Nuestras palabras: Picacho

Significado: Estaca de madera que se clava en el suelo para atar una cuerda y amarrar a la vaca o la cabra.

Zona: Sotoscueva y pasieguería.

Fuente: www.sobrepenna.es/adobereader/sotoscueva_lenguaje1.pdf

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Casa pasiega de invierno

Se caracteriza por su forma alargada que la hace parecer más una nave ganadera que una casa para personas. Y es que se trata de una vivienda donde el protagonista principal es el ganado vacuno. El piso de abajo se destina exclusivamente a guardar al ganado. En el piso superior, mirando normalmente al este, se abre un balcón corrido que se utiliza como secadero. A continuación suele haber un par de habitaciones con ventanas al balcón, detrás la cocina con un lar hecho sobre el piso de madera y que es el único medio de calentar la casa junto con el calor que despiden los animales de debajo. Los dos tercios traseros del piso superior se destinan a pajar y granero.

Este tipo de casa (y en consecuencia, el estilo de vida pasiego) se extiende por una zona bastante más extensa de lo que tendemos a pensar habitualmente, llegando a cruzar hacia el sur la carretera entre Reinosa y Bilbao desde el Alto de la Varga en Sotoscueva hasta Bercedo en la Merindad de Montija.

Esta casa concreta está entre Espinosa de los Monteros y Loma de Montija.

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Nuestras palabras: Atrancos

Significado: Piedras pasaderas.

Lugar: Pasieguería

Fuente: Informantes de nuestra página de Facebook.

El más primitivo de los puentes, consistente en unas piedras altas para poder cruzar un río sin mojarse los pies. Un concepto relacionado es el de cepas, que son las bases de los arcos que sostienen un puente de mejor y más elaborada factura. Un pontón es aquel que tiene unas cepas de piedra y una base plana de troncos de madera (sustituidos en los últimos tiempos por vigas de cemento), como los que hay por la zona del Valle de Manzanedo (Cidad de Ebro y Tubilleja).

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Atrancos en el río Molinar, Tobera, Frías.

Santa Cruz de Andino: Una aldea castral

Santa Cruz de Andino es un pueblo situado en medio de la llanura cerealista del valle de Villarcayo-Medina pero situado en un altozano con grandes vistas hacia toda la mitad oeste de su campo de visión, desde Incinillas hasta Torme.

Nada más llegar al pueblo se “percibe” que este enclave puedo ser un antiguo castro. Y en efecto Martín Viso (2000) habla de que Santa Cruz de Andino constituye, junto con Villalba de Losa y Medina de Pomar, uno de los mejores ejemplos que tenemos en la comarca de ALDEA CASTRAL, es decir un castro que o bien mantuvo su función habitacional desde antiguo o bien fue simplemente reocupado y utilizado como aldea durante la formación de las mismas (siglos XI al XIII). Es posible incluso que mantuviese algún tipo de relevancia jerárquica respecto a pueblos cercanos y de nueva creación como Villanueva La Lastra.

En la imagen se observa lo que podrían ser restos de la muralla del castro a la entrada del pueblo (especialmente la parte del muro más a la derecha), reacondicionada como muro privado de una era. Se podría saber mucho más si se hiciesen prospecciones arqueológicas en el pueblo, pero parece que no interesan a nadie.

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La Cantabria Burgalesa: Citas históricas

La primera mención documental que conocemos de “La Cantabria Burgalesa” para el territorio de las Merindades y las Loras aparece en la “Guía Ilustrada de la Provincia de Burgos”, editada por la Diputación Provincial en 1930. Su autor es Luciano Huidobro (1874-1958), historiador y arqueólogo burgalés, académico de la Real Academia de la Historia, vicedirector de la Institución Fernán González, presidente de la Comisión Monumentos de Burgos y Cronista de la Provincia de Burgos, entre otros méritos.

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El autor, natural de Villadiego, siguió utilizando esta misma expresión conceptual durante toda su vida, como vemos en esta cita de 1954 (Contenido diverso. Boletín de la Institución Fernán González. 4º trim. 1954, Año 33, n. 129):

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Recientemente (2014), los hermanos Fernández Manjón, han  publicado una obra titulada Las Palabras y el Contexto. El Habla de las Loras de Burgos y su Entorno. En ella ofrecen una DEFINICIÓN de lo que es La Cantabria Burgalesa:

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Otro natural de nuestra zona (Tablada del Rudrón) es el profesor de historia Jacinto Campillo. Fue coautor de la conocida “Carta Arqueológica de los Partidos Judiciales de Villarcayo y Sedano”. En este pasaje de 1995 resume magistralmente toda la HISTORIA TARDORROMANA Y VISIGODA de la Cantabria Burgalesa, olvidada por muchos otros historiadores: 21586576_1134797903317569_8776870592391534916_o

Este párrafo aparece en “Las necrópolis medievales cristianas de La Honor de Sedano (Burgos)”. Kobie, 22. (Véase también Campillo, J. (1980).

 

 

 

Molinos en Merindades

En las Merindades existían dos tipos de molinos en función de su propiedad. Los más sencillos eran los comunales, pertenecientes a todos los vecinos del pueblo, y cuyo edificio consistía solo de una sala que cubría y protegía el mecanismo de moler. Otros molinos eran privados, albergando en un edificio anexo las dependencias del molinero, que cobraba la “maquila” (un determinado porcentaje de grano) por el derecho a usar su molino.

La sala de la molienda era el espacio más importante del edificio, ya que en ella tenía lugar la transformación y molduración del grano. En su interior se encuentran todos los instrumentos necesarios para moler el grano, por ejemplo, las piedras que se sitúan en una plataforma elevada a un metro de altura, protegida en ocasiones por el guardapolvo o tambor que las aísla del exterior (estructura poligonal o circular de madera). Las piedras son el elemento principal para moler el grano. Se componen de una piedra fija (solana) y otra móvil o volandera. Dependiendo del producto que se quiera producir se utiliza la piedra blanca, para el pan, o la piedra negra, para el pienso. En algunos casos están cinchadas por piezas metálicas, bien para evitar su rotura, bien para unir varias piezas. Su diámetro se cifra entre los 1,10 y 1,30 metros, con un peso alrededor de 800 a 1500 kilos. Para moler el grano tienen una serie de estrías conformando un dibujo en espiral, desviando la harina hacia el guardapolvo. Delante del guardapolvo se sitúa el cajón, arnal o harinero, realizado de madera y rectangular, donde cae la harina ya molida. También encontramos la cabria u horquilla, un mecanismo complementario que sirve para levantar las piedras y proceder a su rehabilitación. Está formada por dos vigas, una horizontal y otra vertical, con dos barras de hierro curvadas para enganchar las piedras. Esta sala cuenta asimismo con una escalera pequeña para acceder a la tolva (depósito de madera en forma de pirámide invertida) donde se vierte el grano.

En la imagen se pueden apreciar que este molino de El Ribero, Merindad de Montija, tenía cuatro muelas, una de ellas con guardapolvo. Además conserva la cabria y las tolvas, que como ya no se usan se han puesto boca abajo.

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Descripción de la sala de molienda de Aaron Blanco.

Intendencias en el ámbito cántabro (1749-1833)

El Intendente era en España un funcionario designado y dependiente del rey, que gozaba de amplios poderes y tenía como misión la recaudación de tributos y la dinamización económica, a través del control de las autoridades locales, el cuidado de las reales fábricas, el impulso del desarrollo de la agricultura y la ganadería, la realización de mapas y censos, el mantenimiento del urbanismo, etc. Esta figura poseía un sentido centralizador y absolutista, propio de las reformas de la administración introducidas por los Borbones.

Su establecimiento se remonta a la época de Felipe V (1700). Para afrontar la situación económica que experimentaba el Imperio español a inicios del siglo XVIII, el rey solicitó asesoría a Francia, a cuyo llamado acudió desde aquel país Juan Bautista Orry, quien finalmente recomendó, entre otras medidas, la aplicación del régimen de intendencias en España. Luego de algunos estudios, se decidió introducir el sistema, destinando a estos nuevos funcionarios en un primer momento a la administración financiera del ejército, debido a que el país se encontraba en el contexto de la Guerra de Sucesión Española. Los primeros intendentes se remontan a 1711. Primero se nombraron varios funcionarios con el cargo de superintendente general del ejército, para la sujección de los territorios conquistados tanto en lo que correspondía al ejército como a la hacienda y gasto público. Debido al éxito alcanzado, se consideró entonces otorgarles zonas territoriales, denominadas INTENDENCIAS.

En 1718, con la Ordenanza de Intendentes de ejército y provincia de 4 de julio de aquel año, se convierten en intendente de ejército y provincia, que en ocasiones actuaron sólo en el ámbito civil como intendente de provincia, otorgándoseles competencias en materia de justicia, hacienda, guerra y policía. Con posterioridad, se les fueron añadiendo facultades en el ámbito económico (agricultura, comercio, industria, transportes) y a veces acumulaban el cargo de corregidor en la ciudad capital de su provincia (intendente corregidor). En 1724 desapareció la función de intendente de ejército en las provincias sin tropa, quedando limitados a los que dependían de cada capitanía general, a excepción de Navarra.

En 1749, el rey Fernando VI reordenó el sistema con una intendencia por provincia, junto con el corregimiento de la capital (cargos que volvieron a separarse en 1766). Cada intendente sería auxiliado por un teniente letrado o alcalde mayor subordinados, o a veces dos, para el ejercicio de las funciones judiciales. El número y extensión de las provincias no fue estable, y se subdividieron en partidos.

Antes de esta etapa política existieron los CORREGIMIENTOS, un sistema de organización territorial propio de la Corona de Castilla durante el reinado de los Austrias y que en Las Merindades abarcó desde el 1560 hasta el 1749. El reino de Castilla llegó a estar dividido en 68 corregimientos que agrupaban a las poblaciones de realengo y a las de órdenes militares. Al frente de cada corregimiento el rey nombraba un corregidor que actuaba como delegado del rey con preeminencia sobre los regimientos de los consejos sobre los que se extendía sujurisdicción. Sus atribuciones eran muy amplias en el campo de lo judicial y de lo gubernativo, encargándose de controlar la actuación de los regidores por medio de la fiscalización de las haciendas locales y la calidad de los abastecimientos, el control de los abusos, la policía, etc. Asimismo, tenía funciones de carácter militar y de mantenimiento del orden público y de la moralidad.

Con la última reforma territorial del Nuevo Régimen que llevó a cabo Javier de Burgos en 1833, las intendencias se transformaron en las provincias que conocemos en la actualidad.

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