Etimología de Urria

Primeras apariciones documentales

El topónimo URRIA aparece registrado en nuestra zona en documentos del siglo XII con diversidad de grafías: 1167 “in Orreia”. 1182 “ego don Rodrico filio de don Xemen de Orreya…”. 1185 “Dono uobis monasterium Sancti Martini de Hurria cun omnibus pertinentlis suis”. Y en pleno s.XIII: 1258 “…con nuestros uezinos los aldeanos de Vrria, et de Uillamagrin…”. 1282 (Escritura de venta) “…el eredamiento que io auia en Vurria”. 1352 “Vrria”.

Como apelativo lo encontramos en los topónimos de la zona CUESTA URRIA y QUINTANA URRIA. El primero figura en un documento de 1270, donde es testigo de una escritura de venta: “Aluar Garcja, fijo de Garçi Lopez de la Cuesta dUrria”. En 1327 figura como testigo de una sentencia contra un clérigo de Villaveta un tal “Juan Gomez de la Cuestadurria”. Más temprana es aún la documentación del segundo: 1128 (Testigo en una querella) “Iohan de Quintanaurria”. Hacia el año 1200 (Donación a Monasterio de Oña) “…omnem hereditatem quam habemus en Quintana Urria”. 1230 “…Guterrium et Rodericum filium eius de Vrria ex alia”, y en el mismo documento: “…habeant domum Sancti Martini de Urria toto tempore uite sue”.

Etimología

Sobre el origen de este vocablo en esta zona se han propuesto diversas teorías. Algunos creen que todas las terminaciones “urria” de la comarca hacen relación a la existencia de arenas auríferas en los ríos y arroyos de nuestra comarca. Cualquiera que sepa algo de cómo se forma este metal (de origen magmático y asociado a rocas ígneas, no de tipo sedimentario como nuestras calizas), tendrá criterio suficiente para desechar esta teoría sin más miramientos.

Una creencia mucho más extendida es la de que esta palabra procede del vasco. Y en efecto, en este idioma existen varias palabras susceptibles de ser candidatos etimológicos: Algunos la derivan de la palabra urria, que en vasco actual significa octubre, y que parece proceder de urri o urria, “escaso, menguado o disminuido”. Urr, urra, urraitz, etc. quiere decir avellana en este idioma, por lo que octubre también podría significar “mes de las avellanas”. De hecho, a octubre también se le llamaba en algunas zonas de habla vasca biltzil, mes de la recolección y lastail, mes de la paja. Nada hace sospechar que nuestro municipio tuviese alguna relación particular con ninguno de estos significados. Además, no existe ninguna prueba documental de que existiera nunca poblamiento de habla vasca en la zona.

La teoría más plausible es la que deriva nuestro topónimo de la raíz preindoeuropea URR- con el significado de CERRO o PROMONTORIO (Hubschmid, 1960). Existen multitud de topónimos fuera del ámbito vascófono que pueden adscribirse a este significado. En Asturias: Urria (Teverga y Somiedo), Pico Urriellu (el famoso Naranco de Bulnes, en Cabrales), Picu l’Urru (Belmonte), Orria (Aller), Orria (Lena), Tsandurriu, entre Somiedo y Xanestoso (Cangas del Narcea), el Tsinu l’Orro, en el Monsacro (Morcín), etc… En Galicia: Orrea (lugar de Sillobre), Orria / Orrio / Orro (Culleredo), San Andrés de Órrea (A Golada), Vale da Urra (Portugal). En Cantabria están los conocidos como Urros de Liencres. En Carranza el Urrio, el Urro…

Más “urrias” en Merindades

Por encima de Redondo, Merindad de Sotoscueva, existe una peña llamada PEÑA URRIA o Penurria, en las crestas entre Rioseco y Valmayor. En el Libro de la Montería de Alfonso XI (1340) leemos: “Valmayor es buen monte de oso et de puerco en verano. Et son las vocerías, la una desde encima Foyuelos de Rioseco á Piedra Travesaña: et la otra desde Piedra Travesaña al Candanal; et del Candanal á la Cueva Costeriza, et dende á Focejo, et desde Focejo á Peña Urria, et de Peña Urria á Cerro Estacas, et de Cerro Estacas á Peña Osera.” De forma curiosa, en la Merindad de Cuesta Urria también existió una aldea llamada Valmayor, hoy despoblada. La Urria es también un monte en Ahedo de Butrón (Los Altos).

En definitiva, nuestra URRIA SIGNIFICARÍA CERRO O PROMONTORIO SEÑALADO.

Foto de la Sierra de la Tesla, verdadero hito paisajístico de toda la llanada de Merindades. En sus faldas está la Merindad de Cuesta Urria. Autor: Miguel Enrique Ugarte.

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El enigmático caracol de Quimper

El caracol moteado (Elona quimperiana) es una especie propia de zonas húmedas y sombrías, viviendo frecuentemente dentro de bosques caducifolios de hayas, robles o castaños. También puede aparecer en zonas de bosques de ribera e incluso en campiñas húmedas. Su alimentación se basa en los hongos que crecen entre la hojarasca o bajo los troncos muertos.

Es una especie atlántica que solamente vive en la España Húmeda y en la Bretaña francesa. Curiosamente hay varias otras especies que presentan un patrón similar, como la llamada babosa de Kerry (Geomalacus maculosus) que también existe en el Norte de la península, el madroño (Arbutus unedo) llamado BORTO por el Valle de Mena y que también se da de forma natural en el suroeste de Irlanda, y varias especies de brezos (Calluna spp.). La teoría más aceptada hoy día para este fenómeno se apoya en dos descubrimientos recientes: la similitud genética de gran parte de la fauna de Irlanda a la del norte de España, y la similitud genética de gran parte de la población humana de Irlanda a la del norte de España. Es muy posible que todas estas especies fueran introducidas accidentalmente en la Bretaña francesa y las Islas Británicas a finales del Paleolítico o principios del Mesolítico por las poblaciones humanas que emigraron a esa zona desde el Norte Atlántico de la península Ibérica.

En Merindades se ha confirmado su existencia en los Montes de Valnera, Montija, Valle de Mena, zona de Arreba, Monte Santiago y Sobrón. La presencia en la Sierra de la Tesla y Valdivielso debe confirmarse.

Es una especie en peligro de extinción. Debe evitarse incluirla en nuestras excursiones a por caracoles.

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Distribución mundial de caracol de Kimper.

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Distribución mundial de la babosa de Kerry.

 

Las Merindades en la provincia de Burgos: Motivos y consecuencias poblacionales

En 1821 andaban organizando de forma más cabal los distintos territorios españoles heredados del Antiguo Régimen, cada uno de ellos con diferentes estatus jurídicos a cada cual más dispar. El proceso había comenzado con la división provincial de José Bonaparte de 1810. En las Cortes de Cádiz se reunían en noviembre de ese año la Comisión de División del Territorio creada al efecto.

La costa cantábrica (Partido de Laredo) y el Ebro medio (Partido de Logroño) eran las dos áreas más dinámicas de la Intendencia de Burgos. En aquella época se tomó la decisión, ampliamente demandada por los poderes locales/regionales respectivos desde hacía tiempo, de crear el germen de las actuales provincias de La Rioja y Cantabria. La Comisión de División del Territorio de las Cortes, presidida por el diputado de Murcia Don Diego Clemencín, estableció que a la hora de configurar y delimitar las nuevas provincias debían prevalecer dos criterios fundamentales: 1. El respeto por la línea de cumbres (que implicaba una mayor accesibilidad de los pueblos a su capital en cualquier momento del año) y 2. Procurar que la “provincia madre” no perdiese representatividad en Cortes por culpa de la secesión de sus antiguos territorios. De esta época data la creación de la nueva provincia de Asturias (desgajada de la Intendencia de León), así como las de Santander y Logroño (conformadas en parte por territorios de la vieja Intendencia fiscal de Burgos). A la hora de crear las nuevas delimitaciones territoriales, los criterios etnográficos o culturales tuvieron obviamente su peso (el partido de Reinosa fue adscrito a la nueva provincia de Santander sin oposición alguna ni siquiera del diputado de Palencia, provincia a la cual había sido agregada la comarca en 1803 tras la supresión de la provincia de Toro), pero siempre fue un argumento menor que los dos que acabamos de comentar, que en el caso de la comarca de Las Merindades fueron decisivos.

El debate sobre la delimitación de la nueva provincia de Santander fue de los más animados y problemáticos de toda la delimitación territorial española. Los diputados burgaleses (de la ciudad) Navas y Azaola fueron firmes partidarios de mantener la línea divisoria tradicional, en contra de la opinión de los diputados con vinculaciones montañesas Cuesta (diputado por Ávila) y Victorica (diputado por Burgos), que pretendían que al menos se agregasen a Santander las merindades de Valdeporres, Sotoscueva, Montija, Espinosa de los Monteros y Villarcayo. Los valles de Valdebezana, Bricia, Arreba, Zamanzas y Mena ya formaban parte del Corregimiento de Las Cuatro Villas de la Costa desde antiguo. Y el resultado ya lo conocemos. Leyendo todo el debate y argumentaciones de los diputados Navas y Aznaola (accesible en la web), trasciende poco más que su preocupación por asegurarse de que la nueva provincia de Burgos no tuviese menor representación en Cortes que las novatas Logroño y Santander (tres diputados en Cortes), para lo cual debían garantizar un mínimo poblacional. Y aquí llegamos al tema clave del asunto: Las Merindades suponían en la época del debate en torno al 17% de toda la población de la provincia actual de Burgos. Una porción demasiado importante del total provincial para que la ciudad de Burgos renunciase a ella.

Podemos profundizar en este análisis histórico para ver cómo ha tratado poblacionalmente Burgos a nuestra comarca desde que consiguió su objetivo de tener tres diputados en Cortes hace casi 200 años. En la gráfica que se adjunta se observa la evolución poblacional de Las Merindades, Miranda y el partido de Burgos desde aquella época hasta el presente. Hay varios datos de interés, como por ejemplo: 1. Que nuestra comarca era la más poblada de la recién creada provincia de Burgos. 2. Que tenía en 1858 casi el doble de población que la ciudad de Burgos (que se dice pronto). 3. Que el Partido de Miranda tenía tres veces menos población que Las Merindades. Comparemos con la situación actual y todos podremos sacar alguna conclusión al respecto.

Datos del INE.

 

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Intervención final del diputado Victorica en el debate. Actas del Diario de Sesiones de Cortes del 30.12.1821, pág.1540.

 

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Setas de cuco o perrechicos (Calocybe gambosa).

Llega abril y con ella una de las mayores exquisiteces micológicas de nuestros montes, la SETA DE CUCO.

Su nombre ni siquiera existe oficialmente, pero todos la buscan. Es la gran estrella de las setas y, cuando aparece, paladar y bolsillo se frotan las manos. Dicen que “una vez que se ven ya no crecen”. También que el “de abril ‘pa mí’, el de mayo ‘pa mi amo’ y el de junio, ‘pa ninguno'”. Que brotan por San Jorge (23 de abril; otro de sus nombres es precisamente: “Seta de San Jorge”), que aguantan hasta ocho días al aire libre en sitio fresco, que los ratones son su enemigo… Y es que en esto de los perrechicos hay mucho de cultura popular.

En lo que no existe duda es en su reclamo. Es una de las piezas más cotizadas entre fogones y platos. Y la mejor demostración está en el precio, que puede sobrepasar en estas fechas los 80 euros/kilo. Se convierten en atracción en restaurantes, sociedades gastronómicas y cenas de reputados comensales. ¿Y cómo es? ¿Qué le diferencia? ¿Qué le distingue de la amplia gama de hongos y setas? Cuenta con una curiosa contradicción que el paladar distingue. Es carnosa, de textura firme y compacta, pero tierna a la vez. Capaz de dotarse de adjetivos antónimos. Pero, más aún, su rasgo diferenciador viene marcado por un intenso aroma a harina recién molida y a levaduras. Es la reina del norte, la mejor seta del comienzo del año. Cuando muere marzo y asoma abril está en su ‘gran momento’ (aunque se prolongue en junio y hasta julio). En pinchos, en revueltos, en cremas… La seta de cuco es oro que brota del suelo. Oro para el bolsillo. Oro para el paladar.

El origen de nuestro nombre original viene dado porque salen cuando esta ave inicia sus cantos en primavera y parece ser el original de las Merindades y algunas otras áreas de Cantabria.

En Álava la llaman tradicionalmente PERRECHICO, una denominación que ha ido extendiéndose por el resto del País Vasco (en la parte euskalduna de Bizkaia y Guipuzkoa solía conocérsela antes como udaberriko ziza zuria, “seta de primavera”) y buena parte del Norte Ibérico. Es un nombre compuesto de chico ‘pequeño’, y una adaptación (con ensordecimiento b- > p-) del gascón berret ‘boina’, una forma diminutiva del latín tardío birru- ‘especie de capa corta con capucha’, presumiblemente del gálico *birro- ‘corto’. Por tanto, perrechico querría decir sombrero o BOINA PEQUEÑA.

Foto de Pedro Granados.

 

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Soncillo, en la provincia de Santander. 1843

Guía del Viagero en España, escrita por D. Francisco de P. Mellado. Gabinete Literario de Madrid, 1843.

Francisco de Paula Mellado Salvador (Granada, ca. 1810 – 1876) fue un geógrafo, periodista, escritor, editor y director español, impresor de la primera enciclopedia en español, la Enciclopedia moderna.

Otro destacado proyecto editorial que llevó a cabo Mellado es la España geográfica, histórica, estadística y pintoresca (Madrid, 1845). Parecidos por su tema son los tres volúmenes de Recuerdos de un viaje por España (1849-1851), libro de viajes escrito íntegramente por él en el que describe un itinerario emprendido en mayo de 1846 por todas las provincias españolas y las posesiones de Ultramar documentando con criterio enciclopédico lo más relevante y vistoso de la geografía, historia, estadística, leyendas, costumbres y literatura de cada lugar, acompañando cada uno con grabados realizados sobre dibujos de su amigo Mauricio. En 1862 y 1863 se imprimió en su misma tipografía una segunda edición en dos volúmenes y en 1985 fue reimpresa en edición facsímil en Madrid. Pareja naturaleza tiene su Guía del viajero en España, de 1842.

 

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Pan de álaga o escanda

El álaga es un tipo de trigo propia de países fríos y terrenos pobres, de paja dura y corta, cuyo grano se separa difícilmente del cascabillo.

Antes era común por toda la vertiente cantábrica, incluidas las Merindades. En Asturias se calcula que en el siglo XVII el 10% del territorio se dedicaba al cultivo de la escanda. Desde principios del siglo XX, se produjo un rápido descenso de la superficie cultivada de escanda hasta llegar casi a su desaparición a finales del siglo XX. En 1941 Dantin Cereceda estimó la extensión del cultivo en 1.050 ha, en 1985 había bajado a 60 ha, y en 1992 la superficie era de 8 ha. Últimamente se está tratando de potenciar desde diferentes iniciativas, observándose una tímida recuperación en su cultivo.

Foto de escandaasturiana.es

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