La Virgen de la Vega, Pedrosa de Valdelucio, Las Loras

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Foto de Pedro M. Barriuso.

Santuario de la Virgen de la Vega en Pedrosa de Valdelucio, Las Loras. Lugar de encuentro de loriegos y vallucos.

En esta ermita se celebra el primer domingo de julio una romería que atrae anualmente a numerosos vecinos y visitantes no sólo de los municipios loriegos de Valdelucio y el Tozo, sino también de la mitad occidental de Valderredible, todo Valdeprado y Valdeolea y algún pueblo del noreste de Aguilar de Campoo. Tras la misa y la procesión se celebra una comida de hermandad en la que autoridades y vecinos comparten mesa, contribuyendo a estrechar lazos entre los habitantes de estos ayuntamientos. El año pasado ofició la ceremonia religiosa el obispo de Santander.

Tal vez a alguno le extrañe esta presencia cántabra en Las Loras o incluso la devoción que tiene esta Virgen entre zonas tan alejadas de las Loras. La razón inmediata es que todos estos pueblos conformaron al menos desde la Edad Media, un arciprestazgo común denominado Arciprestazgo de Valdeprado, cuya extensión mostramos en el mapa adjunto y que coincide a la perfección con los pueblos que siguen mostrando devoción por esta Virgen. En el año 1955 se produjo la última adecuación de los límites eclesiásticos a los administrativos y Valdelucio pasó a pertenecer al arciprestazgo burgalés de Ubierna Urbel, pero las tradiciones se mantienen.

Sabido es que los límites eclesiásticos son tradicionalmente más conservadores que los administrativos, lo que tal vez sea indicador de que estos pueblos compartían antiguamente algo más que una mera devoción religiosa. Ya hemos mostrado en esta página ejemplos de otros lugares de la Cantabria Burgalesa donde puede rastrearse una relación entre romerías actuales y recintos castrales pasados.

Además de esta fiesta mayor, el santuario congrega rogativas en las que diferentes comunidades acuden en procesión con sus imágenes de la Virgen por caminos y carreteras antes de celebrar una misa seguida de un encuentro festivo que supone también una importantísima ocasión para el encuentro entre amigos y familiares. Por ejemplo, el concejo valluco de Valdelomar, ubicado en la cara norte de la lora de Valdivia, celebra su rogativa la víspera del Corpus. En esta fecha se reúnen solo los vecinos de los cuatro pueblos cántabros que forman este concejo: Santa María de Valverde, San Andrés, San Martín y Castrillo, y acuden en rogativa a Pedrosa de Valdelucio, distante unos 18 km por caminos vecinales. Estas cuatro aldeas comparten un monte comunal cuyos beneficios se dedican desde tiempos inmemoriales, entre otras cosas, a pagar esta celebración. Los concejos de Valdelucio y Los Tozos celebran sus propias rogativas en días distintos.

Fuentes:
López, T. (1829). Censo de Población de las Provincias y Partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI. Imprenta Real.
Rivas, A. M. (1991). Antropología Social de Cantabria. Ediciones de la Universidad de Cantabria.
Zubieta, J. L. (2008). Geografía Histórica de la Diócesis de Santander. Ediciones de la Universidad de Cantabria.

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Catálogo de los tejos de iglesia en el ámbito cántabro

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El tejo fue un árbol sagrado para los antiguos cántabros, astures y galaicos. Un árbol tótem, mágico-religioso, que siempre se asoció a la vida, la muerte y la eternidad. En tiempos remotos organizaba parte de las creencias, valores, cultura y territorio de estos pueblos, cobijando bajo su sombra asambleas, concejos y fiestas. Su enorme longevidad y su capacidad de regeneración a partir de ramas que tocan el suelo o incluso raíces aéreas que descienden en ocasiones por su viejo tronco hueco dan fe de su connotación de inmortal y eterno.

Isidoro de Sevilla cita al tejo como propio de Cantabria y, según Silio Itálico, las gentes de este país extraían de este árbiol el veneno con el que se suicidaban cuando la edad las hacía inútiles para la guerra. También Plinio alude al tejo como veneno propio de los hispanos. Cuando los cántabros fueron cercados en el monte Medulio, la mayoría se suicidaron para escapar de la esclavitud. Dice Floro que lo hicieron por la espada, por el fuego y por un veneno sacado ex arboribus taxeis, del tejo.

Desde aquellos tiempos ha llegado hasta nosotros, muy desdibujada hoy en día ya, la vieja costumbre de plantar un tejo junto a la iglesia o la ermita recién edificada. Son los denominados TEJOS DE CULTO (llamados así para diferenciarlos de los tejos silvestres o “tejos ocultos”). De hecho, su doble connotación muerte-vida y su pasado religioso se manifiesta aún hoy en la presencia relativamente común de tejos en cementerios e iglesias de todo el noroeste peninsular, desde Sanabria hasta Cantabria.

También en Merindades encontramos extraordinarios ejemplos de tejos de iglesia, como los de Quintanilla del Rebollar, El Rebollar y Cornejo (Sotoscueva), Robredo de las Pueblas y Busnela (Valdeporres), Montoto (Valdebezana) o La Cabaña de Hijedo (Alfoz de Santa Gadea), el bonito ejemplar adulto localizado en el pueblo abandonado de Villamardones (Valderejo) que es el único tejo de culto localizado en el País Vasco o los singulares ejemplares jóvenes del Valle de Losa (San Martín de Losa, Villaño y Mijala). Más al este de España no se documenta ningún tejo de iglesia.

 

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MONTOTO, VALDEBEZANA

Se trata de un tejo centenario, en excelente estado de salud y que apenas ha sufrido podas. Aunque está ubicado en una finca anexa al templo, aparentemente guarda una relación directa con el mismo ya que no se localizan más tejos ni en el pueblo ni en los alrededores. Ejemplos similares a éste (tejos situados en fincas anexas al recinto de la iglesia) los encontramos también en Busnela (Merindad de Valdeporres) y en Rucandio (Valderredible).

Recordemos que esta costumbre de plantar tejos junto a iglesias es típica y característica del ámbito europeo atlántico y en España sólo se da en las zonas antiguamente pobladas por galaicos, ástures y cántabros. Ningún otro pueblo hispano mantuvo esta costumbre.

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Montoto, Valdebezana.

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Montoto, Valdebezana.

 

LOMAS DE VILLAMEDIANA, ALFOZ DE BRICIA

Situado en la cara norte del templo, dentro del cementerio anexo. Goza de buen estado salud aunque las ramas de la parte baja han sido podadas varias veces, probablemente para que no ocupase mucho sitio en el cementerio.

Otra maravilla de árbol singular de la comarca, que necesita de nuestro cariño, cuidados y protección.

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BISJUECES, VILLARCAYO

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VILLARCAYO

Este precioso tejo hembra fue plantado al mismo tiempo que se consagró la nueva iglesia de Villarcayo, en 1970. Cómo mandan los cánones. Tiene por tanto unos 45 años (muy joven) pero ya veis que ha alcanzado un buen tamaño.

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QUINTANILLA DEL REBOLLAR, MERINDAD DE SOTOSCUEVA

Dicen que, en el Juicio Final,
a todos cuantos sepan
el nombre de cien árboles,
habrán de absolverlos para la eternidad.
A mí, desde hoy,
me queda un nombre menos.
Aprendí el tejo.

Estaba en el antemuro interno
de la ermita parroquial
de Quintanilla del Rebollar,
allá en el Alto Burgos,
cercano a los Montes Cantábricos.

Junto a la cancela
que limita el pequeño altozano,
sobre el que se erige la ermita,
allí se erguía, grave y enhiesto;
más orondo que un ciprés,
y más adusto que un roble o un pinsapo,
majestuosamente serio, el tejo.

Los antiguos griegos lo creyeron eterno,
y junto a él ubicaban sus tumbas,
de lápidas y epitafios.
Una voz amiga me lo señaló.
Guardián del sacro lugar,
y del cementerio aledaño,

me pareció apropiada
compañía para todo
lo que la sobria ermita encerraba:
las santas imágenes sagradas
y los pocos restos humanos
que allí descansan.

Qué bien plantado lo encontré,
al tejo… con su doble presencia,
sacra y profana.
El tejo, de hermosa estampa.
El tejo, que me prestó su imagen
para que la uniera a su palabra.

Un nombre de árbol, apenas nada;
pero mucho para mí,
que despertaba del sueño leve
de ignorar que ignoraba
la existencia del tejo,
en tanto que árbol,

y en tanto que palabra.

Texto de Santiago Delgado.

 

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LA CABAÑA DE HIJEDO, ALFOZ DE SANTA GADEA

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Foto de Paula GM.

ROBLEDO DE LAS PUEBLAS, MERINDAD DE VALDEPORRES

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Foto de Alfonso Rueda.

 

VILLAMARDONES, VALDEGOVÍA

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Foto de Rafa Vicente.

 

VALLE DE LOSA

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San Martín, Valle de Losa.

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Villaño. Valle de Losa.

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Mijala, Villalba de Losa.

 

RESCONORIO, EL “PUEBLO TEJO

El valle alto del río Magdalena o Luena, nada más pasar el Puerto del Escudo desde Virtus, alberga una serie de aldeas de población dispersa realmente extraordinarias: Resconorio, Sel del Manzano, Velascones. Y es que prácticamente todo el caserío, sean cabañas pasiegas, casas montañesas o nuevas construcciones, aparecen acompañadas de tejos de todos los tamaños y edades, reflejando un respeto por este árbol y por su cultura asociada y simbolismo fuera de lo común. Una verdadera “zona cero” para los amantes de esta especie.

En todo el Norte Cantábrico (en realidad, en toda España y hasta me atrevería a decir que en toda Europa occidental), sólo existen unos pocos ejemplos más de “pueblos tejo” como este, todos ellos localizados en las zonas más inaccesibles y auténticas de Los Ancares bercianos y lucenses (Vilarello de Donís, Teixeira, Piornedo y algún otro). Una maravilla de sitio.

Fotos de Rubén Bordas.

 

TEJOS OCULTOS DE LAS MERINDADES

En Merindades, como en todo el Noroeste Ibérico desde Galicia hasta Cantabria, hay “tejos de culto” (tejos plantados junto a iglesias, capillas, cementerios, etc.., fruto de nuestras viejas creencias ancestrales) y “TEJOS OCULTOS”, silvestres, perdidos en lo más profundo del bosque.

Desde esta página os pedimos el máximo respeto a la hora de visitar estos últimos, ya que hay muy pocos y son muy sensibles a todo tipo de acción humana. Cuanto más tranquilos les dejemos y menos nos acerquemos a ellos mejor.

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Foto de Fernando Barruelo.

 

 

Las brujas de Ongayo en su viaje a Cernégula

Las mujeres más ancianas contaban junto a la lumbre en las largas noches de invierno y a la luz mortecina de una vela que de una cueva cercana a Suances llamada “Cueva de las Brujas”, partieron durante siglos caravanas de muerte y misterio, una tropa de hechiceras que volaban los cielos de La Montaña maldiciendo y portando conocimientos ancestrales usados para hacer el mal y para adorar al diablo. La conciencia popular ha mantenido hasta hoy la memoria de una ruta prohibida y mágica que tenía como inicio Ongayo, pueblo limítrofe con Suances, y como meta la localidad burgalesa de Cernégula, nombre asociado desde tiempo inmemorial al culto al maligno y a antiguos cultos paganos. Una copla popular viene a decir lo siguiente:

“De la cueva de Ongayo salió una bruja
con la greña caída y otra brujuca.
Al llegar a Cernégula, ¡válgame el Cielo!
un diablo cornudo bailó con ellas.
Por el Redentor, por Santa María,
con el rabo ardiendo, ¡cómo bailarían!”

Cuentan que todos los sábados por la noche, las brujas montañesas tras orinar en las cenizas del hogar y gritando: “¡Sin Dios y sin Santa María, por la chimenea arriba!”, alzaban el vuelo montadas en escobones de brezo o transformadas en cárabos rumbo a Cernégula, donde celebraban sus reuniones brujeriles alrededor de una gran mata espinosa. Las brujas allí reunidas se ungían con un brebaje compuesto a base de hierba mora, mandrágora y otras yerbas que las producían visiones y encantamientos, para ir después de la orgía a bañarse en una charca de agua helada cercana a dicho pueblo. Cuando regresaban de sus reuniones en Cernégula, las brujas se reunían en asamblea y en ella se exigía a todas las brujas montañesas que relatasen cuantas maldades y fechorías habían cometido durante la semana.

La charca de Cernégula, de grande como un pequeño campo de fútbol, por la zona más profunda alcanza los cuatro o cinco metros y algo más de un metro por el extremo que menos. En invierno, la charca está a rebosar y el nivel baja en verano, pero nunca se ha conocido seca gracias según se dice a un ojo que hay en el fondo de la misma y que a modo de surtidor la nutre constantemente de agua. Según cuenta la leyenda, por Pozorrubio pasaban los arrieros y se acercaban hasta las charcas a dar de beber a sus animales; pero sucedió que una vez desaparecieron las bestias.

De boca en boca ha ido corriendo esta historia, así como otros relatos brujeriles y que la han hecho famosa como enclave mágico. Pero no se acaban aquí las leyendas, una más dice que cuando las mujeres quedaban embarazadas ponían ramos de ajos o cardos para auyentar a las brujas. Las leyendas se hacen eco del miedo ancestral al mal de ojo; y aún hoy es mejor no pensar en lo que pudiera pasar si al visitar su charca en Cernégula, alguna bruja nos echa el ojo. Mejor que no.

Geografía inicial de Castilla en Merindades y su relación con Álava

La etapa histórica en la que Las Merindades fueron parte indistinguible del reino asturiano (circa 745-850), antes de la aparición del primer conde castellano conocido, es una de las más interesantes de nuestra historia como comarca. Y lo es por varios motivos, entre ellos porque es en esta etapa cuando surge la palabra Castilla. Este concepto territorial ha servido a lo largo de la historia para hacer referencia a entidades políticas y conceptos geográficos muy diferentes (territorio, condado, reino, corona…) y hasta cierto punto antagónicos, que conviene tener claros para una mejor comprensión de su ambivalencia actual.

Inicialmente Castilla no fue más que un territorio de los muchos que conformaban Las Merindades. La primera mención a Castilla de las fuentes cristianas es la de la fundación del monasterio de Taranco de Mena del año 800, donde se explicita claramente que Castilla es un territorio y Mena es otro distinto. Esta Castilla nuclear puede identificarse con el territorio de Area Patriniani de otro diploma del 807, localidad que en el documento del 800 es calificada precisamente como civitate. Ya en el 816 ha incorporado el próximo valle de Sotoscueva y en el 852 el valle de Tobalina. Pero Losa todavía aparece como un territorio diferenciado a Castilla en el 853: «Et presimus presuras in Castella, in Lausa et in Mena». Es decir, en el 853 Castilla seguía siendo una cosa, Mena era otra y Losa otra. En el 892, Pancorbo estaba aún “in extremis Castellae”.

Se tiende a pensar que este territorio de Area Patriniani, también conocido tradicionalmente como Bardulias o Castilla primigenia, estaba gobernado desde la fortaleza de Tedeja pero hay varios documentos que diferencian claramente entre ambos espacios, distinción que se mantiene hasta incluso finales del siglo XI. En un documento de 1082 puede leerse: “Regnante rege Alfonso in Castella et sub eius mandato, ego comes Gundisalus in Castella, et Tetilia et Cadreggas, et in Poça” (Álamo, 1950).

Por lo tanto, la Castilla primigenia incluía solo a los territorios de la llanada de Villarcayo-Medina, desde Montija hasta el Ebro, pero sin cruzarlo. No incluía Mena, Losa, Frías, Sierra de Tobalina, Cillaperlata, Valdivielso, Zamanzas, Manzanedo, Bricia, Santa Gadea o Valdebezana. No obstante, pronto el concepto de Castilla empieza a hacerse más global, incluyendo primero a los territorios limítrofes con Álava y después al resto. Porque en sus inicios, esta Castilla más auténtica mantuvo una íntima relación con Álava.

En efecto, durante esta etapa, Alava y Castilla aparecen como las marcas orientales del reino asturiano, sujetas a continuos ataques musulmanes procedentes siempre del valle del Ebro. Es de destacar la casi unanimidad con que todos los historiadores y recopiladores musulmanes designan unidas a Alava y Los Castillos, que solo muy ocasionalmente mencionarán por separado. Señal inequívoca de la íntima relación que unía a ambos territorios por una parte y de su diferenciación por otra. A partir del año 781 Alava aparece casi siempre unida a Castilla en la expresión Alava wa-l-Qila como objetivo de la mayor parte de las expediciones musulmanas, en concreto las de los años 791, 792, 794, 796, 801, 802, 803, 823, 838, 839, y 849 (Martínez Díez, 2005).

Es interesante tener en cuenta algo que muy pocos historiadores comentan: la palabra Castilla aparece antes en una fuente musulmana (791) que en una cristiana (800). ¿Significa esto que Castilla fue una palabra adoptada de los musulmanes? Difícil saberlo con seguridad. Una cosa es cierta: la visión “encastillada” de esta Castilla se obtiene especialmente cuando es abordada desde el Ebro medio en poder musulmán, con los Montes Obarenes separándola nítidamente de las tierras alavesas, riojanas y burebanas.

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En cualquier caso, durante este período una amplia zona de Las Merindades seguía siendo diferente a esta Castilla: Valdivielso aparece aún diferenciada de Castilla (y tratadas de igual a igual, como territorios distintos) en el 967 y su integración no se produce hasta el siglo XI (Estepa, 1984). Y toda la parte occidental de Las Merindades seguían sin ser Castilla dos siglos después, en 1171, cuando el conde Gómez Gundisalvez rige las jurisdicciones de Arreba y Valdebezana, mientras que Alvaro de Lara aparece como “tenente Castella”. Para esta época, la zona occidental de Merindades era ya parte del reino de Castilla, como Siero, Campoo y otras zonas próximas, pero es que el Reino de Castilla era ya por estas fechas una cosa muy distinta a la de su origen, incluyendo territorios tan variopintos como los actuales País Vasco, Cantabria, La Rioja, Castilla, La Mancha o Plasencia (Extremadura).

Ya por entonces, los parecidos de este reino con el territorio llamado originalmente Castilla se reducían exclusivamente al nombre, y los centros de poder y decisión estaban ya muy lejos. Nuestra comarca iniciaba así un proceso de disolución cultural en un “totum revolutum” castellano del que aún no se ha recuperado.

Para más información sobre este tema:

http://www.unioviedo.net/…/i…/TSP/article/viewFile/9491/9300
https://revistas.ucm.es/…/ar…/viewFile/ELEM8484120305A/25061.

Castro (supuesto) de Bortedo, Valle de Mena

… y su relación con el castro de Malmasín, Bilbao.

 

El castro de Bortedo se localiza cerca de la aldea del mismo nombre, en el Valle de Mena. Ocupa el monte llamado Coruño, que limita por el noroeste con el municipio de Valmaseda.

No se han realizado catas arqueológicas de ningún tipo, y la prospección en superficie ha detectado únicamente concentraciones de losas en alteraciones modernas relacionadas con las aperturas de caminos y la explotación forestal. 

Pero lo realmente interesante de este castro aparece cuando se analiza la imagen LIDAR correspondiente. LIDAR es una tecnología que, entre otras cosas, permite determinar con una precisión enorme (15 cm) la elevación de cualquier terreno, eliminando además cualquier elemento vegetal que lo oculta, por lo que se está utilizando extensamente en arqueología para descubrir estructuras defensivas que hasta ahora permanecían ocultas, siendo en ocasiones incluso más efectivo que la propia prospección visual in situ. 

Analizando la imagen LIDAR se han descubierto recientemente en este enclave dos cortes pronunciados en el terreno. En ambos se sitúan las dos líneas de coronas dentadas cuyo origen y funcionalidad se desconocen y que pueden corresponderse con sistemas defensivos pertenecientes a época prerromana, medieval o incluso a las más recientes contiendas contemporáneas.

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Castro de Bortedo. Foto de José Ángel Fernández.

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Castro de Malmasín. Foto de José Ángel Fernández.

 

Este tipo de estructuras aparecen también y de forma mucho más clara en el castro de Malmasín, cerca de Basauri y con unas vistas completas de toda la ría de Bilbao. Recuerdan a la decoración en dientes de sierra utilizada en nuestro ámbito desde tiempos megalíticos hasta el medievo, aunque la realidad de quienes han estado sobre el terreno, es que Bortedo fue, según todos los indicios, una fortificación de época de la independencia española y guerras carlistas. En la roturación de pinos y tierra removida aparecen cantidad de restos de munición de armas de avancarga (bolas de plomo) y cartuchos disparados y enteros de fusiles de retrocarga (más modernos) de esas épocas. Además en la parte central hay restos de una especie de barracón de piedra a modo de fortín. El lugar es señalado en las crónicas como baluarte defensivo fronterizo y de control en el el s. XIX. Los dientes de sierra son “parcelas” de plantación escalonada igual que las de Malmasín y no tienen nada que ver con defensas previas de épocas prerromanas o medievales, que no usaban ese tipo de fortificaciones que dejaban flancos libres y puntas de defensa avanzadas.

Los castros de Bortedo y de Malmasín presentan otras coincidencias históricas dignas de mención. Bortedo aparece vinculado, al menos desde finales del siglo XII, a Lope Sánchez de Mena, Señor de Bortedo. Sánchez de Mena fue hombre de confianza de Alfonso VIII, fundador de la villa de Valmaseda en 1199 y tenente de Mena y Ayala. Malmasín pudo tener también una reocupación en la Edad Media identificada con el castillo de Malvezin documentado en 1179 en el documento de concordia entre el rey Alfonso VIII de Castilla y Sancho el Sabio de Navarra.

Estamos por lo tanto, siempre manteniendo todas las reservas posibles, ante dos enclaves con estructuras similares en dos puntos en los que coincide un mismo devenir histórico en varios momentos concretos de su historia.

Texto de José Angel Fernández y Jesús Pablo Domínguez.

 

 

 

 

Razas vacunas tradicionales de Merindades

 

 

Las tres razas de vacas tradicionales de Merindades: Terreñas, Monchinas y Tudancas.

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VACAS TERREÑAS

Raza autóctona de los montes Obarenes y buena parte de Álava. Hoy en día está desaparecida de Merindades y solo se mantiene gracias al apoyo del Gobierno Vasco en los parques naturales de Valderejo y del Gorbea. En Obarenes no existe, que sepamos, ningún plan de reintroducción de la raza.

Pertenece al tronco bovino cántabro (Sánchez Belda, 1984) y son animales muy rústicos, muy apreciados antaño para tiro (carros, trilla del cereal, etc.).

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Foto de Antonio López.

 

Miranda de Ebro se inclina parta á la Vizcaya y parte á la Montaña, 1792.

Extracto recogido en la obra “Historia Fabulosa del Distinguido Caballero Don Pelayo Infanzon de La Vega, Quixote de La Cantabria” (Tomo II, Segunda Parte), escrita en 1792 por el santanderino Alonso Bernardo Ribero y Larrea.

En esta novela toma como punto de arranque la obra cervantina para realizar una cierta crítica antinobiliaria y proponer a la nación británica como modelo de organización social.

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