Breve historia de Orbaneja del Castillo

La zona en la que se encuentra este precioso pueblo debió pertenecer en tiempos prerromanos al sistema castral controlado desde el impresionante oppidum cántabro de Gredilla de Sedano, comparable a los de Monte Bernorio o Cildá en extensión pero pendiente de excavaciones, como todos los castros de Burgos. Tras las guerras cántabras, el centro político se desplazó a Castro Siero. En su “castro” quedan vestigios de una antigua muralla con restos supuestamente romanos y visigodos. El enclave, al igual que los de Buradón, Tedeja o Perazancas de Ojeda, debió tener una cierta importancia en época altomedieval como punto de control de los últimos vestigios de beligerancia cántabra y frontera del Ducado de Cantabria.La zona dependía a nivel eclesiástico del Obispado de León. En la cima de Castro Siero se localiza una ermita (Santas Centola y Elena) con elementos visigodos tardíos que sugieren una continuidad habitacional y política tras la invasión árabe del 711. No hubo, por tanto, aceifas musulmanas ni mucho menos “reconquista” en Siero (descartando como una mera pirueta mental la identificación que hace Estepa Díez (2009) de Touka=Teja=Valdelateja=Siero sobre la campaña de Al-Mundhir en el 865 y adhiriéndonos a las tesis que identifican este topónimo de Touka con Auca-Oca, como hacen el resto de historiadores: Martínez Díez, 2005, sin ir más lejos). De hecho, Siero es el primer alfoz que aparece con este nombre en la documentación medieval de La Montaña desde Guardo hasta Sobrón, concretamente en el año 945. Mencionado como tal entre los siglos X-XII, debió mantener una organización cercana a los primitivos sistemas castrales hasta bien entrada la Edad Media (Martín Viso, 2002). En el siglo XIII terminan por desaparecer las funciones defensivas de Siero, tanto primigenias (cántabros) como residuales (musulmanes) y Sedano pasa a ocupar la capitalidad del territorio, pero funcionando únicamente como cabeza fiscal del dominio regio sobre la zona.

El topónimo de Orbaneja lo encontramos por primera vez en época de Alfonso VIII (1181), aunque existen dudas entre los historiadores sobre si se refiere a Orbaneja de Castillo o al Orbaneja Riopico de las inmediaciones de Burgos. La primera mención documental fiable referida a Orbaneja del Castillo no aparece hasta el Becerro de las Behetrías (1352). En esta obra aparece como Orbaneia de Castiello, formando parte del alfoz de Sedano y con él, de la Merindad de Burgos con Rio Ubierna, en la que se acababa de integrar todo el alfoz en el siglo anterior (Martínez Díez, 1981). El Becerro especifica además que se trata de un enclave aislado de realengo, por lo que debió tener una significación especial para el poder regio (Álvarez Bonge, 1996). No se conserva documentación que acredite concesión de fuero alguno, pero debió disfrutar de algún tipo de privilegio real, ya que todo apunta a que la villa experimentó una activa repoblación con gentes procedentes del sur (judíos y mozárabes), al igual que otras villas regias del entorno aforadas por parte de Alfonso VIII (Medina de Pomar, Frías, Villasana de Mena, Valmaseda, Criales o Mijangos). Especialmente notable debió ser la huella judía, como lo demuestra el hecho de que las informaciones más llamativas de toda la actual provincia de Burgos sobre este colectivo son las que se refieren a los naturales de este pueblo, a los que todavía hoy se les llama tradicionalmente rabudos. En el vecino pueblo de Huidobro dicen que “a los de Orbaneja les llamaban rabudos, porque fue el último pueblo de eso”. En el propio pueblo de Orbaneja existe el convencimiento de que “aquí éramos medio judíos. Eso de boca en boca, de padres a hijos venía. Las familias que había estaban desacreditadas entonces. También aquí decían que habían visto gente con rabo, y eran precisamente los que eran de raza judía” (Pedrosa, 2009). El aislamiento de este pueblo contribuyó a que su presencia pasase desapercibida hasta tiempos recientes (Barriuso y Laureiro, 2017).

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Orbaneja aparece como una entidad política diferenciada del resto de Sedano desde que existen registros documentales. Por ejemplo, nunca perteneció a La Honor de Sedano (siglos XIV-XIX). Dos siglos después de la creación de este señorío, en el Censo de Pecheros de 1528, Orbaneja sigue apareciendo como un pueblo independiente y ajeno a La Honor. El Censo de los Millones de 1591 recoge que Orbaneja, junto con otros tres pueblos aquende Ebro (Escalada, Quintanilla-Escalada y Turzo) pertenecen al Arciprestazgo de Cejancas en vez de al arciprestazgo de Covanera, como todo el resto de Sedano, lo que probablemente sea un indicio de que estos cuatro pueblos formaban en tempos anteriores parte de una misma entidad territorial. Pasados otros dos siglos más, el Censo de Floridablanca (1787) recoge a Orbaneja como un pueblo solo, mientras que Turzo, Escalada o Quintanilla siguen incorporados al Valle de Sedano. Hay constancia documental (1752) de que tanto Orbaneja como el Valle de Sedano pertenecían en esta época a las Cuatro Villas de la Costa, antecesor de la actual Cantabria. Tras la caída del Antiguo Régimen se crean los ayuntamientos modernos y en la época de Miñano (1828) y Madoz (1849) Orbaneja sigue siendo un ayuntamiento independiente de sus vecinos. En 1857 el también independiente ayuntamiento de Turzo se incorpora al de Orbaneja. Finalmente en 1976, este centenario resistente independentista llamado Orbaneja del Castillo termina integrándose en el ayuntamiento de Valle de Sedano. Y así sigue hasta hoy.

Para saber más:

Sobre la evolución de Castrosiero desde su esquema castral: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/625760.pdf

Sobre el Alfoz de Siero-Sedano: http://riubu.ubu.es/…/10…/2035/1/0211-8998_n194_p173-192.pdf

Sobre la Honor de Sedano: http://www.bizkaia.eus/…/kobie_24_LOS%20DESPOBLADOS%20MEDIE…(_9.pdf.

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Estelas discoidales con simbología “cántabra” en Merindades y Sedano.

 

ESTELA DE DOBRO

Se trata de una estela con una decoración en círculos concéntricos que recuerdan a las cántabras de Barros o Lombera, aunque de tamaño muy inferior a estas estelas discoideas prerromanas. Tiene una altura de unos 50 centímetros y fue encontrada junto al camino viejo de Dobro a Villaescusa del Butrón, en plena paramera del sur de las Merindades, municipio de Los Altos.

Diez de Tubillexa y Merlos, en su obra “Escóbados de Abajo, Escóbados de Arriba, Huidobro, Porquera del Butrón y Villalta” (2013) la atribuyen una cronología de en torno al siglo VII, aunque nosotros ampliaríamos el marco temporal a una horquilla comprendida entre los siglos IV-VII. Recordemos que todavía hacia el 570 tuvo que subir San Millán desde la romanizada La Rioja a predicar la palabra de Dios al “senado” de los cántabros, que aún albergaba extensas bolsas de paganismo en pleno siglo VI. En otros puntos más o menos cercanos del Norte Cantábrico se han encontrado estelas similares en tamaño y fechadas en esta misma época pero suelen contener elementos iconográficos de tipo cristiano. 

Por todo ello, se trata de una estela singular e interesante, que además no aparece documentada en ninguna otra obra bibliográfica, catálogo o carta arqueológica que conozcamos.

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Ilustración de Diez de Tubillexa y Merlos.

 

ESTELA DE VALDELATEJA

“Fragmento de estela de cabecera discoidea, trabajado en piedra caliza muy blanca. De antiguo, ha perdido el tercio superior del disco y gran parte del pie. Mide 27 cm. de altura. El disco tiene 33,50 cm. de diámetro por 18 de alto y 9 de grosor uniforme. El pie solo alcanza 9 cm. de altura y se separa de la cabeza mediante una escotadura de 17 cm. de amplitud que da paso a un apéndice lateral u orejera de forma triangular.

El anverso, provisto de un orificio reciente, lleva dos cenefas concéntricas y lisas, realizadas mediante sendas incisiones. El borde del disco se prolonga en la zona del cuello por otra incisión. El interior del campo central es ocupado por un círculo inciso que dispone de un punto en su centro y dos semicírculos laterales de similar técnica. En torno al interior de la cenefa interna se distribuyen cuatro grupos o haces de semicírculos grabados, de aspecto muy tosco y con tendencia a ser concéntricos, formados por tres o cuatro -según los casos- curvas cuyos trazos externos no llegan a ser tangentes (Fot. 13). 

El reverso, con un desconchado reciente y una hendidura transversal, porta una decoración similar, aunque quizás conformada por cuatro haces de semicírculos, al parecer constituidos solamente por tres orlas casi concéntricas (Fot. 14). El canto es liso, igual que el pie. 

En cuanto a la ornamentación, los motivos no cruciformes, más antiguos que otros cruciformes más usuales, pueden considerarse como de raigambre pagana y, sin duda, heredados de las culturas locales anteriores a la llegada del cristianismo y supervivientes en época visigótica. Su origen estaría en el mundo prerromano cántabro. Con todo, esta vinculación no garantiza una datación tan antigua, sino solamente su nexo con una determinada tradición o repertorio ornamental y, a lo sumo, una perduración de tales representaciones. Parece tener más verosimilitud su vinculación cronológica con momentos altomedievales, con anterioridad a la XII centuria.” (Campillo, 2004)

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Foto de Jacinto Campillo

 

 

ESTELA DE VILLAMAYOR DE LOS MONTES

Más cerca de Lerma que de Burgos, en la localidad de Villamayor de los Montes, se ha encontrado esta otra estela que presenta ciertas similitudes iconográficas con la de Dobro y con las cántabras. Aparece en la obra de Campillo (2015): Las Estelas Cristianas de la Cuenca del Arlanza y la pista nos ha sido facilitada por Javier Gómez.

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Foto de Javier Gómez.

 

Amania o los vínculos toponímicos del Valle de Mena con sus vecinos

PARTE I. VÍNCULOS CON LA TIERRA DE AYALA

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El padre benedictino Gregorio Argaiz afirma en una de sus obras (1668), sin aportar más datos al respecto, que “El Noble y Real Valle de Mena se llamó antiguamente AMANIA, igualmente que el valle de Tudela y la noble tierra de Ayala, cuyos naturales se llamaron ‘amanienses’ y su capital fue Dardania, conocida hoy por el nombre de Orduña”. Esta misma denominación de Amania la recoge dos siglos después Miñano en la descripción que hace del Valle de Mena en su Diccionario Geográfico-Estadístico de 1827 (Tomo VI).

Teniendo en cuenta esta parca información al respecto, resulta interesante constatar que en la vecina Tierra de Ayala existen una serie de topónimos que pueden ser indicadores de un pasado territorial común. Nos referimos a MENAGARAI, MENOYO, MENARDO y MENERDIGA, que conforman una línea que desde el corazón del valle alavés asciende hasta el de Losa por la Sierra Salvada.

Las teorías etimológicas que se han propuesto para estos enclaves son variadas. Mugurutza (2002) cree que están interrelacionados etimológicamente con un nombre genérico desconocido, preferentemente un antropónimo. MENAGARAI es un pueblo situado entre Arceniega y Amurrio y cuya etimología más comúnmente aceptada ha sido la de descomponerlo en el nombre Mena y el eusquérico garai ‘alto’, viniendo en dicho caso a significar MENA DE ARRIBA. Sin embargo, Mitxelena lo hace derivar de me(n)a, ‘mineral, mina, vena’. MENOYO es una aldea también conocida como El Campo y situada entre Menagarai y Sierra Salvada. Al margen de interpretaciones difícilmente defendibles como ‘ladera de la montaña’ (Barrenengoa, 1990), la mayoría de las explicaciones han pretendido relacionarlo con el valle de Mena. Otras opciones advierten de la posibilidad de que se trate de un genérico, a la vista del topónimo Las Menoyas de Arceniega o La Menoya en el vecino Santa Coloma. MENERDO es el nombre de un despoblado en las faldas de la Sierra Salvada, entre Aguiñaga y Madaria, y que algún autor le ha atribuido un origen visigodo. Justo por encima, en lo alto de Sierra Salvada, está el portillo de MENERDIGA, que comunica Ayala con el Valle de Losa.

La primera vez que el valle de Ayala aparece como ente territorial diferenciado es en la época de Alfonso I de Asturias (741), si aceptamos por buena su identificación con Alaone (Aiaone o Aizone según otras lecturas) de la Crónica de Alfonso III (881) (García de Cortázar, 1981; Martínez Díez, 1974). Alaón puede proceder del antropónimo latino Alaunus, que a su vez podría proceder del gentilicio alani, nombre de uno de los pueblos bárbaros que entraron en la península en el siglo V. Por otro lado, alaod (Alodia) es una palabra germánica (visigoda) que significa Tierra Libre, y cuyo dativo utilizado con connotaciones posesivas es alaodón. Este último significado enlaza con el carácter libre de este valle, que disfrutó durante los siglos siguientes de sus propios fueros, usos y costumbres, sin tener que ver con el régimen administrativo de Alava o Vizcaya. Llegó incluso a tener el rango de Provincia independiente desde 1521 hasta 1833.

Merindades, Provincia Gallaecia (313-411)

La provincia romana de Gallaecia fue creada por el emperador Diocleciano en el 298 dC. Incluía los conventos bracarense, lucense y asturicense. Poco tiempo después, los límites de la Gallaecia se ampliaron en fecha y extensión indeterminada hacia el convento cluniense. En esta entrada vamos a intentar recoger toda la información disponible hasta el momento con el fin de intentar arrojar algo de luz sobre este tema.

CANTABRIA, PARTE DE LA GALLAECIA ROMANA

La antigua Cantabria prerromana es la zona que menos dudas genera al respecto de su inclusión o no en la Gallaecia romana. Son varios los autores que de forma explícita citan que Cantabria (incluyendo al menos a parte de Las Merindades) perteneció, en algún momento de su pasado a la provincia de Gallaecia.

Paulo Orosio (383-420) en su Historiæ adversus paganos (VI, 21,2) incluye a Asturias y Cantabria en la provincia galaica de su tiempo cuando se refiere a la guerra de Augusto y Agripa contra cántabros y astures: “Cantabri et Astures Gallaeciae provinciae portio sunt”.

Porfirio (s.III dC), escoliador del poeta clásico Horacio (Carmen II, 6.2), escribe: “Cantabria, quae este gens Gallaecia”.

La Notitia Dignitatum (420) sitúa en la Gallaecia al tribuno de la cohorte celtíbera, destacamento militar estacionado en luliobriga, en pleno territorio cántabro. “In provincia Callaecia: (…) Tribunus cohortis Celtiberae, Brigantiae, nunc Iuliobriga”.

Pocos años más tarde, San Isidoro (556-636) en sus Etimologías (XIV, 521) dice: “Regiones partes sunt provintiarum, sicut in Callecia: Cantabria, Asturias”.

Huidobro (1956) menciona que Cantabria formaba parte de Gallaecia en el momento en que los cuerpos de las santas Centola y Elena fueron recogidos por los obispos de Astorga-León de los paganos a cambio de 300 libras de oro y depositados en la iglesia de Castro Siero (Valle de Sedano). El martirio de estas santas ocurrió en el año 304 y la incorporación de Cantabria a la Gallaecia fue en el 313 dC:

“Pero en la nueva división de Constantino (emperador romano, en el año 313 dC) quedó desmembrado el mismo Obispado de León de la antigua Provincia Tarraconense, y agregado a la nueva de Galicia, la cual se compuso de tres regiones famosas, que son las de Cantabria, Asturias y Galicia. Desde este tiempo las mismas regiones, que desde Augusto estaban unidas de algún modo en el gobierno pero conservando siempre sus nombres distintos, quedaron ya más enlazadas entre sí formando un solo cuerpo de Provincia, y diciéndose Galicia todo el territorio que abrazaban.

Y con el nuevo número de Provincias establecido por Constantino quedaron mas permanentes y manifiestos los límites del Obispado de León así por la parte meridional como por la oriental, donde podían variarse con mayor facilidad a causa del diverso gobierno político a que estaba expuesta la Cantabria. Por esta causa HABIENDO PADECIDO EN LA CANTABRIA LAS SANTAS VÍRGENES CENTOLA Y HELENA, tuvo el Obispo Legionense el cuidado de recoger sus santas reliquias y de colocarlas en lugar decente como se refiere en sus Vidas, lo cual sucedió, como advirtió doctamente el M. Flórez, en tiempo de la gentilidad, no como dice el rezo actual muchos siglos después, en que las montañas de la Cantabria pertenecían a otro Diocesano. Pues todo este territorio quedó mucho más asegurado al Obispado de León después de la división de Constantino: porque no solo la misma ciudad de León quedó dentro de la Provincia de Galicia, sino también la región de los Cántabros a donde llegaba su jurisdicción Eclesiástica.

Porque no hay otra Diócesis a que se pueda atribuir el territorio de la Cantabria sin hacer un trastorno en las Provincias y perjudicar los derechos de aquella a quien tocaba como porción legitima. Porque la Diócesis de Palencia era de la Provincia Cartaginense, la de Calahorra de la Tarraconense, la de Auca (Villafranca Montes de Oca, Burgos), además de ser también de Tarragona, tiene contra sí el testimonio de los Padres de la misma Provincia en la carta que escribieron contra Silvano Obispo de Calahorra, de cuyo Obispado dicen que era el último de la Tarraconense, lo cual no sería verdad, si la Cantabria perteneciera a la Diócesis de Auca, estando aquella región más al poniente respecto de todo el territorio del Obispado de Calahorra. Así que debe tenerse por cierto, que la Cantabria, que antes de la división de Constantino, tocaba a la jurisdicción de la Diócesis Legionense, quedó adjudicada a la misma con mayor firmeza, desde que se hizo parte de la Provincia de Galicia con el nuevo establecimiento de las cosas del Imperio”.

Texto de “España Sagrada”, Enrique Flórez y Manuel Risco, 1799.

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Castro Siero. Foto de Abrigaño del Cañón.

 

¿Y QUÉ HAY SOBRE LOS AUTRIGONES?

Todo parece indicar que los cántabros formaron parte de la Gallaecia mientras que el resto de pueblos norteños del convento cluniense (autrigones, caristios y várdulos) no.

Así lo expresa el obispo de Rávena Jordanes (s. VI dC) en su obra De Getarum sive gothorum (XLIV), cuando pone como límite oriental de Gallaecia a los autrigones: “quibus antea Gallicia et Lysitania sedes fuere, quae in dextro latere Spaniae per ripani Oceani porriguntur, habentes ab oriente Austrogonia”.

En la segunda mitad del siglo V, la correspondencia epistolar entre el obispo metropolitano Ascanio de Tarragona y el papa Hilario nos muestra otro argumento en este sentido. Ascanio describe la sede calagurritana como “in ultima parte nostrae provinciae constitutus”, frase que da a entender que el de Calahorra es el obispado más al oeste de la provincia Tarraconense. Por aquel entonces el obispado “autrigón” de Oca, en La Bureba, aún no existía y de hecho se especula con que el nombramiento unilateral de un obispo en Oca por parte del obispo de Calahorra Silvano fuese el desencadenante de esta conocida crisis eclesiástica.

Esta delimitación de Jordanes entre autrigones y cántabros como pertenecientes a diferentes supraentidades es la primera mención que conocemos al respecto y supone un interesante precedente de divisiones posteriores.

¿El RESTO DEL CONVENTO CLUNIENSE ERA GALLAECIA?

El ámbito geográfico que genera más dudas entre los investigadores al respecto es el resto del convento cluniense (vacceos, turmogos, etc.).

Orosio, hablando de los límites de la provincia de Gallaecia (VII, 5,7): dice: “Numantia autem Citerioris Hispaniae, haud procul a Vacceis et Cantabris in capite Gallaecia sita, ultima Celtiberorum fuit”. Lo que traducido viene a decir: Numancia, pues, situada en el principio de la Gallaecia, no lejos de los Vaceos y Cantabros, de la Hispania Citerior, fue la última [ciudad] de los Celtiberos. El señalar a Numancia como límite oriental de la provincia galaica ha llevado a algunos investigadores a concluir que los pueblos al occidente de Numancia debían pertenecer a la Gallaecia.

Hidacio (400-469), al relatar la vuelta de Teodorico II a la Galia a mediados del siglo V, dice (Cronicón, 174) que dirigió parte de sus tropas “ad campos Gallaeciae”, lo que por el contexto (las dos ciudades atacadas son Astorga y Palencia) puede entenderse como la actual tierra de Campos.

El mismo Hidacio, al darnos el lugar de origen del emperador Teodosio alarga los límites de la Gallaecia hasta Coca (Segovia), en la provincia Cartaginense, hecho que también refleja Zósimo (460-520) en su Nueva Historia, aunque esta extensión hasta Segovia ha sido puesta en tela de juicio por varios autores, optando por ubicaciones alternativas como Hispalis (Canto, 2006) o incluso Coca, cerca de Oporto.

EN RESUMEN

Con el análisis de estos datos, los límites de la Gallaecia serían bastante más amplios que los que suelen adscribirse.

La provincia galaica que nace de las reformas de Diocleciano (298) no sólo incluyó los antiguos conventus de Braga, Lugo y Astorga sino también el de Clunia, o al menos parte de él.

Cantabria fue la región del convento cluniense con una mayor probabilidad de haber pertenecido a Gallaecia. De hecho, perteneció casi tanto tiempo a esta provincia (98 años) como Asturia (113 años) o como la propia provincia romana.

Es casi seguro que la Gallaecia no incluyó en ningún momento de su historia a otros pueblos del convento cluniense como autrigones, caristios, várdulos. Y existen serias dudas de que incluyese a los vacceos y otros pueblos de la meseta del Duero.

En el 409 llegan los suevos y los vándalos asdingos a Gallaecia estableciendo los primeros el primer reino europeo (411-585), asentado fundamentalmente en la mayor parte de la antigua provincia de Gallaecia excepto Cantabria. Nuestra zona entró en una fase de progresivo autogobierno y vuelta a modos de vida prerromanos hasta la toma de Amaya por Leovigildo en el 574. En el convulso siglo V, las provincias romanas dejaron de existir como tales a nivel político aunque conservaron su esquema general e influencia a nivel eclesiástico. Aún en el 572 el rey suevo Miro atacó la costa cántabra en un intento, según algunos autores (García y Fernández, 1998), de completar la Gallaecia creada por Diocleciano.

 

 

San Emeterio y Celedonio, patronos de Taranco de Mena, Santander y Calahorra

San Emeterio y San Celedonio fueron dos hermanos que formaron parte de las legiones romanas. Cuando confesaron su fe fueron encarcelados, torturados y finalmente decapitados en Calahorra en el año 299. La leyenda cuenta que sus cabezas llegaron a Santander (Sancti Emetherii) a bordo de un barco que atravesó la roca conocida como la Horadada y encalló en la costa. Las reliquias debieron ser trasladadas a la capital cántabra en el siglo VIII, durante el proceso de repliegue hacia las montañas del Norte de los cristianos del valle del Ebro ante la invasión musulmana de la Península Ibérica.

La devoción por estos dos santos está ampliamente extendida por otros sitios de Cantabria (Noja, San Pedro del Romeral), Asturias, el País Vasco y Navarra. Pero las más tempranas advocaciones las encontramos en el Valle de Mena y en Santander. Dicen las crónicas que en el 791 Alfonso II el Casto de Asturias funda un monasterio en Santander bajo la advocación de estos dos santos. Otra cita incluida en el testamento de Ordoño I de Asturias, del año 857, consigna la existencia de una decanía de la iglesia de Santa María de Latas denominada Sancto Emeterio de Transacuas.

En torno a las mismas fechas (año 800) aparecen en un documento notarial del Monasterio de San Millán de la Cogolla, por el que el abad Vítulo y su pariente el presbítero Ervigio fundan con su patrimonio la iglesia de San Emeterio y San Celedonio en Taranco de Mena. En el documento se señala además que en el territorio reinaba Alfonso II de Asturias. Curiosamente, Taranco de Mena está ubicado a medio camino de la ruta que partiendo de Calahorra llega a Santander por tierra.

Para comprender mejor la relación e importancia de estas dos menciones hay que tener en cuenta las dos grandes fuerzas que actuaban en estos siglos en la zona: la monarquía astur y la Iglesia.

En la época de la que estamos hablando, toda la zona pertenecía al reino asturiano, sucesor directo de la provincia visigoda o Ducado de Cantabria. Las relaciones entre el reino asturiano de Oviedo y la zona antaño perteneciente al Ducado de Cantabria fueron fluidas y constantes durante toda la vigencia del reino. Por ejemplo, Alfonso I de Asturias (739-757), tercer rey asturiano, era hijo del duque Pedro de Cantabria. Su hijo Fruela I de Asturias (757-768), nieto por tanto de Don Pedro, contrajo matrimonio con Muña, hija de Fruela de Cantabria. Alfonso II (791-842), hijo de Fruela I, se refugia en Alava entre sus parientes maternos cuando Mauregato le depone como rey. Su primo Ramiro I (842-850), bisnieto de Pedro de Cantabria, contrajo matrimonio en las Bardulias con doña Paterna (Trespaderne, Area Patriniani). Y el hijo de Ramiro, Ordoño I (850-866) también buscó esposa en la zona oriental del reino.

Por otro lado, la Diócesis de Calahorra ejerció desde sus inicios (s.III) un papel esencial en la cristianización de toda la parte oriental del futuro reino. Subiendo el Ebro desde Calahorra solo existía la sede de Oca, en La Bureba, de menor entidad y vinculada a la sede calagurritana desde sus inicios, como muestra el cisma independentista que planteó el obispo Silvano de Calahorra contra la todopoderosa sede episcopal tarraconense en el 463. Por el sur y el oeste, solo la Diócesis de León y la de Astorga conseguían rivalizar con Calahorra en fuerza evangelizadora. Parece que la zona mantuvo su independencia de los visigodos hasta los tiempos de Leovigildo, que conquistó Cantabria en el año 574. Así se explica la ausencia de obispos de las sedes de Calahorra y Tarazona a los concilios tarraconenses de principios del siglo VI y la aparición, por primera vez en algo más de cien años, de un obispo calagurritano en el Concilio III de Toledo del año 589, poco tiempo después de que la zona fuese reconquistada para el poder visigodo. Esta vinculación eclesial inicial de buena parte de Cantabria con la zona riojana del Ebro puede constatarse no solo por la famosa visita a los cántabros que hace San Millán en el 573, sino también observando que el territorio de la propia diócesis de Calahorra en aquella época está desplazado claramente hacia el oeste de la sede y que además Oca basculaba claramente hacia Calahorra.

Gran parte de los territorios de esta diócesis formaron parte del Ducado de Cantabria y posteriormente del Reino de Asturias desde los tiempos de Alfonso I, contribuyendo a estrechar los vínculos entre Calahorra y Cantabria.

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Area Patriniani

Delimitación aproximada del territorio histórico de Area Patriniani (siglo IX), comprendido básicamente entre la supuesta “ciudad” del mismo nombre (ubicada por algunos entre Agüera y Nocedo, cerca de Espinosa de los Monteros y por otros en San Martín de Losa, [Pérez de Urbel, 1945; Cadiñanos-López Quintana, 2002]) y Trespaderne o “Tras Paterne”.

Este territorio de Area Patriniani sería equivalente al de Bardulias y al de la más primitiva Castilla (Fiscer, 2012) y estaría controlado militarmente desde la fortaleza antaño visigoda de Tedeja (Trespaderne) y su satélite de Herrán (Valle de Tobalina).

En cualquier caso, puede observarse que este territorio no abarcaba toda la comarca y extensas zonas de Merindades quedaban fuera del mismo.

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Imagen de El Correo Mayor de Castilla.

Etimología y evidencias toponímicas de Amaya

 

Tablilla del “Itinerario de Barro” en la que aparece por primera vez el topónimo Amaya, s.III dC. Museo Arqueológico de Oviedo. Foto de Francis Suárez.

 

ETIMOLOGÍA

Sobre el posible significado de la palabra AMAYA existe bastante información disponible tanto en trabajos académicos como en determinadas páginas de internet. Por ello en esta nueva entrada de nuestro blog pretendemos más bien aportar nuevos conocimientos y tratar de condensar el estado de la cuestión hasta el momento. Se han propuesto dos hipótesis etimológicas básicas sobre este vocablo:

La primera afirma que procede del indoeuropeo am(m)a, am, a su vez con dos significados: el más extendido es el que lo vincula con el significado actual de MAMÁ, en lenguaje infantil y familiar (no con el de madre, cuya raíz indoeuropea es diferente). Pokorny (1959) menciona vocablos con similar significado y contexto en idiomas tan dispares como el albanés, griego, islandés, alemán, osco e hindi. Según cada idioma equivaldría a MADRE, TÍA, ABUELA, NODRIZA, ENFERMERA. Con la connotación afectiva de ama como mamá se relacionarían las palabras latinas amicus (amigo), amita (tía) y amare (amar). Corominas (1961) tiene a ama como nodriza o dueña de casa… procedente del hispanolatino Amma “nodriza” que debió significar primeramente “madre que amamanta” y que se ha mantenido especialmente en el ámbito lingüístico español y portugués. Amma, según San Isidoro de Sevilla (Etimologías 12 7.42) sería un nombre dado por el vulgo al murciélago, porque según una leyenda popular, mencionada por Ovidio (Fasti 6 128) y Plinio (11 39), ofrece leche a los recién nacidos, lo que lleva a Isidoro a poner en relación amma con amare. En las lagunas de Villafáfila (Zamora) se ha encontrado una curiosa estela que dice: Amma Nova, con su igual (pareja, marido), alimentó con leche a dos señoras(amas) al mismo tiempo. Puso este epitafio. Yacen aquí. La tierra las sea leve. La dedicante porta el conocido cognomen indígena Amma, bien documentado en la zona antes señalada en las formas derivadas de Amma, Ammia  y otras, y que aquí debe interpretarse como nodriza. En conjunto, parece derivarse de una forma del balbuceo infantil presente en muchos idiomas del tronco indoeuropeo para designar a una madre o cuidadora de forma cariñosa y afectiva.

Según una segunda acepción indoeuropea, también podría hacer referencia a CAUCE, LECHO DE UN RÍO. Con esta raíz hidronímica se han propuesto etimologías para zonas como el valle de Amaía, cerca de Santiago, Galicia (Bascuas 2002).

Una segunda hipótesis etimológica postula que estamos ante un vocablo preindoeuropeo (muchos dicen simplemente “vasco”, pero cuidado con simplificar en exceso: véase nuesta entrada). Se basa en la homofonía con la palabra del dialecto vizcaíno amai, que significa CONFÍN, TÉRMINO + el sufijo -a “el, la, lo”, justificando así el hecho de estar aquélla en los confines de la Cantabria.

Esta teoría tiene ciertos elementos a su favor. No solo por el hecho de que, en efecto, Amaya fuese el límite de los cántabros con los vacceos y turmogos en época prerromana y con los visigodos en tiempos del Ducado, sino también porque el Castillo de Maya, en el Baztán navarro (llamado en euskera Amaiurko gaztelua) fue el último bastión de la independencia navarra frente al asedio castellano en 1522. Estamos ante un curioso paralelismo histórico y homofónico, con 800 años de diferencia entre uno y otro, pero sugerente en cualquier caso.

EVIDENCIAS TOPONÍMICAS

Algunos filólogos se han percatado de que esta palabra y sus derivados aparecen con relativa frecuencia en documentos e inscripciones de época romana en toda una amplia zona de Hispania centrada en el Noroeste ibérico y alejada de la zona vasca. Los antropónimos Ammaia, Ammaea, registrados en inscripciones de Lisboa y Arroyo del Puerco (Huelva), son algunos de los más claros. Am(m)aia era cabeza de los Amaeos, gentilidad indígena de Galicia, perteneciente a la tribu de los Caporos. Contienen el nombre Ammeius, documentado también en un epígrafe de Bingen (Alemania). Estrabón cita una Aimaía en la zona de Limia (Orense). Por su parte, los Amaci o Ámacos eran gentes astures. Otros nombres personales, formas variantes y derivadas de este radical, son:  Ammus , Amma, Ammina, Amminus, antropónimos celtas y celtibéricos; este último, documentado en Badajoz, lo llevó también un jefe británico. Su base es Ammus, Am(m)ius / Amia, nombres personales atestiguados en distintas regiones célticas. Ammo-n aparece en epígrafes de Coruña del Conde (Burgos), La Foux (Galia), Heidelsburg (Alemania), etc. Am(m)onĭācus, Amonius, Amonus, Ammonika, Amona (Extremadura, Toledo y Galia). El gentilicio Amminicum se documenta en Uxama (Osma) y Ammira / Amira en Salamanca y Alcántara. En la Lusitania prerromana se conocen varias estelas con las menciones a A(m)maia y Am/maia (Cáceres), Amainio (Zamora), Ama[inio y Amaius (Castelo Branco, Portugal)  y Am(m)/ai(en)ci(s) y Ammai/[e(n)]si (Portalegre, Portugal). También cerca de Portalegre se localiza la villa romana identificada como Ammaia.

Además, existe el dato objetivo de que en el preindoeuropeo hispano parece que no contaban con el sonido m, ni el protovasco ni ninguna otra lengua. La forma que tenían de solucionar este sonido era la combinación sonora -nb-. Y hay muchas evidencias al respecto (aparte de la conocida derivación del protovasco *[h]anbar en el actual hamar, “diez”). Se sabe por ejemplo que el nombre de la ciudad alemana Emmerich, cerca de la actual Düsseldorf, procede de un antiguo *Ammeriacum, y éste a su vez de la forma documentada Ambariacum, lo que la aproximaría a otros nombres con radical amb-, como el antropónimo enormemente común en ciertas zonas de Hispania de Ambatus, presente incluso hasta la llegada de los romanos.

ambatus

Mapa publicado originalmente por Joseba Abaitua.

CONCLUSIÓN

Amaya parece ser una palabra incrustada en lo más profundo del acervo lingüístico de Las Loras. Lo más probable es que se trate o bien de un topónimo indoeuropeo, con el significado de la CIUDAD MADRE o bien preindoeuropeo, traducible como la CIUDAD LIMÍTROFE. En cualquier caso, estamos ante un topónimo y antropónimo ampliamente difundido por todo el noroeste peninsular, más común hacia el oeste que hacia el este de Peña Amaya. Pertenece al ámbito lingüístico prerromano de la Hispania occidental y fue recibido en el latín de la zona y pervivido en él hasta sobrevivir en los romances que lo continúan desde entonces (de Hoz, 2010).

Señalar por lo tanto que de ningún modo estamos ante un topónimo vascuence, ni mucho menos debemos deducir que el vasco llegó a hablarse en algún momento pasado en este sitio de Las Loras, sea por semejanza con el antropónimo Amaya (inventado por Navarro Villoslada en 1879) o por cualquier otro motivo con parecido fundamento. El hecho de que solo a nuestra Peña Amaya se le vean paralelismos etimológicos vascos por parte de algunos (véase también otros topónimos cercanos como Úrbel, Muga o las propias Loras) y no se busquen estos mismos paralelismos en otros topónimos y antropónimos gallegos, leoneses, portugueses o extremeños está indicando claramente que estamos ante una mera cuestión de interés geopolítico y/o miopía intelectual.

BIBLIOGRAFÍA:

Albertos, Mª.L. (1966). La Onomástica Personal Primitiva de Hispania. Tarraconense y Bética, C.S.I.C., Salamanca.

Celtiberia.net http://www.celtiberia.net/es/conocimientos/?idp=644

De Hoz, J. (2010). Historia Lingüística de la Península Ibérica en la Antigüedad.

Galmés, A. (2000). Los Topónimos: Sus Blasones y Trofeos (La Toponimia Mítica).

Hernández, L. y Jiménez, A. (2007). Novedades epigráficas de la provincia de Zamora, Acta XII Congressus Internationalis Epigraphiae Graecae et Latinae (Barcelonae, 3-8 Septembris 2002), eds. M. Mayer – G. Baratta – A Guzmán, Barcelona, pp. 723-725 y 727,

Hernández R. y Siles, J, (2012). Nueva lectura e interpretación de una inscripción latina de Villalpando (Zamora). Studia Philologica Valentina, 14, 89-97.

Hispania epigraphica.

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