El Corregimiento de las Siete Merindades de Castilla integrado en el Bastón de Laredo, 1792.

El Corregimiento de las Siete Merindades de Castilla o de Villarcayo (Partido de Castilla Vieja en Laredo), integrado en el Bastón de Laredo (Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa), 1792.

Encyclopedia Metodica, Geografía Moderna. Juan Arribas y Julián de Velasco. Tomo II, pág. 533.

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Origen del nombre “Las Loras”

La comarca de Las Loras es un territorio situado en el Noroeste de la provincia de Burgos, justo al sur de Campoo (Cantabria), y que comparte numerosos elementos culturales con la zona cántabra. Fue parte nuclear de la Cantabria prerromana y del Ducado visigodo de Cantabria.

Se trata de un paisaje de altura (1000 metros de altitud), llano y sin apenas masas boscosas, pero del que sobresalen cada pocos kilómetros una serie de cerros calizos de cumbres planas llamados LORAS por la zona y que constituyeron en tiempos el lugar de asentamiento de algunos de los grandes castros cántabros de la Edad de Hierro.

Se han propuesto explicaciones de lo más peregrinas al respecto de este oro-topónimo, desde etimologías vascas a árabes. Sin embargo, la hipótesis más sólida parece ser la que identifica a este vocablo con el latín flos-floris (flor y, también desde época romana, AFLORAMIENTO rocoso o mineral de cualquier tipo). El cambio fonético «f→h» es uno los rasgos más generalizados y distintivos del cántabro y del castellano de entre todas las lenguas románicas (aunque también se da en el gascón). El fenómeno consiste en que, en ciertas condiciones fonológicas, la f- inicial latina se convirtió en una h- aspirada que luego desapareció en las variedades estándar del español. Menéndez Pidal situó la isoglosa primitiva entre la aspiración de /f/ y su conservación en las fuentes del río Sella. Esta ribera marca un límite antiquísimo y prácticamente estacionario: al Occidente los ástures, que pronunciaban /f/ latina; al Oriente los cántabros, que la aspiraban (farina harina; formiga hormiga). En el dialecto gascón del idioma occitano, el cambio f→h se generalizó en todas las posiciones; mientras que en castellano solamente ante vocales: fratre > hray ’hermano’, cast. fraile o fray; fructu > heruto, cast. fruto; flore > hlor, cast. flor; festa > hèsta, cast. fiesta. En cuanto al vasco, es posible que esta lengua careciese de /f/ en sus estadios más antiguos, pero la mayoría de los dialectos modernos cuentan con /f/ en el inventario fonológico, no sólo en los préstamos románicos sino en palabras de raíz prerromana. Parece que el fonema latino /f/ fue substituido por /p/ y más tarde se sonorizó.

El grupo consonántico inicial fl- presenta en castellano ciertas particularidades. De seis palabras latinas que sobrevivieron en
la lengua vernácula durante la alta Edad Media, cuatro lo han conservado: flaco<flaccum, fleco< floccum, flojo< fluxum, flor< florem. Sin embargo, en algunos casos se observa la pérdida de la f- inicial reduciéndose a /l/. Penny (1972) pone como ejemplo palabras como lacio (<flaccidum) y lambra (<flammula) y cree que habrían pasado por estadios con [hl] antes de perder definitivamente la f. Esta misma explicación sería plausible para una palabra como lora, partiendo del mismo origen que la palabra flor, pero siguiendo un camino evolutivo diferente.

En resumen, la hipótesis más plausible es que LORA proceda de la misma raíz latina que FLORA con el significado de afloramiento rocoso en la llanura (que es justo el significado actual de Lora), con pérdida de la F inicial por influencia arcaizante cántabra.

Foto de Valentín Martínez.

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Pilas bautismales con “dientes de lobo”

En el simbolismo tradicional, toda pila bautismal representa el Océano primordial. Las Aguas del Génesis sobre las que se cernía el Espíritu de Dios para obrar la creación. Y por referencia a esas aguas es por lo que el bautismo o la pila bautismal poseen el poder de obrar una regeneración, una re-creación.

El Valle de Valderredible concentra el mayor número de estas pilas románicas de toda Cantabria, con unos 20 ejemplos. No existe ninguna pila con iconografía bíblica, sino sólo con formas geométricas y excepcionalmente algún animal o vegetal. El motivo decorativo más repetido es el de los DIENTES DE LOBO, zig-zag o triángulos alternantes en relieve y rehundidos, en una sola banda entre sogueado (Revelillas) o entre “engranaje” (Salcedo), o en dos bandas también entre sogueados (Ruijas, Villaescusa de Ebro, Quintanilla de An, Santa María de Hito, Espinosa de Bricia).

Este motivo de triángulos o dientes de lobo, sierra o zig-zag, se ha interpretado casi siempre, y ya en lo prehistórico, como representación del agua, y es posible que haga referencia a la identificación de la pila con la Fuente de la Vida del Paraiso. Al sogueado también se le ha buscado significación. Igualmente ya utilizado en la Prehistoria, por lo que respecta a las pilas, se ha considerado como un vestigio de las más antiguas pilas de madera que llevaban haces de cuerda reforzando la pila, o una reminiscencia de la decoración neolítica que se hacía presionando cuerdas sobre el barro blando.

También tenemos ejemplos de este tipo de “decoración en dientes de lobo” en las pilas bautismales de las Merindades, como en los templos de Crespos (Valle de Manzanedo) y Lomas de Villamediana (Bricia) que mostramos aquí.

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Crespos, Valle de Manzanedo. Foto de Raúl Grande.

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Lomas de Villamediana, Bricia. Foto de Andrés Serna.

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Santa María de Hito, Valderredible. Foto de Chuchi el Pasiego.

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Villaescusa de Ebro, hoy en San Martín de Elines, Valderredible. Foto de Chuchi el Pasiego.

Cuevas de los Portugueses: Origen del nombre

Las Cuevas de los Portugueses son un conjunto de habitaciones rupestres excavadas en la roca de los cortados que flanquean el arroyo de las Torcas o de Tartalés (Trespaderne) justo antes de su desembocadura en el río Ebro y al lado de la N-629.

Se trata de una aldea rupestre o comunidad eremítica vinculada en origen a la fuerte presencia visigoda que hubo en toda la boca norte del desfiladero de la Horadada como consecuencia del control que necesitó ejercer el reino de Toledo sobre el territorio de las Bardulias (la llanada de Villarcayo-Medina), perteneciente al Ducado de Cantabria.

Hoy vamos a centrarnos en las raíces de este curioso nombre. Resulta común encontrarse con textos que lo vinculan a la reocupación que experimentaron estas grutas por trabajadores portugueses que trabajaron en el canal hidroeléctrico de Trespaderne. ¿Sin embargo, cuánto hay de verdad en esto? La verdad es que nada. Este canal discurre desde la presa de Cereceda en Valdivielso hasta una central eléctrica a la entrada de Trespaderne. Su construcción, al igual que la del embalse, no data de principios del siglo XX como se repite insistentemente sino de 1946 y al parecer, al igual que en el caso del Túnel de La Engaña, también fueron obligados a trabajar en esta obra represaliados franquistas. Pero ni rastro de portugueses.

Conchi Llanos, que nació y vivió junto a estas cuevas, lo explica muy bien: “Estas cuevas, mal llamadas de los Portugueses, verdaderamente deben ser prehistóricas, pero durante el período que duró la construcción hidroeléctrica del canal de Trespaderne no las ocuparon los portugueses, porque yo nací en la Venta de los Jerseys y mi padre tenía una noria con tracción hidráulica en La Torca, junto a dichas cuevas, y pudimos ver que quienes las ocupaban eventualmente eran los gitanos, o los muchos pobres y tullidos que quedaron después de la guerra, pero nunca hubo un asentamiento de Portugueses.”

Una segunda hipótesis, más verosímil, es que el nombre de Cueva de los Portugueses provenga de su reutilización como viviendas a principios del siglo XX por los trabajadores del ferrocarril Santander-Mediterráneo.

Las obras de este ferrocarril comenzaron en 1925 con una celeridad asombrosa. Hasta 5.000 personas trabajaron simultáneamente en los diferentes tramos de la vía. El tramo que nos ocupa, Peñahorada-Trespaderne, se puso en servicio el 5 de noviembre de 1929, tras unos dos años de obras y es de suponer que el tramo de la Horadada no les llevase más de un año. Había obreros de todas las partes de España (especialmente del Sur) y también está constatada la presencia de trabajadores portugueses, como se muestra en esta noticia del ABC del 1 de marzo de 1928: “Cerca de Torrepaja (Zaragoza), en las obras de construcción del ferrocarril Santander-Mediterráneo, un barreno, al estallar, alcanzó al súbdito portugués Modesto de Silva, matándolo.”

En la zona de la Horadada, el principal asentamiento de trabajadores estaba en Oña, donde aún pueden observarse numerosos edificios de aquella época. Además la vía férrea discurre al otro lado del Ebro desde Oña hasta casi la entrada en Trespaderne, por lo que alojarse en estas cuevas para trabajar al otro lado del río no resultaba muy lógico ni factible. Tal vez se alojasen aquí al trabajar en el siguiente tramo Trespaderne-Cidad. Tal vez no se sintieran especialmente cómodos en una tierra extraña y no les quedase más opción que residir en estas cuevas, que distan solo 2,5 km de Trespaderne, mientras duraron las obras… Demasiadas dudas aún.

Pero, sobre todo, queda la duda de qué nombre recibían las cuevas antes de esta breve ocupación temporal por parte de unos obreros portugueses. No hemos encontrado ninguna documentación al respecto. Es improbable que fuese algún santo, puesto que hubiese pervivido su nombre respecto al actual. Posiblemente fuese CUEVAS DE LA TORCA (como apunta Conchi Llanos en su testimonio) o CUEVAS DE ARROYO DE LAS TORCAS como la denominan ya en algunos sitios web. Imposible preguntar a los más mayores ya, por desgracia.

Foto de Iñaki Rojo.

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San Pedro de Tejada, Puentearenas, Merindad de Valdivielso (s.XII).

En el románico español, el arte erótico lo podemos encontrar en innumerables iglesias, aunque la mayor densidad de iconografía sexual se halla especialmente en el sur de Cantabria y norte de las provincias de Palencia y Burgos, siendo el epicentro de este tipo de escultura la célebre Colegiata de Cervatos, junto a Reinosa. En la actual Cantabria es en la cuenca del Besaya y en la comarca de Campoo donde más ejemplos encontramos: Cervatos, Bolmir, Yermo, etc. En Palencia se sitúan en la Montaña Palentina, con ejemplos como San Cebrián de Mudá o Revilla de Santullán. En Merindades, su máximo exponente es la ermita de Tejada.

El estilo de los talleres cántabros, cuyas primeras manifestaciones las encontramos en los inicios del siglo XII, arraigó profundamente en los valles de La Montaña durante toda la centuria. Así, pese a la evidente evolución formal sobre todo palpable en la segunda mitad del siglo, encontraremos ecos de este arte en monumentos como San Pedro de Tejada, Bercedo (Merindad de Montija) o los más tardíos de los Valles de Mena y Losa.

Se caracteriza, no sólo por el gusto por los temas procaces y las alusiones a la lujuria, sino también por un reducido repertorio decorativo caracterizado por leones afrontados superpuestos, águilas de alas explayadas, volutas entrelazadas y hojas lobuladas inscritas en tallos, amén de las conocidas arquerías ciegas animando los paramentos interiores de las cabeceras.

Texto de José Manuel Rodríguez – Fundación Santa María La Real. Foto de Juan A. Holgado.

San Pedro de Tejada

Principales modalidades de bolos en La Montaña

El juego de los bolos constituye uno de los deportes ancestrales del Norte Ibérico desde la noche de los tiempos. Se conocen diferentes formas de jugar a los bolos en casi todas la comunidades autónomas, aunque es en Cantabria, Asturias, País Vasco y el norte de Castilla y de León donde existen un mayor número de variantes y donde se practica con mayor frecuencia.

Os presentamos el primer mapa elaborado hasta la fecha que recoge de forma precisa la extensión territorial actual de las principales modalidades del JUEGO TRADICIONAL DE LOS BOLOS en nuestro ámbito cultural. Esperamos que os sea útil y de vuestro agrado.

Si observas algún error en tu municipio, por favor háznoslo saber.

 

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