La Hexapétala

La rosa de seis pétalos, conocida generalmente como roseta hexapétala o hexapétala a secas, es uno de los símbolos más extendidos en la cultura indoeuropea. Utilizado desde antes de la edad de bronce por diferentes pueblos, en distintos momentos históricos y posiblemente con diferentes significados. En España se localizan especialmente por el norte de la Península Ibérica, desde Galicia hasta Aragón.

Es el recurso absolutamente dominante en la iconografía de las estelas romanas hispánicas y perduró como elemento decorativo recurrente hasta el arte prerrománico de todo el norte de la península. Santa María de Lebeña, en Liébana, es un excelente ejemplo. Representaba probablemente al sol y al rayo, estando asociadas al culto a Júpiter, dios supremo de los cielos y de la tormenta que, por el fenómeno del sincretismo religioso, se asocia al dios supremo de los cielos al que los indígenas daban culto con diferentes nombres en las cumbres de las montañas, tratándose probablemente del Júpiter-Candamio que conocemos por la epigrafía. En el territorio de los astures y de los cántabros se tiene constancia de la existencia de un Júpiter Cantábricus y del culto a Taranis, así como de numerosas aras votivas dedicadas a Candamio.

La hexapétala ha sido también considerada desde antiguo como un elemento de protección, como tal, ha llegado hasta nuestros días, en los que se puede ver grabada en los dinteles de las puertas y ventanas de muchas casas, especialmente las edificadas a partir del siglo XVII, en aperos de labranza, en muebles, colgantes y en infinidad de objetos de uso común. Tenían el fin de combatir los aojamientos, atribuidos a brujas, enigmáticos seres de piel y hueso con un maligno poder en su forma de mirar -Los ojos eran considerados las ventanas del corazón- y que podían causar grandes estragos. Estas creencias convivían con otras acerca de seres mitológicos portadores del mal, medio animales, medio humanos, que podían presentarse repentinamente en cualquier momento y lugar, y de los que convenía estar adecuadamente protegidos.

 

Hexapétalas en Báscones de Zamanzas. Fotos de Santiago Abella.

Hexapétalas en Báscones de Zamanzas. Foto de Santiago Abella.

 

pesquera adolfo lg

Pesquera de Ebro. Foto de Adolfo LG.

 

19983747_1094796160651077_6690581216445950718_o

Fuenteodra, entre Peña Amaya y La Humada. Foto de Jesús Rabiespierre.

 

El estilo de vida de los montañeses

“Todos los montañeses son austeros, beben normalmente agua, duermen en el suelo y dejan que el cabello les llegue muy abajo, como mujeres. pero luchan ciñéndose la frente con una banda. Comen principalmente chivos, y sacrifican a Ares un chivo, cautivos de guerra y caballos. Hacen también hecatombes de cada especie al modo griego, como dice Píndaro: de todo sacrificar cien. Realizan también competiciones gimnásticas, de hoplitas e hípicas, con pugilato, carrera, escaramuza y combate en formación.

Los montañeses, durante dos tercios del año, se alimentan de bellotas de encina, dejándolas secar, triturándolas y luego moliéndolas y fabricando con ellas un pan que se conserva un tiempo, Conocen también la cerveza. El vino lo beben en raras ocasiones, pero el que tienen lo consumen pronto en festines con los parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Comen sentados en bancos construidos contra el muro y SE SIENTAN EN ORDEN A LA EDAD Y EL RANGO. Los manjares se pasan en CÍRCULO, y a la hora de la bebida danzan en corro al son de flauta y trompeta, pero también dando saltos y agachándose.

Todos los hombres visten de negro, sayos la mayoría, con los que se acuestan también sobre jergones de paja. Utilizan vasos de madera, igual que los celtas. Las mujeres van con vestidos y trajes floreados. En vez de moneda, los que viven muy al interior se sirven del trueque de mercancías, o cortan una lasca de plata y la dan (…). Para las subidas del mar y los pantanos usaban, hasta la época de Bruto, embarcaciones de cuero, pero hoy día incluso las talladas a partir de un solo tronco son ya raras. Su sal es púrpura, pero blanca una vez molida.

Éste, como he expuesto, es el género de vida de los montañeses, y me refiero a los que jalonan el flanco norte de Iberia: galaicos, astures y cántabros hasta llegar a los vascones y el Pirene; pues el modo de vida de todos ellos es semejante”.

Estrabón, 63 a.C.-21 d.C.

11133923_660192414111456_5659816259526317878_n

Valderrama

Antes de crearse su municipio actual en el siglo XIX, Valderrama formó parte del valle de Tobalina y, antes incluso, dependía de la jurisdicción de Frías. Sin embargo, en la alta Edad Media constituía una entidad totalmente independiente, y su nombre era comúnmente reflejado como Rama o Valle de Rama. Un lugar ideal para comenzar la subida al Humión, el pico más alto de los Obarenes,

VALDERRAMA, capital del Partido de la Sierra en Tobalina

mcvvalderrama

El cristianismo en Merindades

La difusión y consolidación de la religión cristiana en la Hispania romana fue muy desigual. Hubo zonas donde está confirmada la existencia de importantes comunidades cristianas antes de su reconocimiento oficial por el Estado romano. Por contra, algunas regiones del norte peninsular, como es el caso de la Cantabria romana, quedaron al parecer, fuera de su alcance.

La organización del territorio y el volumen e importancia de las ciudades asentadas en éste fue determinante. Las urbes fueron los lugares donde, en general, se definieron y desarrollaron las grandes líneas institucionales del Imperio. En aquellas zonas donde los asentamientos urbanos estaban más desarrollados, la religión cristiana experimentó un crecimiento más temprano y más intenso. Así, las comunidades cristianas peninsulares más antiguas se localizaron en la Bética, en la costa mediterránea y en los centros urbanos situados en las grandes vías de comunicación. Por el contrario, en aquellas zonas donde el elemento urbano no tuvo un desarrollo importante, las “novedades” no llegaron o lo hicieron con baja intensidad en la mayor parte de estos territorios. La escasez de organización y de medios para conseguir imponer los nuevos usos en un territorio con pequeñas poblaciones muy dispersas, propiciaría que éstos se introdujeran de manera más lenta. Hubo que esperar a la decadencia de la vida urbana para que la iglesia se adaptara a las nuevas realidades. Así, junto a las iglesias episcopales aparecen las iglesias rurales asociadas a los grandes dominios territoriales que en Hispania tuvieron su máximo apogeo durante el siglo IV, época en la que se extendieron a todo el territorio peninsular.

A falta de más datos y en el estado actual de las investigaciones, la mayoría de los estudiosos del tema se ponen de acuerdo en que los comienzos de la evangelización en esta zona norte no se remontaría más allá de los siglos VI y VII, coincidiendo con el auge del poder político visigodo en la Península.

El eremitorio de TARTALÉS DE CILLA es un conjunto de cuevas artificiales excavadas en roca arenisca, alineadas a ambos lados del arroyo de las Torcas en su confluencia con el Ebro. El origen se supone en época visigoda y altomedieval (s. VII-X). La funcionalidad de estos covachos parece que fue la de una “laura” cenobítica, incipiente agrupación de monjes eremíticos en relación con la iglesia rupestre de San Pedro o con la desaparecida ermita visigoda de San Fermín, en el mismo pueblo. Además de servir de oratorio a los eremitas que habitaban los covachos. es probable que todo este conjunto rupestre dependiera de Santa María de Mijangos (consagrada en el 601) o de Santa María de los Reyes Godos, a escasos metros de Las Cuevas de los Portugueses, ya que las celdas pétreas peninsulares suelen estar asociadas a alguna iglesia cercana. Muy cerca de este conjunto, las dos cavidades de Cillaperlata al lado del Ebro, una probablemente para uso religioso, están próximas también al temprano monasterio visigodo de San Juan de la Hoz, antecesor del de Oña.

Los ermitorios rupestres de nuestra zona muestran una clara relación con el río Ebro, que debió actuar como principal vehículo de propagación del cristianismo en el área. Desde zonas ya totalmente cristianizadas como Caesar Augusta (Zaragoza) y La Rioja actual, el cristianismo avanzó lenta pero inexorablemente hacia los últimos reductos de paganismo que le quedaban próximos. Esta debió ser, posiblemente, la ruta que siguió San Millán para cristianizar a los cántabros, como se recoge en el célebre pasaje de la Vita Sancti Emiliani. Como se ve en el mapa adjunto, los eremitorios rupestres de las Merindades muestran una clara continuidad con los existentes en el sur de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria (Valderredible) y la antigua Merindad de Campoo.

El análisis de la documentación de lugares eremíticos de la zona aguas abajo de La Rioja permite comprobar como fue el proceso de evangelización-poblamiento de la zona, partiendo de estos núcleos de “expedicionarios” eremitas-evangelizadores para ir progresivamente asentándose el proceso de colonización agraria de la zona, a la vez que el proceso de constitución de los grandes monasterios medievales que conocemos ya en plena Edad Media (a partir del año 1000).

 

Foto de El Correo de Las Matas

Foto de El Correo de Las Matas

Iglesias y eremitorios rupestres en el entorno de Las Merindades:

Iglesias y eremitorios rupestres en el entorno de Las Merindades: