Tostadas o torrejas, un postre de Navidad

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Las conocidas torrijas, en Merindades se llaman TOSTADAS en la mayor parte de la comarca y TORREJAS por la parte campurriana (Valdebezana, Bricia, etc.) y la mitad oeste de Cantabria: Campoo, Polaciones, Toranzo, etc..

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Torrijas de San Felices del Rudrón, Valle de Sedano. Foto de Elisa Rivero.

 

Claro que con esto de los nombres siempre suele haber acaloradas discusiones: Dice una persona en Facebook que “se llaman tostadas, en mi casa la torrija es solo un estado de ánimo que solemos dejar para el día de Año Nuevo, aunque hay quien lo manifiesta el resto de días del año”.

Tostadas se llaman en el Valle de Mena, Escaño, Espinosa de los Monteros, en buena parte de Cantabria, Encarnaciones, Arceniega, Ayala y hasta Bilbao.

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Tostadas de Ampuero. Foto de Jesús Palacio.

 

Se llamen como se llamen, se comen tradicionalmente en Navidad, al igual que en el resto de Cantabria. Nunca en Semana Santa.

Se comen especialmente en el desayuno o cómo postre, pero también de merienda del 25 o de año nuevo. Cualquier momento es bueno.

Francisco Llarena nos dice: Soy de Irus de Mena, y en mi pueblo siempre las hemos llamado tostadas. En casa las comiamos en Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo antes de los turrones. Conozco gente a los que no les gusta el dulce, que el día de Año Nuevo desayunaba tostadas con una copa de anís. Hoy es el día que en casa seguimos la tradición y en la mesa de Navidad comemos tostadas. No se de dónde viene esa tradición, pero ¡bendita tradición!

Dice Anciva Bura: En Santillana y Suances decimos ambas: torrejas y tostáas (esta última más). Y son lo más en estos días. Los panaderos hacen una barra un poco especial (un poco más redonda) para facilitar su elaboración. El sabor más navideño y representativo de estas fechas…y si tienen un poco de almibar que les haga más jugosasss..

En Resconorio que es el primer pueblo tras pasar el puerto del Escudo (Cantabia) según se baja hacia Santander, todas las navidades se hacen, tanto en Nochebuena como en Nochevieja y Reyes.

 

PREPARACIÓN

Las recetas, normalmente heredadas de las abuelas, varían tanto como el resultado final.

 

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Pan, leche, azúcar, anís y huevos: Torrijas del Valle de Valdivielso. Foto de Mª Angeles Martínez de la Torre.

 

La receta de Ángela Palacio, de Ampuero/Rasines: Aquí los panaderos por Navidades traen pan artesanal especial para tostadas. Primero se hierve leche de vaca casera (importante que sea casera) con canela en rama y limón. Al rato se le añade azúcar y se sigue removiendo. Después se corta el pan y se coloca en una fuente con la leche hasta que se reblandezcan. Luego se rebozan en huevo y se fríen en una sartén con aceite de oliva y peladuras de limón. Una vez fritas se las untan con miel artesanal.

En ocasiones se les pone mistela o algún otro tipo de licor dulce pero lo más típico es con aceite de oliva, leche, huevo, azúcar o miel y el pan duro. Las tostadas pasiegas en Navidad son con manteca y miel.

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Buena leche de vaca, huevos ecológicos y bañadas en miel. Receta de las abuelas de Raquel Toca.

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Tostadas y el almíbar con leche de casa. Foto de Bea García.

 

Avelina Martínez nos dice: “Supongo que antiguamente en algunas casas muy humildes con animales de granja se comerían mas a menudo, ya que parece una receta de aprovechamiento. Que forma mas sabrosa de aprovechar el pan viejo! Un poco de leche y huevos. Yo a la leche le añado azúcar blanquilla que es el endulzante habitual en mi casa, pero para gustos y necesidades, y la aromatizo con canela en rama y anís. Pero del bueno, que luego la botella hay que aprovecharla para hacer música con la cuchara. Y al huevo le añado azúcar. Para rematarlo lo espolvoreo con azúcar y canela una vez frito y antes de que se enfríe para que se adhiera mejor. Eso sí, antes lo escurro un poco con papel de cocina para que no estén tan grasientas. Y en repostería prefiero trabajar con aceite de girasol para que el sabor de la aceituna, no mate las aromatizaciones que elijo”.

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Tostadas metidas en almíbar y arroz con leche. Foto de Paqui Velasco.

 

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El fablar de Las Merindades

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– Aquí no se dice tejón sino TASUGO.

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Extensión de las palabras que comienzan con ta (tasugo) frente a las te (tejón) y to (toixó) para referirse al animal Meles meles (Fernández-Ordóñez, 2015).

– No se dice anteayer o antesdeayer, sino ANTIER o ANTESDEANTIER.
– Refugiarse al abrigaño cuando castiga el cierzo se dice AL SOBRIGAÑO.
– QUÉ MÉNDIGO ERES (con acento en la e) quiere decir que eres muy poco generoso en el compartir.
– Cuando estás un poco pocho y te cansas enseguida dices ES QUE NO TENGO HABILIDAD PARA NADA.
– Varear una noguera con una LATA es hacerlo con un palo muy largo.
– Aquí las ovejas no sestean, AGELAN.
– Cuando un marido se refiere cariñosamente a su mujer dice LA MI (ROSI, LOLI, GELI..).
– ESE TIENE MUCHAS RUMANAS es que suele hacer muchas trastadas.
– Aquí SE SUBE PARRIBA y se BAJA PABAJO.
– NO TE AMUELA, es decir no te fastidia.
– La gente va a LÁIRA, no a la era.
– En otros sitios trepan por un tronco, aquí SE ARRESQUILAN.
– En Merindades no hay lagartijas, hay LIGATERNAS.
– En otras latitudes un camión puede volcar, aquí VULCA.
– A mí ESO NO ME ENTECE. Esto es, no me afecta.
– Si HABRÍAMOS logrado que no BEBERÍA viene siendo lo que en otros sitios “Si hubiésemos logrado que no bebiese”.

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Zona de desplazamiento del imperfecto de subjuntivo a favor del condicional simple (Fernández-Ordóñez, 2015).


– Cuando alguien me está dando un serio disgusto, me está ACOLECHANDO LA SANGRE.
– Para imponer orden en el Concejo Abierto de un pueblo, el alcalde, dando con la vara un golpe seco en el suelo decía: OYERSEN.

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Zona en la que se utiliza el sen para expresar número en el clítico se: “[A los jamones] les hace falta casi un año para curarsen bien” (Fernández-Ordóñez, 2015).


– Cuando llega el tiempo de cosechar el cereal llega el tiempo de TRIGUEAR.

 

Texto de Alejandro Céspedes.

Imágenes de Fernández-Ordóñez, I. (2015). Dialectos del español peninsular. En Gutiérrez, J. (Coord.) Enciclopedia de Lingüística Hispánica, 2, 387-404.

 

Celtas, celtíberos y celto-atlánticos

“La Península Ibérica es uno de los territorios célticos por excelencia, lo que confirma la información proporcionada por las fuentes literarias, con noticias sobre pueblos, como los celtíberos o los célticos, cuyos nombres no dejan lugar a dudas respecto a tal filiación, o los abundantes documentos epigráficos que ponen de manifiesto la existencia de, al menos, una lengua céltica en el territorio peninsular, el celtibérico, cuyos testimonios se concentran hacia la Meseta Oriental y el Valle Alto y Medio del Ebro, esto es, la Celtiberia y los territorios adyacentes. En este panorama, las tierras del occidente peninsular tienen un gran interés, pues no en vano las primeras referencias a los celtas —keltoi— aparecen en la obra de Herodoto, en el siglo V a.C., refiriéndose a los habitantes de las zonas más occidentales de Europa, incluyendo las tierras del suroeste de Iberia. A partir de ese momento, la presencia de pueblos de filiación céltica en el occidente de la Península Ibérica está suficientemente probada, a partir de la información proporcionada por las fuentes literarias, los documentos epigráficos en lenguas indígenas, la onomástica de diverso tipo y la Arqueología. El análisis conjunto de tales evidencias, muchas de ellas tardías, al estar referidas a los dos siglos anteriores al cambio de era, cuando no incluso a la etapa inmediatamente posterior, permiten vislumbrar un panorama enormemente complejo, en el que no siempre resulta fácil integrar tan variados elementos.” (Lorrio, 2011).

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“En el extenso territorio del occidente atlántico ibérico que se extiende entre el Tajo y el Mar Cantábrico encontramos posturas académicas encontradas, sobre todo por lo que respecta al ámbito galaico. En esta zona la investigación se plantea, básicamente, desde dos posiciones radicales, que por lo común no aceptan un debate crítico (véase, Ruiz Zapatero, 2005). Por un lado, la que sólo quiere hablar de datos arqueológicos galaicos —que en general no permiten detectar la presencia de celtas en la zona—, sin aceptar una contrastación con los datos de las fuentes clásicas, los paleolingüísticos, los religiosos y los ideológicos. Por el otro, la que construye un discurso a partir de las referencias clásicas, los datos lingüísticos, ideológicos, religiosos y aún etnográficos, que permiten identificar una fuerte presencia céltica en el Noroeste, aunque en muchos casos forman una amalgama no siempre bien estructurada, sobre todo por lo que se refiere a la interpretación de la información arqueológica, lo que dificulta el sostenimiento de un discurso histórico coherente que integre todo este tipo de evidencias; la situación sólo ayuda a situar la cuestión de la celtización del Noroeste fuera del tablero de la investigación académica, y lo que todavía resulta peor, lo deja abierto a la manipulación en manos de pseudoinvestigadores y celtómanos.” (Lorrio, 2011)

“Una premisa previa es la necesaria separación entre el desarrollo de la cultura arqueológica de La Tène y las lenguas célticas, señalada por Kristiansen (2001). En opinión de este autor (ver también James 2005), las lenguas celtas habrían aparecido con anterioridad a la cultura de La Tène, sobreviviéndola. Estaríamos, por tanto, ante dos procesos que se desarrollaron en dos áreas distintas de Europa y en dos momentos diferentes: frente al origen centroeuropeo de la cultura material tradicionalmente considerada como celta, las lenguas pertenecientes al grupo céltico se habrían originado en el sector atlántico y occidental de Europa, quizás durante el llamado Bronce Atlántico. El desarrollo de estas lenguas, como opina Cunliffe (2001, 1997), pudo haber sido paralelo al de los contactos atlánticos hasta el momento en que las lenguas célticas alcanzaron su forma distintiva en el Bronce Final, período de mayor intensidad de dichos contactos, constituyendo, así, uno de los elementos característicos del celtismo atlántico defendido por Cunliffe. Con el paso del tiempo, estos dos aspectos de lo que tradicionalmente se interpretó como la cultura celta, la lengua y la cultura material, se habrían difundido desde sus núcleos originales siguiendo una ruta inversa: la lengua de O a E y la cultura material de E a O, hasta abarcar todo el territorio centroeuropeo que tradicionalmente se ha interpretado como la cuna de los pueblos celtas.” (González y Parcero, 2007).

Mapas adaptados del (A) modelo clásico de celtización/celiberización en “mosaico” de la Península Ibérica desde el área nuclear celtibérica (Almagro-Gorbea) y (B) modelo celta lingüístico (González y Parcero, 2007).

 

BIBLIOGRAFIA
Lorrio, A.J. (2011). Los celtas en el occidente de Iberia, en Ruiz Zapatero, G. y Álvarez Sanchís, J. (eds.): Castros y Verracos. Las Gentes de la Edad del Hierro en el Occidente de Iberia, Avila, 45-101.
González, F.J.; Parcero, C. (2007): Bases para el estudio de la etnogénesis galaica. Pasado y presente de los estudios celtas, Ortigueira: 535-562.

 

 

Vijaneras, chamarrones y cachiporros

Las mascaradas de invierno, carnavales o ANTRUEJOS debieron celebrarse en nuestra zona de forma similar a muchos otros sitios del ámbito indoeuropeo más ancestral. Cerca de Las Merindades tenemos varias fiestas de este tipo que afortunadamente se han recuperado en los últimos años, como los Zamarrones de Los Carabeos o La Vijanera de Silió.

La Vijanera de Silió es una mascarada de invierno que se desarrolla en esta localidad de Cantabria el primer domingo de cada año. Consiste en un mascarada colorista en la que participan alrededor de 75 personajes diferentes encarnados por más de 100 vecinos, todos varones. Pero los verdaderos protagonistas de la fiesta son los ZARRAMACOS debido a la importancia de su papel. Estos últimos son personas vestidas con pieles de oveja y sombreros picudos además de llevar la cara pintada de negro que van ahuyentando los malos espíritus del año que comienza haciendo sonar los varios campanos que llevan atados al cuerpo. Su misión es la de expulsar a dichos espíritus del pueblo llegando hasta los límites del mismo. Originalmente, la Vijanera se festejaba en una zona mucho más extensa que la actual. La Asociación Cultural Amigos de la Vijanera documenta Vijaneras en Silió (el festival original desapareció en 1935), en Las Coteras, Santa Olalla (celebrada hasta 1935), Cieza (1954), Anievas (1938), Bostronizo (1935) y Fraguas (1918). También documentan en Toranzo, perteneciente al valle vecino del Pas y que fue además donde sobrevivió hasta más tarde, 1957. Además, existieron Vijaneras por Trasmiera, Campoo y Polaciones.

 

Pero seguro que existieron muchos otros hasta tiempos no muy lejanos, como lo muestra este óleo de Gutiérrez Solana, pintado en Arredondo, Soba. Los mozos se vestían de “mamarrachos” con vejigas hinchadas para carnaval y fiestas. Véase que sale “el oso”, personaje común a la Vijanera.

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“El Carnaval en la Aldea”. Obra de Gutiérrez Solana ambientada en Soba, 1920. 

En dos localidades pegadas al embalse del Ebro, Los Carabeos (Valdeprado del Rio) y Lanchares (Campoo de Yuso), los más viejos del lugar aún recuerdan de la existencia de una tradición carnavalesca denominada allí ZAMARRONES y que se está intentando mantener y potenciar en los últimos años.

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Zamarrones de Los Carabeos, Valdeprado del Rio, Campoo.

 

 

CARNAVALES Y MARCARADAS TRADICIONALES EN MERINDADES

VIJANERAS DE MANZANEDO, BRICIA Y ZAMANZAS

Gracias a la red social Facebook hemos conocido que EN LAS MERINDADES TAMBIÉN EXISTIERON VIJANERAS, denominadas desde siempre con este nombre. Concretamente, en Bricia, Zamanzas, Manzanedo y Valdebezana. 

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Esta es la descripción que nos proporciona Belén García, de Arreba, Valle de Manzanedo:

“Iban con pieles y cencerros en la cintura y el cuello. Algunos llevaban en la cabeza cuernos y otros sombreros. La cara tiznada de negro. Los Vijaneros tocaban el cuerno y asustaban a los niños. Pasaban de casa en casa pidiendo. Luego se juntaban en la cantina y cenaban allí. A la gente que estaba en la calle la seguían tocando el cuerno, especialmente a los niños. Si había nieve los empujaban y tiraban fuera de las sendas. Los padres llamaban a los niños tanto en la calle como en las casas para que se aproximasen, y cuando estaban al lado de los Vijaneros estos tocaban el cuerno y corrían detrás de los niños. Los Vijaneros eran los mozos solteros, igual que en las Marzas.”

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CACHIPORROS Y CHAMARRONES DE SOTOSCUEVA, VALDEPORRES Y VALDEBEZANA

Otra tradición que se conserva en fuentes escritas y en la memoria de los más mayores es la de los cachiporros y chamorros de Valdeporres. Manuel Guerra, natural de Villamartín de Sotoscueva, en su gran obra “Constantes Religiosas Europeas y Sotoscuevenses” (1973) expone lo siguiente:

“Orígen telúrico, en relación con la fecundidad y con la fertilidad, pueden tener las mascaradas que, hasta no hace muchos años, celebraban los mozos en Sotoscueva así como en otras zonas; acontecían siempre al final de enero y durante el mes de febrero coincidentes con las fiestas de San Sebastián, Santa Agueda, días de Carnaval, o sea en el tiempo preparatorio de la irrupción primaveral. En estas mascaradas se solían disfrazar de TOROS, si bien de este disfraz en los últimos tiempos sólo quedan los CENCERROS, conservados aún por el director (totalmente disfrazado) de los danzantes en las fiestas patronales de Las Machorras (pasiegos) y por el CACHUZO director de los CACHIPORROS (Robledo de las Pueblas), de los CHAMORROS (Cidad de Valdeporres) danzantes disfrazados de varias formas con ocasión del solsticio invernal. Estas mascaradas terminaban siempre con abundancia de vino,33863931_1289719941158697_7245953657663913984_n cena y jolgorio nocturno.”

La siguiente cita histórica ofrece más información al respecto:

“Otra. costumbre, tan bárbara como la anterior, se practicaba en el país que nos ocupa [Valdeporres], á la cual llaman CACHIPORROS, CHAMORROS O CHAMANONES; consistía en que los mozos vestíanse de mamarrachos los domingos y días festivos como lo hacen en Carnaval, ó iban pidiendo por los pueblos: la nota característica era, rodearse y colgar á su cuerpo muchos cencerros y campanas ó ir armados de sendos garrotes ó palos.” (Costa, J. (1918). Apuntes para la Historia Jurídica del Cultivo de la Ganadería en España”. Jaime Ratés, Madrid).

Amaia Arnesto nos informa de que en Robredo de las Pueblas eran CACHIPORROS y el que los dirigia lo llamaban CACHUZO.

Elena Campo ha averiguado que en Quintanilla de San Román, Valdebezana, hace mucho sí que habian CHAMARRONES, hace como 50-55 años de ello… Una persona mayor del pueblo recuerda que les decía una tía, “Qué vienen los chamarrones” y los niños pequeños, asustados se metían debajo de la mesa… Iban a pedir y era por Carnavales.

 

EL BOBO DE LAS MACHORRAS

Se celebra el primer domingo de agosto.

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Reportaje publicado en 1936 en la revista Mundo Gráfico.

Hornazu, Torta, Rosco de Pascua, Torto

La ROSCA o ROSCO (también llamada HORNAZO u HORNAZU por la parte más próxima a Campoo y TORTO en Espinosa y Mena) es un pan genuino de las Merindades y de Campoo que se rellena habitualmente de chorizos y por la parte de Valdebezana también de panceta. En el proceso de cocción que se desarrolla en el horno, el pan adquiere una tonalidad rojiza muy característica, producida al desparramarse el pimentón rojo del chorizo, adquiriendo todo el pan un sabor único.

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Rosco de Traspaderne (Foto de Panadería Viejo Horno).

 

Antaño era típico comerlo en el Domingo de Pascua, en cuyo caso también iba acompañado de huevos cocidos junto a la propia masa, elaborándose de forma más vistosa:

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Rosco de Pascua de Puentedey (Foto de Indira Orozco).

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Rosco de Pascua de Trespaderne (Foto de Panadería Viejo Horno). 

Era típico merendarla la tarde del domingo de Pascua. Los jóvenes y no tan jóvenes iban con sus cuadrillas de amigos a algún sitio próximo al pueblo, con unas gaseosas Capilla y el rosco en las bolsas, a pasar la tarde. 

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Niños y mayores volviendo del monte tras disfrutar juntos de esta maravillosa tradición (Foto de Virtus, Valle de Valdebezana).

 

Algunos la hacen con los chorizos enteros, otros con rodajas de chorizo en su interior, ese chorizo que en casa se hacía en época de matanza y que se conservaba en manteca durante todo el invierno. Algunos son redondos y de tamaño familiar, otros se parecen más a una empanadilla para comer de forma individual.

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Rosco de Medina de Pomar (Foto de Carmen Ecocina).
Rosco de Valdivielso (Fotos de Mª Ángeles Martínez de la Torre).

 

Existen más diferencias locales. En Torme (Villarcayo), los huevos y los chorizos los metían dentro del rosco. En Soncillo (Valle de Valdebezana), para los niños el hornazo, que era tradición que te lo hiciera tu madrina y para los mayores las tortas, el Domingo de Pascua. La diferencia es que el hornazo es ovalado y con dos huevos en el medio y las tortas son redondas y no llevan huevos. Pero ambas llevan el chorizo por dentro. En Virtus lo llaman hornazu, con el chorizo troceado en el interior y los huevos cocidos enteros por fuera. En Espinosa de los Monteros son con chorizo y panceta por dentro, y no llevan huevo. En Villalaín iban a la panadería con el chorizo y los huevos a cocer la rosca y a merendar al monte de Villalain con las amigas y con gaseosa de Capillas. En Palazuelos de Cuesta Urria se llamaba rosco y era con huevos y chorizos por encima y se hacían uno para Pascua y otro para Pascuilla. A la masa para que estuviera crujiente la echaban un poco de manteca del cerdo. En Trespaderne se hacía con chorizo y torreznos.

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Imagen a través de Lezana de Mena.

 

Estos roscos (y especialmente sus hermanos pequeños, los tortos, similares a los bollos preñaos) se venden durante todo el año en las panaderías de Merindades pero antiguamente, en vísperas del domingo de Pascua, se hacían en los hornos comunales o particulares de cada pueblo. En los últimos tiempos se llevaban a la panadería a cocer. Se compraba masa de pan en la panadería, en cuyo precio iba incluido el horneado, ya en casa se añadían los huevos, la manteca y el chorizo. Una vez listas y a la hora que te habían dado para el horno, se llevaban y hacía el mediodía se iban a buscar una vez cocidas. También se llevaba el chorizo y el tocino de la matanza propia a la panadería.

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Fotos de Olaia Berganza.

 

TORTOS DE MENA: RECETA TRADICIONAL de Avelina Martínez

Una masa de pan es sencilla y solo requiere una mañana fermentando. Con un bol y un paño fino de algodón es realmente sencillo, sin apenas manchar, realizar pan para dos pizzas, una empanada o varios tortos.

Ingredientes para los tortos:

Medio kilo de harina, 2 huevos, 6 cucharadas de aceite, una pastilla de levadura fresca, una cuchara de sal, el agua que admita y mucho amor. El agua según la receta debiera ser 20 cl., pero depende del tamaño de los huevos o lo frescos que sean, o el agua ambiental que hayan adquirido los ingredientes secos.

Preparación:

El agua se deja para el final, se agrega tibia y poco a poco, sin confiarse para evitar corregir añadiendo más harina. Y está en su punto de amasado, amasado que hago a mano y dentro de un bol de cristal, cuando la masa se despega sin dificultad de las manos. Tiene que tener una textura elástica. Luego se envuelve en un trozo de tela de hilo y se mete en el bol, se cubre con un trapo de cocina y se pone dentro de la cama. Evidentemente la masa se prepara a primera hora de la mañana, así se aprovecha para la fermentación el calor de haber dormido en la cama. Y a eso de la una se estira la masa se adereza con lo que se quiera hacer y al horno. Y queda de vicio.

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OTRA RECETA PARA EL TORTO MENÉS de Me Gusta Lezana de Mena.

Ingredientes:
· 100 ml de agua
· 200 ml de leche
· 100 gr de manteca de cerdo
· 25 gr. de levadura fresca
· 1 huevo
· sal ( 2 cucharaditas )
· 450/500 gr de harina de fuerza
· chorizo

Preparación:

Se tamiza la harina con la sal en un bol grande, se hace un agujero en el centro se van echando los ingredientes líquidos.
Primero, se disuelve la levadura en el agua templada y se vuelca en el agujero; en segundo lugar, se echa la leche también templadita. Se añade el huevo batido y se mezcla todo lo líquida bien, intentando no coger harina, una vez bien mezclado se añade la grasa (bien mantequilla o manteca) –yo le puse manteca- partida en trocitos y se revuelve bien hasta que esté perfectamente integrada.
A partir de ahora se va cogiendo harina poco a poco de los costados hasta formar una masa, se añade un poco más de harina en caso de que esté muy pegajosa, hay que estar amasando unos 15 minutos, procurando añadir la mínima harina posible.
A partir de ese tiempo , la masa cambia de aspecto, quedando una masa brillante, no dura y elástica.
Se deja reposar en el bol, tapada con un paño de cocina y una bolsa de plástico hasta que doble el volumen, (tardará 1 hora ó 1 hora y media ) dependerá un poco del calor de la cocina.
Una vez doblado el volumen, se saca y se desgasifica, se amasa un poco y se deja reposar la masa 10 minutos para que pierda elasticidad.
Se extiende con el rodillo hasta formar un cuadrado y se van cortando rectángulos
Se pone un trozo de chorizo y se envuelve con la masa, cerrando bien los extremos y la junta ( para que luego no se despegue en el horno ), la junta se deja boca abajo.
Se pincelan con leche o huevo batido y se introducen en el horno durante unos 18/20 minutos, hasta que quede una corteza doradita. (dependerá del horno, así que la primera vez, estar vigilando).
Se saca, se coloca en una rejilla para que se vayan enfriando. En templado está exquisito
Buen provecho … !! tenga usted !!

 

 

 

 

 

 

 

Origen bereber de los pasiegos

Los Pasiegos constituyen uno de los grupos humanos más aislados y peculiares que existen en la Península Ibérica.

A sus peculiaridades culturales, reconocidas desde hace siglos, se le ha sumado en los últimos años algunos estudios científicos sobre genética de poblaciones que están mostrando que también conservan claras y distintivas peculiaridades genéticas.

 

¿LOS PASIEGOS TIENEN SANGRE BEREBER?

Sí, los datos que se derivan de los últimos estudios sobre genética de poblaciones así lo confirman. Uno de los rasgos más llamativos de los pasiegos es la alta presencia del haplogrupo E1b1b1b (E-M81). Este marcador genético, originado en el Magreb y en tiempos relativamente recientes (200 aC; Solé-Morata, 2017), se transmite solo de padres a hijos varones y presenta sus más altas frecuencias planetarias entre la población rural y montañosa del Norte de África (Marruecos 67,4%) conocida como bereberes (imazighen en su lengua). Entre los pasiegos varones, el porcentaje de aparición de genes norteafricanos es del 24%, el más alto de Europa. Mayor que el del resto de Cantabria (17%) y significativamente mayor que el de sus vecinos asturianos y vascos (2% en cada caso) (Maca-Meyer et al., 2003).

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La pregunta que cabe hacerse ante estos datos es

 

¿CUÁNDO LLEGARON LOS BEREBERES A CANTABRIA EN GENERAL Y A LA PASIEGUERÍA EN PARTICULAR?

Sobre este tema existió hasta hace poco años un cierto debate polarizado entre los que pensaban que se produjo en tiempos medievales (Bosch et al. 2001, Pereira et al., 2000) y aquellos que pensaban que procedía de tiempos prehistóricos (Gómez Casado et al., 2000, González et al., 2003). El trabajo de Maca-Meyer se inclinaba por la segunda hipótesis dado que 1) el marcador E-M81 se encuentra también extendido en el resto de Cantabria y 2) no aparecen otros marcadores de Oriente Medio en la muestra pasiega (al contrario que en la norteafricana actual). Sin embargo, cabria contraargumentar que estos datos tal vez se deban a mezclas poblacionales posteriores. Además, estudios más recientes (Adams et al., 2008; Bycroft et al., 2018) apuntan a que la influencia genética norteafricana en la península entró en España de la mano de la invasión musulmana del 711. Y, como acabamos de comentar, el reciente trabajo de Solé-Morata (2017) ha datado esta mutación genética en tiempos históricos y en el Magreb. Así que según pasa el tiempo va quedando cada vez más claro que todo lo que tenemos los habitantes del noroeste de España de “sangre mora” (que es más de lo que comúnmente se ha pensado hasta el momento) procede de tiempos históricos.

 

LA HISTORIOGRAFÍA ME HA DICHO OTRA COSA HASTA AHORA ¿DE VERDAD HUBO BEREBERES EN LA ESPAÑA MÁS “CRISTIANA” DESDE EL PRINCIPIO?

Recientemente, Bycroft et al. (2018) han publicado un interesante trabajo que corrobora otro anterior de Adams et al. (2008) y en el que muestran que el mayor porcentaje genético de ancestros de origen norteafricano en España sigue un patrón no tanto sur-norte (más genes norteafricanos en el sur de España que en el norte) sino oeste-este: Más población española con ancestros norteafricanos en el oeste de la península ibérica. De hecho el máximo de población española con genes norteafricanos se localiza actualmente en Galicia, una zona que curiosamente nunca estuvo bajo control musulmán.

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Por desgracia, ninguno de estos dos trabajos ha recogido muestras específicas pasiegas (y apenas cántabras), pero permiten constatar otro dato relevante y es que los bereberes no solo se instalaron en las zonas más islamizadas de Al Andalus durante la Edad Media sino que muchos se trasladaron a vivir en los confines más norteños de la península en los primeros años de la invasión capitaneada por unos pocos árabes .

Trabajos como los de Fernández Conde (2009) recogen como una realidad constatada la presencia de bereberes en las distintas latitudes del reino asturleonés desde las primeras décadas del siglo VIII al socaire de la invasión islámica. Sabemos además que se asentaron preferentemente en zonas rurales y montañosas (como también constata Franco Moreno, 2005), siguiendo su tradicional estilo de vida ganadero y autárquico (y que aún puede trazarse genéticamente en el Magreb actual; Bekada et al., 2013), sin llegar a constituir formaciones sociales amplias y bien estructuradas, por lo que estaban expuestos a una asimilación fácil y rápida por parte de la población autóctona que en aquellos tiempos se encontraba construyendo una articulación política y organización social dentro de los esquemas cada vez más rígidos de la feudalidad.

 

¿PERO ESTOS BEREBERES ERAN MUSULMANES?

Me alegro de que me hagas esa pregunta. El ejército de Tariq estuvo compuesto, casi en su totalidad, por grupos de bereberes norteafricanos en una fase de arabización todavía muy superficial (Fernández Conde, 2009). Pertenecían en su gran mayoría al grupo de los al- Butr, un conjunto de tribus norteafricanas incluidas dentro de la provincia hispana de Mauritania Tingitana (Hispania Transfretana) pero que se resistieron fuertemente a la romanización, tanto romana como bizantina y que seguía manteniendo numerosas prácticas paganas cuando empezaron a entrar en contacto con la religión musulmana, escasamente 100 años antes de que entraran en la península (Franco Moreno, 2005). De hecho, hoy día se considera que la posterior arabización e islamización del Magreb fue fundamentalmente un proceso de aculturación de las poblaciones indígenas bereberes, que además quedaron relegadas a entornos rurales (comprobado genéticamente por Bekada et al., 2013). Por lo tanto, conviene tener muy presente que los bereberes que migraron a España en el 711 eran gentes “muy suyas” y con escasa permeabilidad a influencias culturales de todo tipo, incluido el Islam.

Tanto es así que las fuentes árabes de la época nos hablan de frecuentes ejemplos de apostasía (renuncia a la fe islámica) por parte de los bereberes. El historiador andalusí Abenjaldún (1332-1406) narraba que en los primeros 70 años bajo el islam los beréberes cometieron apostasía una docena de veces: “La población de estas comarcas se compone de bereberes, pueblo organizado en tribus, las cuales cada una es animada por un fuerte sentimiento de asabiya (sentimiento de solidaridad tribal o clánica) pero sin resultado alguno, optando por repetidas insurrecciones y de apostasía; a cada momento se levantan en armas, sin dejarse contener por los rigurosos castigos que les infringían las tropas árabes” (Franco Moreno, 2005; Ilife, 2013).

Como resultado de todo esto, resulta fácil imaginar que algunos grupos aislados de bereberes pudieron adaptarse a su nuevo entorno social en las montañas del norte de España con relativa facilidad, pero más por concordancia cultural con los modos de vivir y de ver el mundo que se encontraron al llegar en el resto del paisanaje local que por renegación de una fe musulmana que realmente nunca llegaron a profesar con vehemencia.

 

UNA GENTE INTERESANTE ¿PODRÍAS CONTARME ALGO MÁS SOBRE ESTE PUEBLO?

Los bereberes constituyen un pueblo ciertamente singular a nivel cultural. El antropólogo Rafa Quintía los definía hace pocos años con el siguiente acertijo: “Cómo se llama un pueblo que come empanadas, frisuelos y hace aguardiente. Que baila ritmos de baile al son de gaitas y panderos. Que enterró a sus muertos en dólmenes y túmulos. Que llenó montes y roquedos de petroglifos. Que celebra el carnaval corriendo con cencerros, haciendo guerras de harina y disfrazándose con pelucas. Que usa como decoración hexapétalas, círculos concéntricos y trisqueles. Que cree en seres míticos que guardan tesoros encantados bajo tierra y que solo con un libro mágico y determinadas palabras secretas se pueden desencantar. Que habla de almas en pena que salen por la noche a andar por los caminos. Que al arco iris le pone nombre de mujer. Que usa amuletos en forma de mano contra el mal de ojo. Que tenían una lengua propia que fue proscrita en los colegios y las Administraciones. Que fueron llamados por los romanos bárbaros y de los que se decía que vivían en las montañas y eran grandes guerreros. Quiénes serán???”

 

Incluso (oh, sorpresa) hay testimonios de que comían cerdo. Parece ser que el consumo de este animal, prohibido por las religiones musulmana y judía, fue también bastante común entre algunos grupos bereberes marroquíes hasta épocas recientes (Simoons, 1994). Considerados herejes en las crónicas de la época, hay constancia de que en el emirato bereber de Barghawata (744) se consumía cerdo con naturalidad y los Gumara del Rif en el s X permitían comer la carne de cerdos hembra y verracos (Glick, 2007).

Detalles que sumados a sus fuertes tendencias democráticas y de igualdad, así como al rol fundamental que juega la mujer en la sociedad bereber (que entronca con el famoso matriarcado de los cántabros), permite singularizarlos respecto al resto de los musulmanes del Magreb y, mucho más, respecto a los de la Península Arábiga.

 

BIBLIOGRAFÍA

Adams, S. M. et al. (2008). The genetic legacy of religious diversity and intolerance: paternal lineages of Christians, Jews, and Muslims in the Iberian Peninsula. American Journal of Human Genetics, 83(6), 725-36.

Bekada A, et al. (2013) Introducing the Algerian Mitochondrial DNA and Y-Chromosome Profiles into the North African Landscape. PLoS ONE 8(2): e56775.

Bycroft C. et al. (2018). Patterns of genetic differentiation and the footprints of historical migrations in the Iberian Peninsula. BioRxiv (pre-pub. DOI:10.1101/250191

Fernandez Conde, F.J. (2009) Los mozárabes en el reino de León. Siglos VIII-XI. Studia historica. Historia medieval, 27, 53-69

Franco Moreno, B. (2005). Distribución y asentamientos de tribus bereberes (Imazighen) en el territorio emeritense en época emiral (S. VIII-X). Rev. Arqueología y Territorio Medieval, 12-1, 39-50.

Maca-Meyer, N. et al. (2003). Y Chromosome and Mitochondrial DNA characterization of Pasiegos, a human isolate from Cantabria (Spain). Annals of Human Genetics, 67,329–339.

Solé-Morata et al (2017). Whole Y-chromosome sequences reveal an extremely recent origin of the most common North African paternal lineage E-M183 (M81). Scientific Reports, 7, Article number: 15941.

Nuestras palabras: tornos, tornu, torno

TORNU. Curva muy cerrada en una senda, o en un camino para que no “entornaran” los carros.

Definición de Palabras de Liébana.

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Puerto de los Tornos entre Laredo y Merindades (Foto de Imanol Mármol).

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Desfiladero de los Tornos, entre Tudanca y Cidad de Ebro (Foto de #elebroescondido).

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Altu el Tornu de Llanes, Asturias (Foto de FlyGus).

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Los Tornos de Liordes, Liébana (Foto de José A. Ramos).