Ojo Guareña: La Cueva como gran Diosa Madre

Uno de los primeros lugares de culto cuando en el ser humano se despertó un sentido transcedental de la vida fueron las cuevas. En prácticamente los cinco continentes se han encontrado cuevas con testimonios, fueran pinturas, grabados, ofrendas, o restos humanos que nos indican que aquellos lugares eran considerados sagrados, y que en ellos existía una fuerza telúrica, posiblemente relacionada con la Madre Naturaleza, que los convertía en lugar idóneo para ponerse en contacto con las divinidades, los antepasados, o enterrar a sus difuntos para que de esta manera volvieran más rápido al lecho primigenio del que provenían.

La cueva es ese gran orificio oscuro que guarda en su interior los secretos de la vida y la muerte, es el lugar que simboliza el útero, por dónde vienen al mundo los seres humanos, pero también divinos. Este culto por la cueva hizo que en muchas religiones, situados ya en épocas históricas, se creyera que, sus fundadores habían visto la primera luz en uno de estos lugares. Siendo un símbolo de fecundidad, un gran útero, no es extraño que se escogiera como lugar donde la Gran Madre por antonomasia para los cristianos, la Virgen María, diera a luz al Dios hecho Hombre.

De esta manera, diversas cuevas que sirvieron de lugares de culto en tiempos paganos fueron adaptados como enclaves religiosos y sagrados por la nueva religión, adoptándose como lugares de culto y peregrinación cristiana y también como espacios dónde poder alcanzar estados de gracia que los acercasen a Dios como hizo el eremitismo en los primeros siglos de nuestra era.

La relación cueva = útero materno = Gran Diosa Madre = Virgen María, así como la continuidad religiosa de la cueva como lugar sagrado aparece de manera clara en el complejo de cuevas de Ojo Guareña, Merindad de Sotoscueva.

En las fotos: Representación del sol (la luz, Dios) en la parte central del techo (en el cielo) de la ermita rupestre situada a la entrada de Ojo Guareña. Representación de Dios en el vientre de la Virgen María según diversos beatos románicos de la península ibérica.

1398787_757392024391494_1062530518876389508_o

 

261963_757403274390369_253021733770847433_n

 

Anuncios

Mantequilla pasiega

Los quesos y la mantequilla pasiegos fueron productos que gozaron de gran prestigio en toda España desde tiempos inmemoriales por su sabor y alto contenido en principios grasos. Su fama se documenta al menos desde el siglo XVI, presentándose algunos de sus productores como proveedores de la Casa Real.

En esta zona pasiega (Espinosa de los Monteros, Tres Villas y zonas aledañas), el mocizu (leche entera) se ponía a natar en ollas de barro que tenían en su parte inferior un orificio tapado con una espita. Después de permanecer las ollas en el nataderu durante un tiempo, bastaba abrir la espita para que saliese el mozaizu (la leche desnatada) quedando dentro del recipiente la nata.

Una vez preparada la nata se procedía a su batido mediante un instrumento adecuado (un odre de piel de cabra) y se zurría (golpeaba) contra la rodilla y el muslo hasta que se hacían los granos de mantequilla. Durante la operación se separaban los trebejos o maceaos (suero de la leche), quedando la mantequilla destrebejada. Este batido era una operación realizada por las mujeres de la familia.

A continuación se amasaba la mantequilla vertiéndola en un plato de loza donde se golpeaba, amasaba y comprimía. Luego se hacía un rollo dándole la forma de pan. Finalmente se la adornaba con unos dibujos característicos hechos con cucharas preparadas para este fin, obteniéndose la forma tradicional de la mantequilla pasiega que era con la que se presentaba al mercado.

Texto de José Eloy Gómez. Foto de La Jarradilla.

12654572_773361879461175_4186411923405030427_n

Cueva Piscarciano: Etimología

Hoz de Arreba, Valle de Valdebezana.

Es una leyenda comúnmente extendida suponer que el nombre de Piscarciano procede de un bandolero que a principios del siglo XX (algunos dicen que en época napoleónica) vivía en la zona de Arreba cometiendo sus tropelías y utilizando esta cueva para esconderse de la justicia. Así lo mencionan todos los grupos espeleológicos que han explorado el sistema de cuevas que conforman el conjunto Piscarciano, Vacas y Arenas, uno de los más importantes de la comarca, con unos 14 km explorados. Sin embargo, la falta de pruebas documentales mínimas nos hace sospechar que estamos exclusivamente en el terreno de la leyenda.

Vamos a ver cómo este nombre puede tener raíces más profundas.

Un posible origen etimológico puede estar relacionado con PRISCILIANO, obispo del siglo IV de la Gallaecia romana (Avila, Palencia, Galicia) que fue el primer sentenciado a muerte por hereje de la iglesia católica. El priscilianismo se basada en los ideales de austeridad y pobreza. Además de instar a la Iglesia a abandonar la opulencia y las riquezas para volver a unirse con los pobres, el priscilianismo como hecho destacado en el terreno social condenaba la esclavitud y concedía una gran libertad e importancia a la mujer, abriendo las puertas de los templos a las féminas como participantes activas. El priscilianismo recomendó la abstinencia de alcohol y el celibato, pero no prohibió el matrimonio de monjes ni clérigos, y utilizó el baile como parte de la liturgia. Ideas demasiado renovadoras para la época. Muchos de sus seguidores se retiraron a cuevas y eremitorios a practicar sus ideales cristianos y es posible que algún priscilianista habitase en su día en esta cavidad.

Sin embargo consideramos que el verdadero origen del nombre hay que buscarlo en base a las semejanzas de todo tipo con un paraje en cierto modo similar denominado Desfiladero de PISCÁRDANOS, situado entre los castros cántabros de Peña Amaya y la Ulaña, y que salva el recorrido entre el valle de Humada y el pueblo de Congosto. El origen de este llamativo nombre parece provenir del topónimo prerromano “pis” con el significado de río y “car” roca, con lo que sería “río de rocas” o “río entre rocas”. Otros hidrónimos como Las Pisas (cercano a la cueva), Pisueña en Cantabria o Pisuerga en Palencia tendrían el mismo significado inicial. En el análisis etimológico que hacen Villar y Prósper (2005) del hidrónimo “Río Pisuerga”, llegan a identificar hasta cuatro estratos lingüísticos diferentes, cada uno más antiguo que el anterior: 1. Castellano “río”, 2. Prerromano celta “-ga” (“-ka”, Pisoraca), 3. Prerromano indoeuropeo precelta “ura”/”ora” (río) y 4. Prerromano indoeuropeo primigenio “pisa“ (río).

Volviendo a nuestro Piscarciano, el parecido sonoro de las dos palabras (Piscarciano y Piscárdanos), la pertinencia del significado de ambas, así como la cercanía geográfica y cultural con el desfiladero mencionado, hace que esta hipótesis de PISCARCIANO = RIO DE LAS ROCAS sea a nuestro juicio la más plausible. Durante el período estival (junio–septiembre), la cueva permanece semiseca, con volúmenes de agua cuantitativamente poco considerables y muy localizados. Sin embargo en las estaciones húmedas, buena parte de la red se inunda, sifonándose las galerías situadas a cotas más bajas. En períodos de especial intensidad de lluvias la cavidad funciona como una activa surgencia, llegando a inundar plenamente la gran dolina que forma la Hoya de Piscarciano.

De forma interesante y sin relación con lo anteriormente dicho, Murga (1984) denomina a la cueva de Piscarciano como PISCÁRSIANO.

 

11138507_772953292835367_7315340434883148510_n12631522_772953352835361_9213512084406977627_n

Vijaneras, zamarrones, cachiporros y chamorros.

El carnaval o ANTRUEJO debió celebrarse en nuestra zona de forma similar a muchos otros sitios del ámbito indoeuropeo ibérico más ancestral. Sin embargo, pocas noticias existen al respecto. Las únicas referencias escritas que hemos encontrado están contenidas en la obra del gran Manuel Guerra, de Villamartín de Sotoscueva, que en su obra “Constantes Religiosas Europeas y Sotoscuevenses” (1973) expone lo siguiente:

“Orígen telúrico, en relación con la fecundidad y con la fertilidad, pueden tener las mascaradas que, hasta no hace muchos años, celebraban los mozos en Sotoscueva así como en otras zonas; acontecían siempre al final de enero y durante el mes de febrero coincidentes con las fiestas de San Sebastián, Santa Agueda, días de Carnaval, o sea en el tiempo preparatorio de la irrupción primaveral. En estas mascaradas se solían disfrazar de TOROS, si bien de este disfraz en los últimos tiempos sólo quedan los CENCERROS, conservados aún por el director (totalmente disfrazado) de los danzantes en las fiestas patronales de Las Machorras (pasiegos) y por el CACHUZO director de los CACHIPORROS (Robledo de las Pueblas), de los CHAMORROS (Cidad de Valdeporres) danzantes disfrazados de varias formas con ocasión del solsticio invernal. Estas mascaradas terminaban siempre con abundancia de vino, cena y jolgorio nocturno.”

En dos localidades pegadas al embalse del Ebro, Los Carabeos (Valdeprado del Rio) y Lanchares (Campoo de Yuso), los más viejos del lugar aún recuerdan de la existencia de una tradición carnavalesca denominada ZAMARRONES y que se está intentando mantener y potenciar en los últimos años.

12523167_769758689821494_1938818732454391011_n

Zamarrón del antruido de Riaño, León.

 

VIJANERAS EN MERINDADES

La Vijanera de Silió es una mascarada de invierno que se desarrolla en esta localidad de Cantabria el primer domingo de cada año. Consiste en un mascarada colorista en la que participan alrededor de 75 personajes diferentes encarnados por más de 100 vecinos, todos varones. Pero los verdaderos protagonistas de la fiesta son los ZARRAMACOS debido a la importancia de su papel. Estos últimos son personas vestidas con pieles de oveja y sombreros picudos además de llevar la cara pintada de negro que van ahuyentando los malos espíritus del año que comienza haciendo sonar los varios campanos que llevan atados al cuerpo. Su misión es la de expulsar a dichos espíritus del pueblo llegando hasta los límites del mismo. Originalmente, la Vijanera se festejaba en una zona mucho más extensa que la actual. La Asociación Cultural Amigos de la Vijanera documenta Vijaneras en Silió (el festival original desapareció en 1935), en Las Coteras, Santa Olalla (celebrada hasta 1935), Cieza (1954), Anievas (1938), Bostronizo (1935) y Fraguas (1918). También documentan en Toranzo, perteneciente al valle vecino del Pas y que fue además donde sobrevivió hasta más tarde, 1957. Además, existieron Vijaneras por Trasmiera, Campoo y Polaciones.

Estos días y gracias al Facebook hemos conocido que EN LAS MERINDADES TAMBIÉN EXISTIERON VIJANERAS, denominadas desde siempre con este nombre. Concretamente, en Bricia, Zamanzas, Manzanedo y Valdebezana. Esta es la descripción que nos proporciona Belén García, de Arreba, Valle de Manzanedo:

“Iban con pieles y cencerros en la cintura y el cuello. Algunos llevaban en la cabeza cuernos y otros sombreros. La cara tiznada de negro. Los Vijaneros tocaban el cuerno y asustaban a los niños. Pasaban de casa en casa pidiendo. Luego se juntaban en la cantina y cenaban allí. A la gente que estaba en la calle la seguían tocando el cuerno, especialmente a los niños. Si había nieve los empujaban y tiraban fuera de las sendas. Los padres llamaban a los niños tanto en la calle como en las casas para que se aproximasen, y cuando estaban al lado de los Vijaneros estos tocaban el cuerno y corrían detrás de los niños. Los Vijaneros eran los mozos solteros, igual que en las Marzas.”

Los valles de Valdebezana, Zamanzas y Alfoz de Bricia además de la parte de Manzanedo correspondiente al antiguo valle de Hoz de Arreba estuvieron muy ligados a Toranzo en el pasado (de hecho, antes de pertenecer al partido judicial de Sedano, pertenecieron al de Ontaneda), así como a la primera provincia de Santander y al partido de Laredo.

12513776_771558216308208_2974278569134698219_o12604861_771558329641530_5935965849089189428_o12622252_771558662974830_567640253033518051_o

Por último, reseñar que en Merindades tenemos además otros personajes y festividades de este tipo, como EL BOBO de la romería de la Virgen de Las Nieves de Las Machorras y EL JUDAS del Domingo de Resurrección en Trespaderne.

 

Parada y fonda en Las Merindades romanas

En el período romano, una “mansio” (que significa “lugar donde pasar la noche durante un viaje”) era una parada oficial en una calzada romana, mantenida por el gobierno central para el uso de oficiales y hombres de negocios a lo largo de sus viajes por el imperio. A lo largo del tiempo fueron adaptadas para acomodar a viajeros de toda condición, incluso al emperador.

La única mansio conocida en nuestra comarca es la de Casarejos, en San Martín, Valle de Losa. La zona de Losa fue, de todas las de nuestra comarca, la más romanizada, vinculada desde antiguo a Valdegovía y la Bureba. Subiendo el Omecillo a través de Valdegovía se llegaba a estas planicies aptas para el cultivo de cereal, con estratégicas explotaciones salinas (Rosío) y situadas a medio camino entre la colonia romana de Flaviobriga (Castro Urdiales) y el valle medio del Ebro.

Casarejos fue una villa tardorromana que debió tener vigencia hasta las primeras invasiones bárbaras del siglo V. Se han hallado restos de una sauna y del sistema de calefacción romana en alguna de las habitaciones. Se conservan mosaicos en varias de las estancias, destacando los motivos geométricos y vegetales. Todos ellos fueron arrancados y consolidados.

Hoy nos vamos a fijar en algunos de los restos encontrados, como estos cencerros de hace 1600 años o tres piezas de los ejes de una rueda de carro romano de transporte (parte inferior de la figura), de 6,5 cm de diámetro y que conservan en algún caso parte de la madera.

 

12604840_770637393066957_8403744563987709968_o

Villa romana de Los Casarejos

 

12417658_770637619733601_4392633599835544030_n

Algunos restos encontrados

 

12491989_770637503066946_4524996738369390233_o

Carro romano de transporte

 

Peña Amaya, Las Loras

Capital del ducado o “provincia militar” de Cantabria en época visigoda (581-714).

lar maisterra

Foto de Javier Maisterra

Las divisiones administrativas visigodas del reino se agrupaban en dos tipos (Torres López, 1980). Por un lado se encontraban las provincias del tipo “ducado”, coincidentes con las antiguas provincias romanas y a cuyo frente se colocaba a un dux (nombrado de entre los grandes magnates) que tenía atribuciones militares y de administración de justicia.

En general, se mantuvieron las provincias existentes en la época romana: Tarraconense, Cartaginense, Bética, Lusitania, y Gallaecia, a las que se añadió una provincia al sur de las Galias y en la zona norte de los Pirineos: Narbonense o Septimania. Los conflictos bélicos con los pueblos del norte debieron justificar una frontera militar alrededor de la cual surgiría una nueva provincia o territorio militar en Cantabria. Otras marcas fronterizas de este tipo debieron ser las de Aurariola, e Hispalis, limitando con los bizantinos establecidos en el sur de la península (García Antón, 1985). Los francos hicieron algo similar en su territorio, creando por ejemplo el ducado de Wasconia en Aquitania en el 602.

Por otro lado estaban las provincias del tipo “condados” procedentes de los territoria o terrenos circundantes a las ciudades, que integraban varias fincas rústicas que con el tiempo se independizan de las mismas y a cuyo frente estaba un ‘comes territorii’ o ‘comes civitatis’. Eran por tanto territorios integrados en las provincias-ducados, compuestos por latifundios de la Corona o los particulares.

 

12615369_769206919876671_2701392172856393927_o

Castro de Arnedo o Villamediana, Valle de Valdebezana

Dominando perfectamente la llanura de La Virga se yergue un espolón calcáreo conocido por el nombre de Pico Nava o Cuerno de Bezana y que fue aprovechado al menos desde la Edad de Hierro II para establecer allí un castro de pequeñas dimensiones (1,5 Ha.) relacionado con el carácter ganadero de estas gentes norteñas. Está rodeado de cantiles rocosos salvo en el sector suroriental que lo conecta con el resto del páramo y que se encuentra defendido por un lienzo de muralla de doble paramento de grandes sillares toscamente trabajados que engloban un núcleo relleno de cascajo. Se han recogido en superficie algunos fragmentos de cerámica nada significativos, elaborados a mano, de color negruzco y rojizo y con abundancia de desgrasantes micáceos. Según Bohigas (1978) y Peralta (2000), se trataría de un castro cántabro.

A escasos metros se ha instalado en 2006 un parque de aerogeneradores que es posible que haya destruido parte de los restos del yacimiento.

En la ladera SW se localizan algunas cuevas (“El Portalón”, “Cueva de los Moros”), con probable hábitat prehistórico, si bien los vestigios arqueológicos de superficie son inexistentes. Como en tantos otros sitios de la comarca, aparecen asociados a este enclave “los moros” y “las moras”, seres mitológicos ancestrales de Las Merindades y de todo el Noroeste Ibérico (nada que ver con los musulmanes). También se localizan en esta ladera los eremitorios rupestres de “Tía Isidora” y “Cueva Horno”, que resaltan la continuidad habitacional de esta peña y su papel destacado para los habitantes de los alrededores.

Tanto Arnedo como Villamediana pertenecían en la época del Becerro de las Behetrías (1352) al Alfoz de Hoz de Arreba, integrado en la Merindad de Castilla Vieja pero rodeados de territorio de Campoo por todos sus lados, formando uno de esos “límites antinaturales” de los que hablan los arqueólogos del paisaje y que a menudo resultan muy sugerentes para explicar determinados hechos pasados (¿un antiguo territorio castral diferenciado?). En 1930 la mayor parte del ayuntamiento de Hoz de Arreba se integró en el ayuntamiento de Valdebezana.

Fotos de Rueda la Bota.

12473874_767985276665502_4252486114123012502_o12508941_767990796664950_3880608884834274933_n10633414_767990906664939_8527678568526384517_o12473498_768013403329356_8947362839866439850_o