Estelas discoidales con simbología cántabra en Merindades y Sedano.

 

ESTELA DE DOBRO

Se trata de una estela con una decoración en círculos concéntricos que recuerdan a las cántabras de Barros o Lombera, aunque de tamaño muy inferior a estas estelas discoideas prerromanas. Tiene una altura de unos 50 centímetros y fue encontrada junto al camino viejo de Dobro a Villaescusa del Butrón, en plena paramera del sur de las Merindades, municipio de Los Altos.

Diez de Tubillexa y Merlos, en su obra “Escóbados de Abajo, Escóbados de Arriba, Huidobro, Porquera del Butrón y Villalta” (2013) la atribuyen una cronología de en torno al siglo VII, aunque nosotros ampliaríamos el marco temporal a una horquilla comprendida entre los siglos IV-VII. Recordemos que todavía hacia el 570 tuvo que subir San Millán desde la romanizada La Rioja a predicar la palabra de Dios al “senado” de los cántabros, que aún albergaba extensas bolsas de paganismo en pleno siglo VI. En otros puntos más o menos cercanos del Norte Cantábrico se han encontrado estelas similares en tamaño y fechadas en esta misma época pero suelen contener elementos iconográficos de tipo cristiano. 

Por todo ello, se trata de una estela singular e interesante, que además no aparece documentada en ninguna otra obra bibliográfica, catálogo o carta arqueológica que conozcamos.

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Ilustración de Diez de Tubillexa y Merlos.

 

ESTELA DE VALDELATEJA

“Fragmento de estela de cabecera discoidea, trabajado en piedra caliza muy blanca. De antiguo, ha perdido el tercio superior del disco y gran parte del pie. Mide 27 cm. de altura. El disco tiene 33,50 cm. de diámetro por 18 de alto y 9 de grosor uniforme. El pie solo alcanza 9 cm. de altura y se separa de la cabeza mediante una escotadura de 17 cm. de amplitud que da paso a un apéndice lateral u orejera de forma triangular.

El anverso, provisto de un orificio reciente, lleva dos cenefas concéntricas y lisas, realizadas mediante sendas incisiones. El borde del disco se prolonga en la zona del cuello por otra incisión. El interior del campo central es ocupado por un círculo inciso que dispone de un punto en su centro y dos semicírculos laterales de similar técnica. En torno al interior de la cenefa interna se distribuyen cuatro grupos o haces de semicírculos grabados, de aspecto muy tosco y con tendencia a ser concéntricos, formados por tres o cuatro -según los casos- curvas cuyos trazos externos no llegan a ser tangentes (Fot. 13). 

El reverso, con un desconchado reciente y una hendidura transversal, porta una decoración similar, aunque quizás conformada por cuatro haces de semicírculos, al parecer constituidos solamente por tres orlas casi concéntricas (Fot. 14). El canto es liso, igual que el pie. 

En cuanto a la ornamentación, los motivos no cruciformes, más antiguos que otros cruciformes más usuales, pueden considerarse como de raigambre pagana y, sin duda, heredados de las culturas locales anteriores a la llegada del cristianismo y supervivientes en época visigótica. Su origen estaría en el mundo prerromano cántabro. Con todo, esta vinculación no garantiza una datación tan antigua, sino solamente su nexo con una determinada tradición o repertorio ornamental y, a lo sumo, una perduración de tales representaciones. Parece tener más verosimilitud su vinculación cronológica con momentos altomedievales, con anterioridad a la XII centuria.” (Campillo, 2004)

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Foto de Jacinto Campillo

 

 

ESTELA DE VILLAMAYOR DE LOS MONTES

Más cerca de Lerma que de Burgos, en la localidad de Villamayor de los Montes, se ha encontrado esta otra estela que presenta ciertas similitudes iconográficas con la de Dobro y con las cántabras. Aparece en la obra de Campillo (2015): Las Estelas Cristianas de la Cuenca del Arlanza y la pista nos ha sido facilitada por Javier Gómez.

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Foto de Javier Gómez.

 

Evidencias arqueológicas de rituales mágico-religiosos en Ojo Guareña

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Foto de Miguel Angel Martín/ Grupo Espeleológico Edelweiss.

 

El siguiente es un punzón biapuntado de bronce, del tipo “brújula” y 6,85 cm de largo, localizado en 1984 en la zona de Nuevo Paso, complejo de Ojo Guareña.

El paralelo más cercano se ha encontrado en Atapuerca, aunque son bastante más comunes en el valle medio del Ebro, especialmente en Álava y Navarra (Pérez Arrondo, 1977).

La especial ubicación de este hallazgo, en un lugar alejado y recóndito de la cavidad, unido a la singularidad de las evidencias arqueológicas con las que apareció (junto a restos de un hogar en el que se encontraron huesos de un cabrito, un pequeño muro y debajo de unos tizonazos), parece que apunta hacia la celebración de rituales mágico-religiosos ancestrales (Edad de Bronce) en este complejo de cuevas.

 

La función mágico-religiosa de Ojo Guareña siguió estando presente en la Edad de Hierro. La mayor concentración de cuevas rituales de esta época en el Cantábrico se observa en la comarca cántabra de Trasmiera, seguida de la antigua Asturias de Santillana, coincidiendo con las zonas de Cantabria donde, hasta ahora, se han localizado menos castros.

Ojo Guareña (nº 75) es la única cueva de la comarca y de toda la provincia de Burgos vinculada a usos rituales en esta época. En la Cueva del Puente, en Villalba de Losa, (nº 76) se han encontrado restos pero son únicamente romanos.

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La parte oeste de Merindades integrada en la provincia de Santander y en el partido judicial de Ontaneda. 1801-1833.

Fuente: Rodríguez Fernández, A. (1986). Alcaldes y regidores: Administración Territorial y Gobierno Municipal en Cantabria durante la Edad Moderna, Santander, Institución Cultural de Cantabria, Librería Estudio.

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Pastores y cachurras

Emilio Brizuela Huidobro, “Milín” (que, como Toñín o Gelín, es un diminutivo típico de todo el ámbito cántabro), fue pastor en Gredilla de Sedano.

Aquí aparece en una imagen de año indeterminado, con zamarra negra de piel y zurrón claro del mismo material, probablemente confeccionados en casa. Otro detalle: Usa polainas del tipo a las que usan los zamarracos de La Vijanera.

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Foto de Carmelo Serna.

 

¿CACHURRA EN VALDIVIELSO?

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Una fotografía extraída de una magnífica muestra de etnografía, obra de Antonio Zavala: “El Pastor del Páramo”, que relata la vida de Justo Peña Fernández, un pastor que pasó su vida por el entorno de la Merindad de Valdivielso.

En esta obra se ponen de manifiesto, con la autenticidad de un relato de primera mano magníficamente trascrito, los variados usos que una herramienta tan primaria como un cachavo ligeramente curvo y abultado en uno de sus extremos puede tener en un oficio aparentemente de escaso desarrollo tecnológico.

Entre otros, ¿Para jugar a la BRILLA o CACHURRA de la que hablaba Pereda en “El Sabor de la Tierruca”, un juego parecido al hockey o el hurling irlandés?

 

 

El potro de herrar

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Partes de un potro. Imagen del Ayuntamiento del Valle de Mena.

 

Mi padre describe así el potro: “se ponían cuatro palos de roble con una especie de yugo y se metían los bueyes y las vacas. Se amarraban al yugo que tenía, se le ponían unos correones de material y un palo largo redondo con los espetones subían al animal y quedaba el buey en el aire”.

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Yugo del potro de Cueva, Sotoscueva.

Se les sacaba las patas para atrás y se les serraba el casco si tenían los cascos largos, descascar se decía, y se herraban, se ponía una chapa con clavos, el callo que le llamaban. A veces los animales tenían heridas, el gripe, que era que tenían como escocido entre las uñas, del abono. Se le echaba piedra lipe, sulfato de cobre, que era como verde, se le echaba mezclado con manteca de cerdo. Se solía herrar a las vacas para cuando se acarreaba, porque estaba muy seco el camino y se le estropeaban los cascos”.

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Vaca tudanca en el Museo Etnográfico de Basconcillo del Tozo, Las Loras.

“A las caballerías se las herraba en el mismo sitio, pero solo se las ataba, se les levantaba la pata y ya está, no había que sujetarlas más”.

Texto de Avantales Ayoó de Vidriales.

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Poniendo los callos a una vaca. Foto de Villegas.

 

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Potro de Oseja de Sajambre, Riaño.

 

 

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Potro con tejado nuevo en Hoz de Valdivielso.

Etimología de Rudrón

El río Rudrón es un afluente del Ebro en su curso alto. Nace en El Tozo, en un paraje conocido como Fuente Abar, cerca de San Mamés de Abar. Como consecuencia de desaguar en el Ebro ha generado a lo largo de los milenios un cañón espectacular encajonado en las parameras circundantes y sobre el que se asientan algunos pueblos de Las Loras. Después de un recorrido de algo más de cuarenta kilómetros desemboca en el Ebro cerca de Valdelateja.

Existe en toda la zona de Las Loras una fuerte corriente de opinión popular que vinculan numerosos topónimos de la zona a un supuesto origen vasco. En el caso que nos ocupa, algunos han considerado que Rudrón deriva de Ur-on, agua-buena en “iberovasco” dicen. Se apoyan para ello en argumentos tan sólidos como la abundancia de topónimos “iberovascos” de la región, así como en las características de pureza del agua de este río (un agua excepcionalmente más buena que la de otros ríos de la zona, según parece deducirse). Además, afirman, el nacimiento del Rudrón está en San Mamés de Abar (San Mamés del Borbotón), junto al pueblo de Basconcillos del Tozo, cuyo topónimo “Basconcillos” aclara cualquier duda acerca de la identidad vascuence, ibérica al fin y al cabo, de los pobladores del lugar, reforzando aún más la explicación de que “Rudrón” es “Río de agua buena”.

… En fin…: invitamos al que quiera saber algo más serio sobre este topónimo a que siga leyendo.

 

Lo primero que conviene tener claro es que este origen toponímico (como el resto de supuesta toponimia vasca de Las Loras y que ya hemos analizado en entradas anteriores de esta página) es únicamente una mera elucubración mental “popular” sin el menor fundamento y/o apoyo científico.

La primera mención documental de Rudrón data de 1121-1124 y aparece como UZRÓN (Documentación de la Catedral de Burgos, doc. 22): “in Rivo de Uzron in villa qui dicitur Valneolos”. En 1243 de nuevo aparece “e todo rio Uzron” (Martín Viso, 2002; Martínez Diez, 1981). Miñano en su Diccionario de 1829 todavía recoge esta denominación, aunque ya junto a la actual: “Uzron ó Rudron, como vulgarmente le llaman”. Parece por tanto que la denominación de este río durante siglos fue la de Uzrón, un nombre que recuerda al vecino rio Odra.

Ya en 1964, Pérez Carmona se percataba de esta similitud, señalando lo siguiente: “Es curioso observar que muchas de las designaciones de ríos de la mitad septentrional de España tienen el sufijo -ón, v. gr.: Nalón, Nervión, Aragón, Jalón, Cantón. De este misterioso grupo tenemos en Burgos los hidrónimos Rudrón, Arlanzón, Tirón, Gromejón, además de otros nombres de arroyos: Salón, Neón, Retentón, Matagón, Riagón, Pontón, Abejón y Garganchón. Hemos advertido igualmente la existencia de radicales duplicados, uno de ellos con la sufijación -ón: Arlanzón junto a Arlanza; Rudrón o río Odrón y Odra.” Se trataría por lo tanto de un aumentativo para indicar que es como el río homónimo, pero más importante o principal.

El río Odra nace muy cerca del Rudrón, al norte de Peña Amaya, cerca de Fuenteodra, y desemboca en el Pisuerga. Bosch Gimpera relaciona la forma antigua de este nombre, Autura o Aut(u)ra, con el nombre Áutruca, ciudad de los turmódigos, por cuyo antiguo territorio discurre el Odra que ya recogía Ptolomeo como Autraka. Esta última forma porta el sufijo indoeuropeo, quizá céltico, –ka o el céltico–āka. Odra sería una forma indoeuropea, como confirma también la primera parte del nombre: au-, raíz general europea que hace referencia al agua por su significado básico, que sería ‘moverse’, ‘fluir’, ‘correr’. El mismo significado tendría el río Oder u Odra que discurre entre Alemania y Polonia. Según esta interpretación, Odra sería “corriente de agua”, es decir, “el Río” por antonomasia.

Rudrón (Riu Odrón) parece ser, en resumen, un hidrónimo de origen indoeuropeo con el significado de río principal, mayor que el Odra.

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Foto de Vamos a Cantabria

En la imagen aparece una parte del cañón del Rudrón a principios de primavera, visto desde el mirador de San Felices, con la nacional Burgos-Santander discurriendo por el fondo del valle.