Atlas lingüístico de las palabras dalle y dallo

Haciendo una recopilación de los comentarios que amablemente nos habéis aportado a través de las redes sociales a raíz de nuestro post de hace un par de días, hemos elaborado este mapa que creemos constituye una aproximación bastante precisa de la extensión que tuvieron y tienen las palabras “dalle/dalli” y “dallo/dallu” (guadaña) en nuestra comarca.

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Para confundir un poco más, existe además la palabra DALLA o rozón, mas ancho y mas corto (de filo y de mango) que el usado para segar la yerba. Sirve para cortar rozo, zarzas, tojos, etc . Para estos menesteres se emplean también los dalles de fábrica muy desgastados por el uso. Con la punta de los dalles viejos se hacían también los cuchillos para fabricar cuévanos.

En la foto, D. Seve afilando la dalla o el rozón para limpiar alrededor de las nogales y recoger su preciado tesoro en el Valle de Zamanzas. Otoño de 2016.

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¿Hubo aluche en Merindades?

El ALUCHE describe distintos tipos de lucha de agarre, conocidas desde la antigüedad y hasta hace poco latentes en los núcleos rurales de la Cordillera Cantábrica.

No están realmente claros los orígenes, siendo muchas las posibilidades de su procedencia prerromana, dada su similitud con numerosas luchas de corte céltico. Palabras de Estrabón en el siglo I d. C. dejan entrever una costumbre de los pueblos del norte peninsular de realizar ejercicios de lucha sin armas. La primera mención a luchas sin armas en territorio gaélico data de unos 600 años antes en Irlanda.

Aparece documentada en Cantabria en la Edad Media, a través de escenas grabadas en construcciones románicas. Se pueden observar con total claridad y certeza escenas de luchadores en los relieves de la colegiata de Santa Cruz de Castañeda, en Santa María de Yermo, Santa María de Perrozo o en SAN MARTÍN DE ELINES, en Valderredible y a 7 km de Orbaneja del Castillo o Sargentes de la Lora.

A pesar del nombre común de aluche la inexistencia de regulación ha hecho que en los diferentes valles de Cantabria, principalmente Liébana, Valles Pasiegos y Campoo se hayan desarrollado reglamentos distintos y diferentes variantes.

Dice García Preciado, en uno de sus artículos en prensa “Entre los pasiegos he vivido la lucha como algo de todos los días. Llegué a echar un aluche con un pasiego y me acuerdo como si fuera hoy. Era un pasiego auténtico en la forma de decir -“¡Oye que tal si en este prao así como está de llano echamos un aluche”. Cuando les apetecía echaban un aluche, y yo creí que esto era algo absolutamente pasiego. ¡Pues no!, porque después resulta que he ido recogiendo testimonios en toda Cantabria. He constatado que en la zona de Cabuérniga había una vaquera que tenía como orgullo el que tumbaba a los vaqueros. En la zona de Campoo está absolutamente estructurado, y el Duende de Campoo lo tiene recogido en sus obras. He hablado con casi una docena de luchadores, todavía vivos hoy, que me contaban cómo cuando volvían de la fábrica de la Naval para casa, decían “¡oye, echamos un aluche!”, y echaban allí una vuelta en un prao que estaba llano como algo de todos los días. Cuando llegaba el andruido, los curas llevaban a los niños de esa zona a luchar a Riaño. Los del pueblo de Suano, con los de Izara se encontraban en un punto común y echaban aluches el día de andruido también. ¿Porqué perder eso, no?”

En VALDEPORRES contamos con un valioso testimonio escrito que habla de que al menos en este ayuntamiento, situado a medio camino entre el ámbito pasiego y el campurriano, existió el aluche hasta principios del siglo XX. Cayetano López López fue una de las grandes figuras de la veterinaria del pasado siglo, siendo común llamarle en su tiempo “el Ramón y Cajal de los veterinarios”. Nació en San Martín de las Ollas (Merindad de Valdeporres) y fue además académico de Medicina, investigador y escritor. En un escrito dado a conocer por el Telecentro Valdeporres expone, referiéndose a su ayuntamiento:

“Varias han sido las consecuencias de la emigración, del éxodo -en muchos casos huida- de los campesinos de numerosas comarcas de la patria; pero hoy al menos, solamente voy a referirme a algunas destacables en una de las más ganaderas de Cantabria, que me es conocida (…). De las costumbres en que el hombre todavía es factor más directo, apenas queda el recuerdo. Así la lucha a brazo partido con o sin zancadilla, el ALUCHE, el pulseo, el tiro de barra, son ahora desconocidos. Hasta ese maravilloso juego de bolos de las Merindades, con sus variantes, cien veces superior a los importados, está en peligro de desaparecer”.

En Cantabria hay ayuntamientos y asociaciones que están trabajando para que este deporte no se extinga definitivamente. ¿Veremos alguna vez algo similar en Merindades?

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Valdebezana, Santa Gadea, Bricia, Arreba y Zamanzas en la Edad Moderna (1492-1808)

Estos cinco valles y alfoces formaron parte durante la Edad Media de la Merindad de Aguilar de Campoo, tal y como recoge el Becerro de las Behetrías (1352).

En la Edad Moderna continuaron formando parte de la Intendencia o Provincia de Palencia junto al resto de Campoó. En el Censo de Pecheros, realizado dos siglos después (1528) y publicado por el INE en su página web, Valdebezana aparece claramente adscrita a la intendencia de Palencia. Santa Gadea, Bricia, Arreba y Zamanzas no aparecen mencionados ni en la intendencia de Burgos, ni en la de Palencia ni en la de Trasmiera, probablemente por ser territorios de señorío (pertenecientes al Marqués de Cilleruelo o el Duque de Frías) y no de realengo.

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Cabe destacar que los expertos del INE prefieren hablar para esta época de INTENDENCIAS en vez de PROVINCIAS a la hora de referirse a este período histórico. Las provincias, antes de su configuración actual de 1833, eran conceptos muy diferentes a los actuales (a pesar de que a algunos les guste encontrar paralelismos interesados entre, por ejemplo, la “provincia” de Burgos del siglo XVI y la actual).

El hecho de ser un pueblo de señorío o de realengo marcó decisivamente el futuro devenir de toda esta zona. En 1481 la merindad menor de Campoo (actual Campoó cántabro y antaño conformada por territorios mayoritariamente de realengo) se desgajó de la Merindad de Aguilar (formada mayoritariamente por lugares de señorío). Y es por ello que hoy en día tenemos pueblos apellidados Bricia en Valderredible y en Las Merindades, por ejemplo.

En el Censo de los Millones, encargado por Felipe II en 1591, aparece un listado completo de los pueblos que componían esta demarcación que encabezaban Soncillo en lo civil y Arreba en lo eclesiástico y que eran los que aparecen en esta imagen (Aquí la fuente).

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Claramente conformaban una unidad común y diferenciada del resto de las Merindades (y de Campoó), como se demuestra dos siglos después en los siguientes censos (Catastro de la Ensenada, 1749; Censo de Aranda, 1768; Censo de Floridablanca, 1787), donde toda esta zona aparece integrada en el Bastón o Partido de Laredo.

 

 

Peña del Mazo, Tobalina

Las evidencias excavadas se corresponden con un centro de culto en el que se aprecian al menos dos fases constructivas y un amplia necrópolis –se han reconocido un total de 103 tumbas–, así como una serie de construcciones semiexcavadas en la roca, que se apoyan en ocasiones sobre postes de madera, pertenecientes a una aldea fundada en época visigoda (siglos V-VI) y que presenta una larga continuidad durante toda la Alta Edad Media hasta su probable abandono hacia el año mil (Aratikos 2007). Constituye la principal necrópolis de época visigoda excavada en Las Merindades.

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Plano de Aratikos Arqueológos.

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Foto de Extramiana.

Panorámica del desfiladero de La Horadada y la fortaleza visigoda de Tedeja (a su derecha) según se ve desde Peña del Mazo.

Se observa claramente como, en tiempos del Ducado Visigodo, Tedeja funcionaba como un mirador de los germanos para vigilar y controlar las Bardulias y, más allá, a los cántabros del Noroeste (¿tal vez los ruccones?), de sus posibles incursiones a las zonas más romanizadas y sujetas al control visigodo: La Bureba y Valdegovía.

El Valle de Tobalina ha sido prácticamente el único municipio de la comarca que ha apostado por conocer y poner en valor su patrimonio arqueológico. Iniciativa digna de elogio, sin duda.

 

 

Valdivielso, territorio montañés en los siglos XVI-XVII

Fuente: “Vida del Ilustrísimo Señor Don Diego de Anaya Maldonado, Arzobispo de Sevilla. Fundador del Colegio Viedo de S. Bartolomé y noticia de sus varones Excelentes. Dedícala a la Magestad del Rey Felipe IV Nuestro Señor, Don Francisco Ruiz de Vergara y Álava, del Consejo Supremo de Justicia”. Año de 1661.

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Ebro allende: Una tierra de montaña

“Pasaremos ahora a estudiar en los ordenamientos de las Cortes castellano-leonesas todas las prestaciones, tanto de naturaleza personal como económica, de contribución al esfuerzo bélico durante los siglos XIII y XIV.

De gran importancia dado el continuo estado de guerra era la obligación de tener las armas y caballos, como nos muestra el gran número de ordenamientos que trataron de dicha obligación, de entre ellos, en unos se determinó la obligación de tener armas y cómo serían éstas, en otros, cuántos caballos y de qué precio, y por último se establecieron diversas prohibiciones y limitaciones para su venta.”

Fuente: Pascual, L. (2003). Las Obligaciones Militares Establecidas en los Ordenamientos de las Cortes Castellano-Leonesas durante los Siglos XIII y XIV.

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Presuras documentadas en las Merindades del s.IX

La PRESURA era el nombre que recibía una modalidad de repoblación en las primeras épocas de la “Reconquista”. El rey concedía alodios (tierras en propiedad -con o sin documento escrito-) al primero que las roturase, es decir, a campesinos que de esta manera mantenían su condición jurídica de libres, con la condición de que las cultivasen y se mantuviesen bajo su mandato; cosa no fácil dado que tal concesión se hacía en unos momentos y lugares en que la situación militar era precaria, en el territorio fronterizo recién conquistado a los musulmanes.

A partir del año 850 el sistema se organizó de forma oficial. Los reyes consideraron que la propiedad de la tierra era un aliciente suficiente para que campesinos, nobles y monjes aceptasen permanecer en tierras fronterizas y trabajarlas bajo la amenaza de continuas incursiones guerreras. El hecho de que la economía estuviese basada casi en su totalidad en la agricultura hacía más apetecible la propiedad de las tierras para los colonos. El sistema fue lo más parecido que existió en Europa a lo que se vivió, siglos después, en algunos estados de Norteamérica.

En el mapa se observan varios datos de interés. 1. Las presuras estuvieron concentradas en las áreas de nuestra comarca antaño más romanizadas y evolucionadas: LOSA y VALDEGOVÍA (presuras vinculadas a la nueva sede episcopal de Valpuesta), lo que hace sospechar que más que una “repoblación” lo que se produjo fue una reorganización del espacio y redistribución de las tierras entre la población local. 2. Se observan otros tres centros de reorganización del espacio, todos ellos de menor entidad que el que acabamos de comentar: el famoso de Taranco de MENA, de carácter local, y los prácticamente desconocidos por todos nosotros de San Andrés de Aja, en SOBA, con influencia sobre el territorio de Montija y el de San Vicente de Fístoles, en CAYÓN, que organizó y concedió tierras en la zona de Valdeporres y Sotoscueva.

Fuente del mapa: Peña, E. (1991). Las presuras y la repoblación del valle del Duero. Algunas cuestiones en torno a la atribución y organización social del espacio castellano en el siglo IX.

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