Pedrosa de Valdeporres

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La centralidad administrativa de Pedrosa en Valdeporres data al menos de fechas tan tempranas como el siglo XIV, como se comprueba en la siguiente fórmula: “estando ayuntados ante la iglesia de San Esteban de Pedrosa de Porres a campana repicada según lo habemos de uso y costumbre de nos ayuntar a nuestra Junta y hermandad”

PEDROSA, capital de la Merindad de Valdeporres

Cocina Baja o Cocina de Humo

La COCINA BAJA o COCINA DE HUMO como esta de Villanueva de los Montes, Oña, es el tipo de cocina más antiguo de la comarca. Consta de una enorme campana que cubre totalmente la habitación, con el hogar en el centro sobre una base de piedra o de arcilla, y alrededor de él los ESCAÑOS para sentarse. En no pocas ocasiones la habitación carecía de toda abertura en los muros, a no ser la de la chimenea, y por esa razón reciben también el nombre en algunos sitios de cocina de claraboya, pues el óculo de la chimenea era la única entrada de luz.

Desgraciadamente, apenas quedan ejemplos en la zona de este tipo de cocinas, ni antiguos ni reformados. En Puentearenas, Valdivielso, queda una, según nos informa Ana Rallo.

Texto y foto: Arquitectura Popular de Las Merindades.arquitecturapopulardelasmerindades

Hornazu, Torto o Rosca de Pascua

Típica del Domingo de Pascua.

 

El Torto o Rosca de Pascua es un pan redondo genuino de las Merindades y de Campoo que se rellena de chorizos y huevos enteros cocidos junto con la masa. En el proceso de cocción que se desarrolla en el horno, el pan adquiere una tonalidad rojiza muy característica, producida al desparramarse el pimentón rojo de los chorizos, adquiriendo todo el pan un sabor único.

 

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Rosca de Puentedey. Foto de Indira Orozco.

 

Representa todo aquello que prohíbe el tiempo de abstinencia que supone la Cuaresma. En la mayor parte de los pueblos de Merindades era típico merendar la ROSCA o ROSCO (también llamada HORNAZO u HORNAZU por la parte más próxima a Campoo y TORTO en Espinosa y Mena) la tarde del domingo de Pascua. Los jóvenes y no tan jóvenes se iban con sus cuadrillas de amigos a merendar la rosca a algún sitio próximo al pueblo. Algunos la hacían con los chorizos y los huevos enteros, otros con rodajas de chorizo en su interior, ese chorizo que en casa se hacía en época de matanza y que se conservaba en manteca durante todo el invierno. 

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Rosco de Trespaderne

 

Estas roscas (así como sus primos pequeños, los bollos preñaos) se venden durante todo el año en las panaderías de Merindades pero antiguamente, en vísperas del domingo de Pascua, se hacían en los hornos comunales o particulares de cada pueblo. En los últimos tiempos se llevaban a la panadería a cocer. Se compraba masa de pan en la panadería, en cuyo precio iba incluido el horneado, ya en casa se añadían los huevos, la manteca y el chorizo. Una vez listas y a la hora que te habían dado para el horno, se llevaban y hacía el mediodía se iban a buscar una vez cocidas. También se llevaba el chorizo y el tocino de la matanza propia a la panadería.

Hay además diferencias locales. En Torme (Villarcayo), los huevos y los chorizos los metían dentro del rosco. En Soncillo (Valle de Valdebezana), para los niños el hornazo, que era tradición que te lo hiciera tu madrina y para los mayores las tortas, el Domingo de Pascua. La diferencia es que el hornazo es ovalado y con dos huevos en el medio y las tortas son redondas y no llevan huevos. Pero ambas llevan el chorizo por dentro. En Virtus lo llaman hornazu, con el chorizo troceado en el interior y los huevos cocidos enteros por fuera. En Espinosa de los Monteros son con chorizo y panceta por dentro, y no llevan huevo. En Villalaín iban a la panadería con el chorizo y los huevos a cocer la rosca y a merendar al monte de Villalain con las amigas y con gaseosa de Capillas. En Palazuelos de Cuesta Urria se llamaba rosco y era con huevos y chorizos por encima y se hacían uno para Pascua y otro para Pascuilla. A la masa para que estuviera crujiente la echaban un poco de manteca del cerdo. En Trespaderne se hacía con chorizo y torreznos.

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Rosca de Medina de Pomar. Foto de Carmen Ecocina.

 

Se todos los casos se solían comer en el campo, en los montes de los alrededores del pueblo.

 

 

 

Axis mundi et subtus covae

La Encina de Quecedo de Valdivielso o las hoy desaparecidas Encina de Sotoscueva o la Morera de Miñón, entre otros sitios, tuvieron sin duda una fuerte carga simbólica para los habitantes cántabros de Merindades. Todas reúnen una condición digna de ser tenida en cuenta. Eran ÁRBOLES JURADEROS O DE CONCEJO. Allí se tomaban las decisiones fundamentales que atañían a los vecinos, en asamblea abierta y participativa, al estilo del antiguo Senado Cántabro refugiado en el cercano Monte Hijedo al que aún en el 575 d.C. fue San Millán a intentar cristianizar. Desde entonces, la tradición de los árboles juraderos ha seguido viva, ya fuera para la organización de pueblos, concejos o parroquias, como para jurisdicciones más amplias, como la Morera de Miñón que funcionó como asiento de las siete merindades de Castilla.

Durante muchos siglos estos árboles sagrados fueron testigos de los acuerdos tomados por los vecinos más notables para el mejor gobierno de los valles. Todo lo acordado bajo estos gran árboles era respetado escrupulosamente, fieles todos a las costumbres ancestrales de origen pagano. Sólo a partir de 1616 fue creado el archivo de la Merindad de Sotoscueva, donde se empezó a levantar acta de todas aquellas reuniones y a registrarse los diferentes acuerdos, ya que hasta entonces nada quedaba escrito, al tenerse como suficiente testigo al gran árbol.

Son, eran, árboles que se hallan en el centro geográfico de la Merindad, funcionando como punto umbilical o “axis”, eje si no del mundo al menos sí ciertamente de la región. Es el símbolo del sostén del mundo, situado en medio del universo y que, además, a veces en los mitos relativos al árbol de la vida alcanza categoría de conjunción de las tres zonas cósmicas: infierno – entrañas de la tierra, tierra y cielo, tal vez porque el árbol hunde sus raíces en la tierra, descansa sobre la superficie terrestre y eleva majestuoso su copa hacia el cielo.

En los años 70 Pedro Macho, que durante bastante tiempo fué el guia y encargado de las cuevas de Ojo Guareña decidió individualizar una de las encinas del monte de más porte rodeándola con 16 pequeños monolitos rectangulares a modo de asientos. Así, pues este árbol singular en el que muchos se fijan es a su vez una creación singular de una persona. El ejemplar tiene un perímero de 1,20 metros y apenas unos 60 años. Pero con un simbolismo ancestral.

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