Las derrotas de Santa Gadea

Dice la RAE que la palabra “derrota” tiene al menos dos acepciones:

1. f. Mil. Vencimiento por completo de tropas enemigas, seguido por lo común de fuga desordenada.

2. f. Alzamiento del coto, permiso que se da para que entren los ganados a pastar en las heredades después de cogidos los frutos.

En varios puntos de Cantabria sirve para designar a la pastación del ganado en las mieses otoñales de los alrededores del pueblo, después de haber cortado la hierba o cosechado el cereal.

Los prados suelen dar por septiembre-octubre una segunda producción de hierba, menor que la de junio pero que ha sido aprovechada desde tiempo inmemorial por los ganaderos antes de la llegada del invierno y la estabulación de las reses. El ganado, que ha estado en verano pastando en los montes más alejados del pueblo, se desplaza ahora a los prados de siega como paso previo a su recogida invernal en cuadras y establos.

En Santa Gadea, al lado del Embalse del Ebro, se ha recuperado esta tradición con una fiesta auténtica que va por su quinta edición y donde habrá carne guisada de vacuno, un mercado artesanal, música tradicional y, sobre todo, mucho sonido de campanos.

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Más información:

http://arqytrad.blogspot.com.es/2014/10/las-derrotas-de-santa-gadea-la-bajada.html

http://vacarizu.es/Cuadernos/Cuaderno_22/El_pastoreo_en_Campoo.htm

 

 

 

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Sidra en Merindades

Lagares de sidra tradicionales en Barriolacuesta, Valle de Zamanzas.

Se solía hacer en menguante, para que no soltarse mucha espuma el hervir y guardase mejor la aguja. Primero se trituraba la manzana, después se prensaba y el mosto resultante se metía en cántaras de 16 litros. Allí fermentaba unos meses hasta que dejaba de salir espuma por la boca del garrafón. Había que ir rellenando cada poco los garrafones para evitar que le entrase demasiado oxígeno. En torno a enero ya estaba lista para embotellar y consumir. En sitios con mucha producción de manzana como los Valles de Zamanzas y de Manzanedo debió ser de elaboración tradicional, para consumo propio.

Damos fe de que el resultado es una sidra digna de las mejores de Asturias o el País Vasco. Con más grado debido al sol que reciben y un color más oscuro pero de excelente calidad y con su característica aguja.

El mes de octubre

 

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En octubre continuaba la saca de patatas a toda prisa, que había que echar las derrotas, pero dos semanas no te las quitaba nadie. El que menos sembraba 4 hazas o tierras y algunos sembraban hasta 10, y el domingo a descansar porque era el Rosario, primer domingo de mes. Por la mañana era un domingo cualquiera, pero por la tarde había una procesión (no sé los motivos ni el significado, pero sí las costumbres y obligaciones), se salía de la iglesia con una imagen por la Enraña de la Casona a la portillera de la Llosa y a la iglesia otra vez. Y durante todo el mes de octubre había rosario por las noches en honor a Nuestra Señora la Virgen del Rosario.

Pasado el día del Rosario había que seguir con las patatas y por la noche toca el regidor a Concejo, que había que echar las derrotas y había que ver qué voces antes de ponerse de acuerdo. (…). Pero antes de esto, las parejas de bueyes ya pastaban en un terreno que estaba acotado para ellos, al que decía en nuestro diccionario “el cotu”. El primer día de derrotas era una verdadera romería. Las parejas de bueyes ya tenían puestas las campanillas y a las vacas que bajaban del monte, el mejor campano, las de Aniano no se atrevían a pasar por debajo la torre, estábamos allí todos los chavales para entrar a la escuela y ellas que estaban enseñadas en invierno del Roblucu a La Calzada y en verano en Sellanío… Había costumbre de echar a luchar las vacas y también los bueyes y los chavales, nada más salir de la escuela, a jugar a la rula, bien en la Llosa, en La Llana o en Santibañez y, cuando estaban en la Varguía, en El Asiento.

Por la tarde, cuando se recogían los ganados era gorda. Se juntaban en la plaza cabras, ovejas que, al cambiarlas de ruta, no conocían la casa y lo mismo pasaba con jatas, que era el primer día que salían. Por eso digo que era una auténtica romería: “Tu aqueda en esta calleja y yo en la otra”. Y cuando pasaban a La Varguía otro tanto. Se juntaba allí mucho ganado y se separaban unas de otras y venga a bramar.

Aquellas derrotas no se parecían en nada a las de hoy, año 2000. Sólo quedan dos ganaderos y cada uno las echa cuando quiere, tienen partido el páramo la mitad para cada uno y sin palabras, gracias a Dios, les digo yo.

(…) Y ya ha llegado el día 18, San Lucas, en Soncillo. Acuden los ganaderos a la feria con la cartera llena de dispuestos a comer bien y los no ganaderos, lo mismo. Hace 60 años todo era diferente, la merienda se llevaba por delante.

Ese día iban bastantes parejas de bueyes, que solían vender, y comprar unos novillos. Traían en la cartera sobre 3000 reales al cambio, y al día siguiente les ponían el yugo y al otro un roblizo, y así los iban enseñando.

También hay que decir que el centeno ya lo habían sembrado antes de la feria que, si no, ese año igual no lo sembraban.

Entre trabajos y diversiones llegamos a final de mes, pero la nieve ya había hecho acto de presencia en El Somo de Malverde y ya nos ponían los calcetines de lana y ya se atizaba la candela en serio.

Los refranes decían: “Si nieva en la menguante de octubre, siete menguantes cubre”.

Texto de Elisardo Ruiz (2001): “Ahedo, tú Eres mi Pueblo”.

 

 

El mes de septiembre

En septiembre, empezamos por la fiesta y, antes de la fiesta, empezaban los preparativos. Los mozos traían carros de cabones para alfombrar el sitio donde se hacía el baile y un bocois de agua para regar el suelo, y una cureña cada dos años, y ya llegando a la víspera, se mataba la oveja (gorda, por cierto). No habías terminado de colgar la piel cuando aparecían los pellejeros. Las mujeres hacían el vientre y la casa estaba bien blanqueada de días anteriores.

Por la tarde, a esperar a los músicos en la estación, y en el Alto el Avellano empezaban los primeros cohetes y los perros en dos o tres días no se volvían a ver y los chavales venga a correr a coger las varillas.

La música se subastaba y el que más barato lo hacía, les daba de comer y alojamiento mientras duraba la fiesta. Un año los tuvo Emilio y le empeñaron, tuvo que matar dos ovejas porque comían mucho y eso que uno era ciego.

Al día siguiente, domingo, daba comienzo la fiesta. Lo primero las dianas, pero antes tenías que subir a la cabaña y poner el ganado en orden y como ya sabías la hora de dar comienzo, cuatro cohetes y casa por casa, copas de orujo y un baile donde había muchachas.

Y mientras se hacía la hora de comer, se tomaban unas jarras de vino y se echaban partidas de bolos entrenándose para la tarde, que siempre venían cuadrillas de fuera y casi siempre marcharon como perdedores, ya que esta bolera era más larga que ninguna de la Merindad. El baile en los años 1950-1960 empezaba a las 7 de la tarde y terminaba sobre las 10,30, y la verbena a las 12 hasta las 3 de la mañana.

El segundo día de la fiesta se decía que era el día de los casados y aparte de una misa, que se decía por todos los difuntos de la parroquia, pues era un calco del primero: Bolos y baile por la mañana, tarde y noche, y al día siguiente estabas haciendo hojadas todo triste y, de repente, oías la música que tenías metida en la cabeza de los días pasados.

Al día siguiente todo era diferente. Se habían acabado las vacaciones, los chavales a la escuela, y los carreteros a arrastrar madera y si no, al monte a por leña para el invierno y las amas de casa por esa fecha sembraban los nabos. A últimos de septiembre ya se sacaban patatas a toda prisa y con las primeras aguas del otoño los chavales dejábamos de andar descalzos y así terminamos septiembre y decían: “En septiembre o seca las fuentes o lleva los puentes”.

Texto de Elisardo Ruiz (2001): “Ahedo, tú Eres mi Pueblo”.
Foto del Archivo Fotográfico de Arija.org.

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El mundo de los zapatos de goma en La Montaña Cántabra

El calzado de goma era ya conocido desde 1860 y en España se comenzó a generalizar después de la primera guerra mundial. En la Guerra Civil estuvieron a punto de desaparecer pero nuestra postguerra coincidió con la Segunda Guerra Mundial y a los fabricantes tradicionales se les unieron las fábricas de neumáticos españolas, que desviaron parte de sus excedentes hacia la producción de albarcas de neumático, motivo por el que se hicieron muy comunes.

Con las respuestas e información facilitadas por todos vosotros a través de nuestra página de Facebook hemos confeccionado esta especie de cuadro resumen visual de las distintas modalidades de calzado hecho de goma que se ha utilizado durante el pasado siglo XX en el ámbito cántabro.

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Nº1: CORIZAS O CEPELINES. Utilizados con escarpines de fieltro o la típica zapatilla de fieltro a cuadros. Para sujetar el conjunto, algunas veces, se utilizaban unos cordones llamados estordigas. Propios de la zona de Picos de Europa, extendiéndose por el este hasta no sabemos dónde, ¿tal vez hasta el Besaya? Llamados también ZARAGUTOS.

Nº2: CHANCLOS, ¿CHOCLOS, CHUECLOS? Sin duda, el calzado de goma más extendido por toda la vertiente norte, llegando hasta las Encartaciones. Se usan con zapatillas, escarpines o con calcetines de lana. El modelo clásico es el de la parte superior de la imagen, con lengüeta, aunque hoy día también se fabrican chanclos sin ella. En algunas partes de la Montaña llamaron chanclos también a las hechas de neumático viejo (parte inferior del número 3), pero no eran comunes y hay muchos pueblos donde no las conocen.

Nº3: ALBARCAS O ABARCAS. En Merindades, Trasmiera, Castro Urdiales, Soba… denominan almadreña al zueco de madera que en el resto de Cantabria llaman albarca. Y en estas comarcas mencionadas llama(ba)n albarca a este calzado, antes de cuero, ahora ya solo de goma. Se utilizan con calcetines (no con zapatillas de casa). Las abarcas o ZATAS de la parte superior son típicas vascas, con cordones hasta la pantorrilla. Se usaron también por la pasiguería, llamadas allí ZARAGUTOS. Las dos inferiores son las típicas de Merindades (Orbaneja del Castillo y Castresana de Losa), hechas con goma y suela de neumático usado. Son muy similares a las de La Rioja y resto del Valle del Ebro. La foto más pequeña muestra una albarca de Teruel con el mismo sistema de atado al pie que llevaban las nuestras. En el Valle de Manzanedo las llaman CHATARILLOS, una conexión lingüística más de este valle con la forma pasiega CHÁTARA (véase el atlas lingüístico de la fresa silvestre publicado en este blog).

Por otros sitios del resto de la España mediterránea fueron también muy comunes otros modelos de albarcas de goma con suela de neumático, aunque en general pareciéndose ya más a sandalias, más abiertas.

 

Nº4: ALMADREÑAS DE GOMA. Además de estos tres tipos de calzado de goma, en todo el Norte Cantábrico existió un cuarto tipo, similar a las almadreñas de madera pero fabricadas enteramente de caucho. Las dos marcas pioneras en este tipo de calzado fueron Lampreabe, de Pamplona, y Garay, de Baracaldo. Hacia los años 20 empezaron a tejer una tupida red de viajantes que se encargaban de distribuir sus productos por todo el norte cantábrico: chirucas, corizas, chanclos y hasta almadreñas de goma, que eran utilizadas sobre todo por los mineros asturianos y leoneses.

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Almadreñas Lampreabe. Foto de Carlos Farnández.

 

 

El mes de agosto

Entramos en agosto y a segar el centeno y algo de trigo. Este mes era malo en la puchera, ya que no quedaban chorizos ni lomo y, por si fuera poco, las vacas por el monte ya no pacían nada. A los bueyes, se les echaba un poco de hierba y un brazado de ramas de las patatas, que ya se sacaban nuevas en la huerta, y lo mismo con las cebollas blancas, que era la salvación.

Lo primero, se machacaba el centeno. Esto se hacía a palos sobre una puerta vieja o algo parecido y algunas veces se les pasaba el trillo para tener algo de paja. Con el centeno las gallinas ponían el portal perdido de garnazas (excrementos), dándose el caso de no tener dónde poner los pies.

Y una vez terminado el centeno, se empezaba con el trigo. Lo poco que se sembraba y lo menos que se cogía, lo mismo el trigo que el centeno era una ruina para trillar. Los bueyes venga dar vueltas con el trillo y alrededor del mismo 3 o 4 personas como nada, y tanto unos como otros estaban muy a disgusto. Los bueyes, que eran tudancos de sangre, a la media vuelta te la hacían, no estaban contentos y eso que tenían retrete mientras duraba la trilla.

A los pequeños nos gustaba montar en el trillo las primeras vueltas, te mandaban pinchar a los bueyes y te tostaba el sol, y ¿qué hacías?, echar tragos de agua y mirar para arriba que se oía el ruido de un avión, y las mozas deseando que terminara todo esto para ir al molinucu, cogían una bata vieja y una jaboneta y debajo de la escumiana, y los chavales al Bao de Abajo, todos usábamos el mismo bañador y, al salir, los ciruelos temblaban.

Y al otro día Nuestra Señora, la de Agosto, y seguido San Roque, y como estaba tan cerca pues íbamos todos, chicos y grandes, se paraba en la estación, se echaba una jarra de vino y a Robredo. Pero esto sería como mucho a las 5 de la tarde, que entonces las romerías se hacían de día, de noche la verbena, pero como muy tarde hasta las 12.

Texto de la obra de Elisardo Ruiz (2001) “Ahedo, Tu Eres mi Pueblo”

Fotos de Nicolás Ordóñez: Trillando en Quintanilla de Pienza, Merindad de Montija.

 

 

 

 

El mes de julio

El mes de julio las diversiones y los trabajos se relacionaban con la hierba. Los segadores se levantaban al amanecer y al prado con los dalles bien afilados del día anterior y otros amanecían en el prado. Y la jefa a poner el almuerzo, una buena puchera de patatas con chorizo, que ese mes se almorzaba bien y se comía mejor.

La bota de vino la llevaban los segadores y el muchacho, que tendría 6 o 7 años, bastante tenía con llevar la puchera. Entonces había trabajo para todos. El que había subido a la cabaña a las vacas, cuando bajaba, a tender la hierba y otro, a por los bueyes, y la jefa a soltar las ovejas, las gallinas, el chon, poner la comida, traer agua fresca que ya vienen los segadores y después de comer, se descansaba un rato tipo siesta y seguido al prado, pero todos, muchas veces se veían 6 u 8, el más pequeño delante los bueyes con una hojada espantando las moscas; otro pisando el carro; otro cargando y los demás, rastrillando sin parar y así íbamos pasando los días, y sobre el 10 o 12 ya estábamos en la cabaña. (…)

Pero antes ya había pasado un chaval con las cabras bien a la Canal de la Cruz o a la Garmía, y, si los de casa estaban a la hierba en monte, pues a ayudar hasta las 6 de la tarde y si no tenía a nadie, pues allá pasaba el día por las Peñas Gordas y Brezos Negros, por el mismo sendero que el lobo y los dos con el mismo calzado y, antes de que se pusiera el sol, al pueblo con ellas y a ordeñarlas, que bajaban buenas ubres. Se cogía la pata, la metías entre las piernas y le dabas un tortazo a mano abierta, se ponía a rumiar, ordeñabas ésta y después otra y lo mismo se hacía con las ovejas, y con la leche se hacían buenos quesos, y por la noche venga quitar chibarras. Entonces nadie iba al Ambulatorio a que le quitaran una garrapata. (…)

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Foto de Conchi Gutiérrez.

 

Pero al otro día y al otro también, más hierba y para el día de Santiago en monte, ya no había hierba ese día. Después de lavarse un poco las piernas a misa y, después lo mismo, a jugar a los bolos. Ese día había de costumbre ir a ráspanos al monte los más jóvenes, los otros ya iban a Riaño o a San Martín de las Ollas a la romería y por si lo lee algún jóven, iban y venían andando y al amanecer a segar, que todavía quedaban henazas y rozo por segar.

Texto de Elisardo Ruiz (2001): “Ahedo, tú Eres mi Pueblo”.