sal). Cualquier opinión técnica al respecto será bienvenida. El enclave merece ciertamente una visita por parte de cualquier amante de este período histórico.